El veinte de julio marcó el inicio de una nueva legislatura en Colombia. Mientras el país asume los retos del nuevo gobierno del presidente Abelardo de la Espriella, el Congreso renueva sus bancadas. Desde Nariño observamos con esperanza este relevo. La pregunta es contundente: ¿logrará nuestra región articular un verdadero proyecto de nación?
Nariño cuenta con doce congresistas. La mayoría estará en la bancada de oposición al nuevo gobierno, mientras que unos pocos harán parte del oficialismo. Esta dinámica no puede ser una traba. Los opositores deben ejercer un control político riguroso sin abandonar las necesidades del territorio, y los oficialistas deben garantizar que los acuerdos regionales se cumplan. Los doce deben unirse en una sola voz para defender el presupuesto y las obras. La política no puede ser un cheque en blanco ni un obstáculo ciego.
El primer gran reto es la seguridad. En nuestro departamento, la tranquilidad no se logra solo con fuerza pública, sino con inversión social. La articulación con el gobierno de De la Espriella es vital. Los congresistas, sin importar su bancada, deben exigir que los recursos nacionales lleguen a los municipios para generar legalidad. Sin oportunidades reales para nuestra juventud, cualquier estrategia de seguridad fracasará en el suroccidente.
En segundo lugar, la infraestructura y el desarrollo regional siguen siendo deudas históricas. No podemos depender de vías destapadas que aíslan a nuestros campesinos. La articulación entre senadores y representantes es clave para destrabar proyectos que conecten a Nariño con el Pacífico. La inversión en conectividad y vías terciarias requiere voluntad política del nuevo gobierno para ejecutar obras que llevan décadas en el papel. Los doce congresistas deben liderar esta exigencia.
Además, la inversión pública debe ser equitativa. Históricamente, Bogotá legisla y el territorio sufre. El nuevo periodo legislativo exige un cambio de mentalidad. Los representantes de las regiones no deben ser simples votantes de los proyectos del gobierno de De la Espriella, sino garantes de los acuerdos territoriales. Deben defender los recursos para el Pacífico y la Amazonía, recordando que su curul es un mandato de los territorios olvidados.
Finalmente, el desarrollo regional requiere una oposición constructiva y una mayoría responsable. Los congresistas nariñenses tienen el deber ineludible de dejar de lado las agendas personales. Deben tejer una verdadera articulación territorial con el ejecutivo nacional. Necesitamos líderes que entiendan que la política sirve para transformar vidas.
El pueblo exige acciones concretas que demuestren un verdadero compromiso con el desarrollo integral de nuestras comunidades rurales y urbanas. Nariño no puede seguir esperando más. Es hora de trabajar por nuestra tierra. El futuro nos exige hoy.
Por: Javier Recalde Martínez.



