EL FENÓMENO DE 'EL NIÑO' AMENAZA A AL TERRITORIO NARIÑENSE
El desbordamiento del río Caunapí, en el sector de La Espriella, zona rural del municipio de Tumaco, que deja como saldo a más de 5.000 familias afectadas.

El desbordamiento del río Caunapí, en el sector de La Espriella, zona rural del municipio de Tumaco, que deja como saldo a más de 5.000 familias afectadas, debe ser mucho más que una emergencia pasajera. Tiene que convertirse en un llamado urgente de prevención para las autoridades de los 64 municipios de Nariño, porque la naturaleza acaba de enviar una nueva señal de alerta que no podemos ignorar.
Las
emergencias ocasionadas por los fenómenos climáticos no siempre pueden evitarse,
pero sus consecuencias sí pueden reducirse cuando existen planificación,
prevención, sistemas de alerta temprana y capacidad de respuesta. Por eso, lo
ocurrido en la zona rural de Tumaco debe llevar a los alcaldes, organismos de
socorro y autoridades departamentales a revisar desde ahora sus planes de
contingencia y sus protocolos de atención.
Nariño es
un departamento de una extraordinaria diversidad geográfica. Tenemos zonas
costeras, montañas, volcanes, ríos, quebradas, extensas áreas rurales y comunidades
que, en muchos casos, viven en territorios especialmente vulnerables. Esa
riqueza natural también representa desafíos que exigen una permanente
preparación frente a inundaciones, deslizamientos, incendios forestales,
sequías y otras emergencias.
La situación
merece todavía mayor atención porque, de acuerdo con las autoridades
meteorológicas, el país atraviesa una etapa determinante de los fenómenos
climáticos que vienen afectando diferentes regiones. Las condiciones de
temperatura, lluvias y sequía pueden generar escenarios extremos y cambiantes,
por lo que nadie puede darse el lujo de esperar a que ocurra una tragedia para
comenzar a actuar.
En Nariño
debemos aprender de cada emergencia. El desbordamiento del Caunapí demuestra
que las comunidades necesitan acompañamiento institucional permanente,
información oportuna y mecanismos que permitan reaccionar antes de que las
aguas lleguen a las viviendas, destruyan cultivos, afecten las vías o pongan en
riesgo la vida de las personas.
Por eso,
el llamado es para los 64 alcaldes del departamento. Es necesario que revisen
sus mapas de riesgo, identifiquen los puntos críticos, mantengan activados los
consejos municipales de gestión del riesgo y coordinen acciones con los
organismos de socorro. También resulta fundamental garantizar que las
comunidades conozcan las rutas de evacuación y sepan qué hacer ante una
creciente súbita, un deslizamiento o cualquier otra emergencia.
La
prevención tampoco puede quedarse exclusivamente en manos de las instituciones.
Las comunidades tienen un papel fundamental. Informar oportunamente sobre
crecientes, evitar construir o permanecer en zonas de alto riesgo, proteger las
fuentes hídricas, atender las recomendaciones oficiales y participar en los
simulacros son acciones que pueden marcar la diferencia entre una emergencia
controlada y una tragedia.
El
departamento ya ha enfrentado durante este año situaciones difíciles
relacionadas con el clima. Los incendios forestales, las afectaciones a las
actividades agrícolas y ahora las inundaciones nos recuerdan que el cambio en
las condiciones ambientales exige mayor preparación y coordinación.
Nariño no
puede esperar a que llegue la próxima emergencia para preguntarse si estaba
preparado. El momento de actuar es ahora. Lo sucedido en La Espriella debe
servir para fortalecer la prevención en Tumaco y en cada uno de los municipios
del departamento.
La
naturaleza está hablando y debemos escucharla. Más que lamentar los daños
cuando ocurran, debemos trabajar para disminuirlos. En materia de gestión del
riesgo, prevenir siempre será mucho más humano, responsable y económico que
reconstruir después de una tragedia.




