CAMPESINOS EN QUIEBRA

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Eduard Avilés denuncia que el campo vende barato mientras la ciudad paga caro.

Los campesinos del sur del Tolima levantan la voz ante lo que consideran un abuso persistente en la cadena de comercialización de alimentos. Desde Planadas, productores aseguran que el esfuerzo de criar animales y cultivar la tierra no se ve reflejado en ingresos dignos, mientras en las ciudades los precios continúan en aumento. La denuncia apunta directamente a la intermediación, un eslabón que, según ellos, se queda con la mayor ganancia y deja al productor en una situación crítica.

Eduard Avilés, con años de trabajo en el campo, relata que la situación ha empeorado. Explica que los costos de producción no disminuyen y, por el contrario, se encarecen por factores como los insumos, el transporte y la mano de obra. Aun así, los precios que reciben por sus productos caen sin explicación clara, generando pérdidas y desmotivación entre las familias campesinas.

Uno de los casos más sensibles es el de la carne de cerdo. Avilés señala que hace poco tiempo la arroba se pagaba a un valor que permitía cubrir gastos y obtener una ganancia mínima. Hoy, el precio ha caído de forma drástica, al punto de no compensar la inversión realizada durante meses de crianza. Para los campesinos, este descenso no se ve reflejado en el precio final al consumidor urbano.

El productor cuestiona además la falta de vigilancia sobre los sistemas de pesaje y las condiciones de compra. Asegura que en muchos casos no hay claridad sobre cuánto se está pagando realmente por el animal, mientras que en las plazas y supermercados el valor se multiplica.

Avilés aclara que la denuncia no busca atacar al comercio formal, sino exigir reglas justas. “Somos quienes producimos los alimentos que llegan a la ciudad y aun así somos los más afectados”, afirma. Según su testimonio, la ausencia de controles efectivos permite que algunos intermediarios impongan precios sin considerar el esfuerzo del productor.

La preocupación va más allá del presente. De mantenerse estas condiciones, muchos campesinos podrían abandonar la producción por falta de rentabilidad. Esto no solo impactaría a las familias rurales, sino que pondría en riesgo el abastecimiento de alimentos y la estabilidad económica regional.

El llamado final es a las autoridades departamentales para que intervengan con medidas concretas. Los campesinos piden control sobre la intermediación, transparencia en la fijación de precios y políticas que protejan al sector agropecuario. En un territorio donde el campo es pilar de la economía, advierten que ignorar esta problemática podría tener consecuencias graves.


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