A nivel internacional, el mundo cierra el 2025 bajo la sombra de la nueva administración de Donald Trump en Estados Unidos y su impacto en la geopolítica europea. Recientemente, se llevó a cabo un encuentro en Mar-a-Lago entre Trump y Volodímir Zelenski para discutir un posible plan de paz en Ucrania. Aunque ambos líderes proyectaron avances en el diálogo, la falta de un acuerdo concreto mantiene en vilo a los mercados internacionales y a la OTAN. Rusia, por su parte, continúa su ofensiva en el Donbás mientras acusa a Ucrania de ataques con drones hacia residencias oficiales, una narrativa que Zelenski niega rotundamente, manteniendo la tensión en un punto de máxima alerta diplomática.
En el continente asiático, la situación entre China y Taiwán ha escalado tras maniobras militares masivas por parte de Pekín, descritas como una «disuasión» ante influencias externas. Este movimiento se suma a una creciente institucionalización de la relación entre Rusia y China, cuyo objetivo declarado es debilitar la hegemonía occidental en el sistema financiero global. Mientras tanto, en Oriente Medio, la decisión de Israel de reconocer a Somalilandia como estado independiente ha generado una ola de críticas desde Pekín e Irán, complicando aún más el frágil equilibrio de poder en la región y añadiendo nuevas capas de complejidad a las alianzas tradicionales de la Casa Blanca.
Por último, el año 2025 será recordado por hitos que transformaron la estructura espiritual y cultural del planeta. La elección del Papa León XIV, tras el fallecimiento del Papa Francisco en abril, ha marcado el inicio de una nueva era para la Iglesia Católica en un contexto de crisis climática y conflictos globales. En el ámbito científico, el mundo aún procesa el impacto de los avances en fusión nuclear, empañados por el reciente asesinato de un científico clave en el área, lo que ha generado teorías sobre sabotaje industrial. Con Elon Musk rozando el billón de dólares en fortuna personal y una COP30 en Brasil que dejó compromisos ambientales mínimos, el 2026 se perfila como un año de retos estructurales para la sostenibilidad y la equidad global.



