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COMFAMILIAR: EL FORTÍN BAJO SOSPECHA

En política, los secretos casi nunca son secretos, en Nariño se habló de la influencia de sectores ejercían sobre Comfamiliar.

Por Ana Lucia TumalRedacción EXTRA
⏱ 3 min de lectura
COMFAMILIAR: EL FORTÍN BAJO SOSPECHA
Imagen de portada · Grupo Editorial Central

En política, los secretos casi nunca son secretos. Durante años, en Nariño se habló en voz baja —y a veces no tan baja— de la influencia que distintos sectores políticos ejercían sobre Comfamiliar. Eran comentarios de pasillo, rumores persistentes y versiones que muchos repetían, pero que pocos se atrevían a denunciar públicamente.

Hoy, esas voces vuelven a cobrar fuerza. No porque exista una sentencia judicial que las confirme, sino porque las recientes capturas de directivos de la entidad, realizadas por la Fiscalía General de la Nación dentro de investigaciones por presuntos hechos de corrupción, han reabierto un debate que durante mucho tiempo permaneció sepultado bajo el silencio.

Comfamiliar nació para administrar recursos destinados al bienestar de miles de trabajadores y sus familias, no para convertirse en un escenario de disputas políticas. Sin embargo, durante años la percepción ciudadana fue que la entidad terminó demasiado cerca de los intereses del poder y demasiado lejos de los afiliados.

Ahora la justicia comenzó a hablar. Y cuando la justicia habla, el nerviosismo suele aparecer en quienes creen que un expediente puede abrir puertas que durante mucho tiempo permanecieron cerradas.

La gran pregunta no es si habrá más capturas. La verdadera pregunta es hasta dónde llegarán las investigaciones. ¿Se limitarán a quienes firmaban los documentos o también establecerán si existieron presiones, influencias o beneficios indebidos provenientes de otros actores? Esa respuesta solo podrá surgir de las pruebas y de las decisiones judiciales.

Lo que Nariño no puede aceptar es que todo termine con unos cuantos responsables mientras quienes eventualmente pudieron mover los hilos desde la sombra permanezcan intocables. Si hubo una red de intereses alrededor de una entidad que administra recursos de naturaleza social, la sociedad merece conocer toda la verdad.

Nadie puede ser condenado por anticipado. La presunción de inocencia debe respetarse sin excepción. Pero tampoco puede convertirse en excusa para impedir que las investigaciones avancen hasta sus últimas consecuencias.

Las instituciones no se debilitan cuando la justicia investiga. Se debilitan cuando el poder logra impedir que la justicia llegue hasta donde debe llegar.

Comfamiliar enfrenta hoy el momento más difícil de su historia reciente. Su prestigio está comprometido y la confianza de miles de afiliados ha sido golpeada. Recuperarla exigirá mucho más que comunicados de prensa: requerirá transparencia absoluta, colaboración con las autoridades y una profunda transformación institucional.

Porque, al final, este proceso ya dejó de ser únicamente un asunto judicial. Es un examen para la justicia, para la dirigencia política y para una sociedad cansada de escuchar siempre las mismas promesas de transparencia.

Los nariñenses no esperan escándalos. Esperan respuestas.

Y, sobre todo, esperan que esta vez la verdad no tenga padrinos.

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