
En un mundo donde las notificaciones no se detienen y la vida parece contarse en historias de 15 segundos, el periodista y documentalista Pirry decidió algo poco común: parar.
Lo hizo a conciencia. No hubo una crisis, ni un colapso. Pero sí una señal clara: “Sentía que el teléfono y las redes me estaban generando una ansiedad muy berraca”, confesó con total franqueza.
Pirry se internó durante varios días en una clínica de salud mental en El Retiro, Antioquia, donde se desconectó del celular, de las pantallas, y del estrés digital que nos consume sin darnos cuenta. En su lugar, optó por reconectar con lo esencial: meditó, hizo yoga, volvió al ejercicio y, sobre todo, se escuchó a sí mismo.
Aunque la decisión fue preventiva, no fue casual. Ya en 2014, el comunicador había sido diagnosticado con depresión, una experiencia que lo marcó profundamente y lo motivó a hablar sin filtros sobre salud mental, un tema aún silenciado para muchos.
“Los creadores de contenido no somos terapeutas”, dijo con claridad. “Hay que acudir a un especialista”. Con esta frase, Pirry hizo un llamado urgente a dejar de romantizar el sufrimiento y buscar ayuda profesional cuando la mente lo pide a gritos.
Su experiencia no solo fue un retiro personal, sino también un acto de coherencia con la vida que promueve: una menos acelerada, más presente y consciente. Un mensaje poderoso en tiempos donde desconectarse se ha vuelto el verdadero lujo.




