Entre fogones y recetas de abuela, la cocina nariñense se niega a desaparecer
En Nariño, una receta puede ser mucho más que una lista de ingredientes. Puede ser un recuerdo de infancia, una reunión familiar.

En Nariño, una receta puede ser mucho más que una lista de
ingredientes. Puede ser un recuerdo de infancia, una reunión familiar, una
celebración o la voz de una abuela explicando, casi de memoria, cuánto debe
cocinarse cada alimento.
En Pasto, esa memoria continúa viva alrededor de los
fogones. En las cocinas de los barrios, en los mercados, en las reuniones
familiares y en los pequeños espacios gastronómicos, los sabores tradicionales
siguen ocupando un lugar especial en la vida cotidiana de los habitantes.
La gastronomía nariñense se ha construido durante
generaciones a partir de productos propios del territorio y de conocimientos
transmitidos de una generación a otra. Preparaciones como el frito pastuso, el
lapingacho, el cuy asado, el locro de papas, la juanesca y el champús, entre
muchas otras, forman parte de una identidad culinaria que distingue a esta
región del país.
Proyecto comunitario
Para Rosa Quenoran, una de las mujeres que participa en
actividades gastronómicas comunitarias en Pasto, cocinar platos tradicionales
significa mantener abierto un vínculo con el pasado.
“Muchas de estas recetas las aprendimos de nuestras madres
y abuelas. Cuando las volvemos a preparar estamos recordando de dónde venimos y
enseñándoles a los jóvenes que nuestra comida tiene una historia”, señala.
En su cocina, las recetas no están escritas en grandes
libros. Muchas permanecen guardadas en la memoria de quienes aprendieron
observando a sus mayores.
La cantidad exacta de un ingrediente, el tiempo de cocción
o el secreto para conseguir determinado sabor son conocimientos que, en
numerosas familias, se han transmitido de manera oral.
Es precisamente esa transmisión la que permite que la
cocina tradicional sobreviva. En cada preparación hay una parte de la historia
de Nariño. Los ingredientes utilizados hablan de la riqueza agrícola de la
región, mientras que las formas de preparación reflejan costumbres construidas
a lo largo de décadas. Las montañas, los cultivos, el clima y la producción
campesina han influido directamente en los alimentos que llegan a las mesas de
las familias.
La papa, el maíz, el queso, las carnes y diferentes
productos cultivados en el departamento hacen parte de una despensa que ha
permitido construir una cocina con características propias.




