TUMACO, REDENCIÓN O CALVARIO. MUESTRA DIFERNTES PROBLEMÁTICAS
Ese podría ser el verdadero Escudo de las Américas: uno que no solamente enfrente a los criminales, sino que proteja a las comunidades.

Tumaco vuelve a estar en el centro de la atención nacional e internacional. Y esta vez no solamente por sus problemas de pobreza, violencia, cultivos de coca o presencia de organizaciones criminales, sino porque todo parece indicar que el puerto nariñense podría convertirse en una pieza estratégica de la nueva ofensiva continental contra el narcotráfico.
Las dos
recientes visitas de altos mandos militares de Estados Unidos a Tumaco, en un
lapso de pocas semanas, difícilmente pueden ser consideradas hechos
circunstanciales. Primero estuvo en la región el general Francis L. Donovan,
jefe del Comando Sur de Estados Unidos, y posteriormente el general Joseph
Ryan, comandante del Ejército estadounidense para el Hemisferio Occidental.
Ambos encuentros estuvieron relacionados con la cooperación militar, el
intercambio de información, el fortalecimiento de capacidades y la lucha contra
las organizaciones dedicadas al narcotráfico.
De allí
surge una pregunta inevitable: ¿podría Tumaco convertirse en uno de los
principales escenarios operativos del llamado Escudo de las Américas, la
estrategia impulsada por el presidente Donald Trump para enfrentar a los
carteles y las organizaciones criminales transnacionales?
Para
Tumaco, esto podría representar una oportunidad histórica. Durante décadas,
esta tierra privilegiada por el mar, sus ríos, su biodiversidad y la riqueza de
su gente ha cargado con el estigma de ser uno de los principales territorios de
producción y salida de cocaína hacia el Pacífico. Ahora podría tener la
posibilidad de convertirse en un territorio estratégico para combatir
precisamente ese fenómeno que tanto daño le ha causado. Pero aquí comienza la parte más difícil.
No se
puede pretender acabar con la economía de la coca simplemente mediante
operaciones militares. Detrás de cada hectárea sembrada existen familias
campesinas, cultivadores, recolectores de hoja, conocidos como raspachines,
comerciantes y numerosas personas que, ante la ausencia de oportunidades
formales, terminaron dependiendo de esa economía ilegal para sobrevivir.
Si se
quiere acabar definitivamente con el narcotráfico en Tumaco, habrá que ofrecer
alternativas reales. Trabajo, educación, infraestructura, vías, asistencia
técnica, créditos, proyectos productivos y mercados para que quienes hoy viven
de la coca puedan encontrar una manera digna de ganarse la vida.
Tumaco
también tiene una presencia histórica de poderosas organizaciones criminales y
estructuras armadas que no van a renunciar fácilmente a un negocio que mueve
enormes cantidades de dinero. Una ofensiva de grandes proporciones podría
generar una reacción violenta y convertir a esta región del Pacífico en un
nuevo escenario de confrontación. Y eso
es precisamente lo que nadie quiere.
Tumaco no
puede ser convertido simplemente en un teatro de operaciones militares. Sus
habitantes no pueden terminar pagando el precio de una guerra contra los
carteles que durante décadas han utilizado su territorio como corredor para el
tráfico de drogas.
La gran
pregunta, entonces, es si el Escudo de las Américas puede convertirse realmente
en un escudo para proteger a Tumaco y a sus habitantes, y no solamente en un
mecanismo para perseguir narcotraficantes.
La
verdadera redención de Tumaco no llegará únicamente con radares, helicópteros,
inteligencia militar o grandes operativos. Llegará cuando un joven tumaqueño
pueda escoger entre estudiar o trabajar legalmente, y no tenga que mirar hacia
la coca como única posibilidad de supervivencia.
Si
Estados Unidos y Colombia deciden convertir a esta región en un punto
estratégico de su lucha contra el narcotráfico, deberán asumir igualmente la
responsabilidad de impulsar su transformación social y económica.
Porque si
se quiere derrotar a los carteles, primero habrá que quitarles el territorio,
pero también las razones que les permiten reclutar, comprar voluntades y
mantener viva su economía criminal. Ese podría ser el verdadero Escudo de las
Américas: uno que no solamente enfrente a los criminales, sino que proteja a
las comunidades. Y entonces sí podríamos comenzar a hablar de una verdadera redención
para Tumaco.




