EL ZOOLÓGICO DE LA POLÍTICA

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Por Mauricio Fernando Muñoz Mazuera

¿Cómo así que ahora que termina el gobierno del presidente Gustavo Petro, el mismo que ubicó a varios coterráneos en cargos importantes del orden nacional, nos enteramos de que algunos de ellos torpedearon acciones y procesos fundamentales para nuestro departamento? ¿Cómo así que ahora sabemos que cierto “político”, que ha liderado la Alcaldía de Pasto y la Gobernación de Nariño, con sus rapaces “chicas águila” habría obstaculizado proyectos importantes para nuestra ciudad y nuestro departamento con tal de impedir que el alcalde o el gobernador de turno obtuvieran el reconocimiento por su gestión? ¿Cómo así que el interés personal y la mezquindad política pueden estar por encima del bienestar colectivo?

¿Cómo así que algunos políticos de nuestro departamento que fungieron como viceministros utilizaron esos cargos para su propio beneficio y luego buscaron ser elegidos como congresistas, para después cambiarse de bando y terminar arrodillados ante los mismos de siempre? ¿Cómo así que quienes se presentaban como los grandes alternativos fueron los primeros en abandonar el barco cuando el navío del Pacto Histórico comenzó a hacer agua? Como las ratas cuando el barco se hunde, salieron corriendo a buscar otro lugar donde acomodarse. Y ahora, sin que todavía se posesione el nuevo presidente de Colombia, ya están buscando que el próximo mandatario los mire con beneplácito, con la esperanza de conservar sus privilegios y garantizar el continuismo de esas mismas prácticas que tanto daño le han hecho a nuestra región.

¿Cómo así que todavía no termina un gobierno y ya están repartiendo alcaldías, gobernaciones y ministerios? ¿Cómo así que la politiquería vuelve a moverse con la obscenidad de siempre, esa en la que los ciudadanos son simples números dentro de una ecuación diseñada para beneficiar a unos cuantos? ¿Cómo así que quienes antes se presentaban como defensores de las causas alternativas ahora defienden a ultranza el empequeñecimiento del Estado, la privatización y las mismas recetas que durante años criticaron?

Y, por supuesto, ahí están las mismas de siempre. Viajando a Bogotá, tocando puertas, buscando ser tenidas en cuenta en alguna cartera ministerial, apareciendo después en cuanta fotografía oficial se les atraviese, como si la política fuera una pasarela de oportunidades personales y no un ejercicio de servicio público.

Este es el zoológico de nuestra política: camaleones que cambian de color según el gobierno de turno; ratas que abandonan el barco cuando se hunde; aves de rapiña que sobrevuelan el poder esperando su oportunidad; y animales de costumbre que regresan una y otra vez al mismo lugar para devorar los recursos y las oportunidades de todos. Lo más grave es que pretenden que los ciudadanos sigamos observando en silencio. Que olvidemos. Que aceptemos. Que entendamos la política como un juego de traiciones, favores, cuotas y conveniencias.

Pero algún día tendremos que desterrar estas prácticas viejas, insolentes y profundamente dañinas de hacer política. Porque Nariño no puede seguir siendo el escenario de las ambiciones personales de quienes cambian de discurso, de partido y de jefe, pero nunca cambian sus prácticas.La política no puede seguir siendo un zoológico. Y los ciudadanos no podemos continuar siendo el alimento de sus depredadores.


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