Mireya Tapiero relató que sobre las 10:00 de la noche empezó la conflagración.
El estruendo de las llamas rompió la calma de la noche en la avenida Pedro Tafur, frente a la entrada del barrio Palermo. En cuestión de minutos, siete viviendas quedaron reducidas a cenizas y ocho familias se vieron obligadas a huir, dejando atrás pertenencias, recuerdos y sustento. El incendio, que comenzó sobre las 10:00 de la noche del día 23 de febrero, se propagó con rapidez por el viento y arrasó con estructuras de madera y material liviano.
Entre los relatos más desgarradores está el de Mireya Tapiero, quien narró cómo su cama comenzó a quemarse mientras intentaba despertar al niño con el que vive. El pequeño había puesto seguro en la puerta y, en medio de la desesperación, logró abrirlo para escapar. Ambos se lanzaron a la calle, envueltos en humo, con el niño apenas respirando. “Perdimos todo, pero salvamos nuestras vidas”, expresó con voz entrecortada.
Otros damnificados coincidieron en que lo único que alcanzaron a salvar fue la vida. “Yo estaba dormido. Si no es por mi esposa, me quemo ahí”, relató un hombre que salió apenas con la ropa puesta. La magnitud de la emergencia se evidenció en frases como: “No nos quedó ni cómo hacer un tinto”, reflejando la pérdida absoluta de enseres y artículos básicos.
Las familias afectadas incluyen niños en edad escolar, adultos mayores y trabajadores informales. Uniformes, cuadernos, zapatos, herramientas de trabajo y documentos personales quedaron reducidos a cenizas. Algunos menores no pudieron asistir al colegio porque todo su material académico se quemó. Además, pequeños negocios informales de venta de tintos y artículos básicos desaparecieron entre el fuego, dejando a varias personas sin sustento.
Las necesidades más urgentes son alimentos, agua, ropa en buen estado, zapatos, cobijas, colchonetas, pañales, útiles escolares y apoyo para recuperar documentos de identidad. Vecinos del sector han comenzado a organizar cadenas de ayuda, pero insisten en que la solidaridad ciudadana es fundamental para brindar una respuesta rápida.
La Oficina de Gestión del Riesgo adelanta la caracterización oficial para determinar el total de pérdidas y definir las ayudas institucionales. Se espera que la Administración Municipal entregue subsidios de arrendamiento temporal, kits humanitarios y acompañamiento social. Mientras tanto, las familias permanecen en el lugar, rodeadas de escombros y estructuras calcinadas, esperando el respaldo de una ciudad que históricamente ha demostrado unión en los momentos más difíciles.
Hoy, ocho familias claman ayuda urgente y buscan reconstruir sus vidas desde cero, con la esperanza de que la solidaridad ibaguereña se convierta en su salvación inmediata.



