El Cuando la confianza pública se rompe
Las últimas noticias sobre una entidad pública de Nariño han despertado preocupación e indignación entre los ciudadanos.

Las últimas noticias sobre una entidad pública de Nariño
han despertado preocupación e indignación entre los ciudadanos. Cuando una
institución creada para administrar recursos de todos termina siendo objeto de investigaciones
por presuntas irregularidades, no solo se pone en duda el actuar de algunos
funcionarios, sino la confianza de toda una sociedad en sus instituciones.
La captura de una alta funcionaria, en el marco de una
investigación adelantada por las autoridades, ha generado múltiples
interrogantes. Corresponderá a la justicia establecer las responsabilidades
individuales y determinar si existieron conductas que afectaron el patrimonio
público. Ese proceso debe desarrollarse con independencia, transparencia y
pleno respeto por el debido proceso.
Pero el debate no puede quedarse únicamente en un nombre o
en un cargo. La verdadera preocupación es saber si existieron fallas en los
controles internos, en los mecanismos de vigilancia y en la supervisión de los
recursos que pertenecen a todos los nariñenses.
Cuando una entidad pública enfrenta una crisis de esta
magnitud, la ciudadanía espera respuestas claras y oportunas. El silencio
institucional, las explicaciones ambiguas o los pronunciamientos tardíos solo
aumentan la desconfianza y alimentan la percepción de que algo más pudo haber
fallado.
También resulta legítimo preguntar cuál fue el papel de
quienes tenían la responsabilidad política de ejercer control. Los organismos
de vigilancia, las juntas directivas cuando existan, los diputados, los
congresistas y los distintos actores políticos del departamento tienen el deber
de exigir transparencia y rendición de cuentas, sin importar el color político
o la administración de turno.
La corrupción no distingue ideologías. No es un problema
exclusivo de la derecha o de la izquierda. Cuando los recursos públicos son
objeto de un presunto manejo irregular, los únicos perjudicados son los
ciudadanos que esperan mejores servicios, más inversión y mayores oportunidades
para el desarrollo del departamento.
Nariño necesita instituciones fuertes, transparentes y
alejadas de cualquier interés particular. Las entidades públicas deben
responder a los ciudadanos y no a proyectos políticos. Su misión es administrar
con responsabilidad los recursos que provienen del esfuerzo de todos.
Hoy más que nunca, la confianza solo podrá recuperarse con
investigaciones serias, decisiones oportunas y sanciones ejemplares si la
justicia encuentra responsables. Del mismo modo, quienes resulten ajenos a
cualquier irregularidad tienen derecho a que su buen nombre sea respetado.
La ciudadanía no puede acostumbrarse a que los escándalos
sean parte de la rutina administrativa. Cada peso del presupuesto público debe
traducirse en bienestar para la comunidad y no en dudas sobre su destino.
Nariño merece instituciones que inspiren confianza y
servidores públicos que entiendan que administrar recursos públicos es un
honor, pero también una enorme responsabilidad. La transparencia no puede ser
un discurso de campaña; debe ser el principio que guíe cada decisión de quienes
tienen en sus manos el futuro del departamento.




