Edición Colombia
-- °CClima
USD --TRM

Inicio/Editorial

EL FENÓMENO DE 'EL NIÑO' AMENAZA A AL TERRITORIO NARIÑENSE

El desbordamiento del río Caunapí, en el sector de La Espriella, zona rural del municipio de Tumaco, que deja como saldo a más de 5.000 familias afectadas.

Por Atis Bernal Rober AlbeiroRedacción EXTRA
⏱ 3 min de lectura
EL FENÓMENO DE 'EL NIÑO' AMENAZA A AL TERRITORIO NARIÑENSE
Imagen de portada · Grupo Editorial Central

El desbordamiento del río Caunapí, en el sector de La Espriella, zona rural del municipio de Tumaco, que deja como saldo a más de 5.000 familias afectadas, debe ser mucho más que una emergencia pasajera. Tiene que convertirse en un llamado urgente de prevención para las autoridades de los 64 municipios de Nariño, porque la naturaleza acaba de enviar una nueva señal de alerta que no podemos ignorar.

Las emergencias ocasionadas por los fenómenos climáticos no siempre pueden evitarse, pero sus consecuencias sí pueden reducirse cuando existen planificación, prevención, sistemas de alerta temprana y capacidad de respuesta. Por eso, lo ocurrido en la zona rural de Tumaco debe llevar a los alcaldes, organismos de socorro y autoridades departamentales a revisar desde ahora sus planes de contingencia y sus protocolos de atención.

Nariño es un departamento de una extraordinaria diversidad geográfica. Tenemos zonas costeras, montañas, volcanes, ríos, quebradas, extensas áreas rurales y comunidades que, en muchos casos, viven en territorios especialmente vulnerables. Esa riqueza natural también representa desafíos que exigen una permanente preparación frente a inundaciones, deslizamientos, incendios forestales, sequías y otras emergencias.

La situación merece todavía mayor atención porque, de acuerdo con las autoridades meteorológicas, el país atraviesa una etapa determinante de los fenómenos climáticos que vienen afectando diferentes regiones. Las condiciones de temperatura, lluvias y sequía pueden generar escenarios extremos y cambiantes, por lo que nadie puede darse el lujo de esperar a que ocurra una tragedia para comenzar a actuar.

En Nariño debemos aprender de cada emergencia. El desbordamiento del Caunapí demuestra que las comunidades necesitan acompañamiento institucional permanente, información oportuna y mecanismos que permitan reaccionar antes de que las aguas lleguen a las viviendas, destruyan cultivos, afecten las vías o pongan en riesgo la vida de las personas.

Por eso, el llamado es para los 64 alcaldes del departamento. Es necesario que revisen sus mapas de riesgo, identifiquen los puntos críticos, mantengan activados los consejos municipales de gestión del riesgo y coordinen acciones con los organismos de socorro. También resulta fundamental garantizar que las comunidades conozcan las rutas de evacuación y sepan qué hacer ante una creciente súbita, un deslizamiento o cualquier otra emergencia.

La prevención tampoco puede quedarse exclusivamente en manos de las instituciones. Las comunidades tienen un papel fundamental. Informar oportunamente sobre crecientes, evitar construir o permanecer en zonas de alto riesgo, proteger las fuentes hídricas, atender las recomendaciones oficiales y participar en los simulacros son acciones que pueden marcar la diferencia entre una emergencia controlada y una tragedia.

El departamento ya ha enfrentado durante este año situaciones difíciles relacionadas con el clima. Los incendios forestales, las afectaciones a las actividades agrícolas y ahora las inundaciones nos recuerdan que el cambio en las condiciones ambientales exige mayor preparación y coordinación.

Nariño no puede esperar a que llegue la próxima emergencia para preguntarse si estaba preparado. El momento de actuar es ahora. Lo sucedido en La Espriella debe servir para fortalecer la prevención en Tumaco y en cada uno de los municipios del departamento.

La naturaleza está hablando y debemos escucharla. Más que lamentar los daños cuando ocurran, debemos trabajar para disminuirlos. En materia de gestión del riesgo, prevenir siempre será mucho más humano, responsable y económico que reconstruir después de una tragedia.



Más Noticias en EXTRA

Ver todo Editorial →