TERROR ASECHA LAS CALLES

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La creciente ola de inseguridad en Timbío volvió a encender las alarmas ciudadanas y el debate político local. El asesinato de un joven trabajador de 20 años, ocurrido recientemente en la vía hacia el sector Las Huacas, se convirtió en el detonante de un reclamo colectivo que viene acumulándose desde hace meses: la falta de control territorial, la débil presencia policial y la ausencia de una estrategia efectiva para frenar el delito.

Más allá del hecho puntual, habitantes, comerciantes y líderes sociales coinciden en que el municipio atraviesa una crisis de seguridad que ha sido desatendida por la administración municipal. Robos, atracos y hechos violentos se han vuelto frecuentes, especialmente en horas de la noche, mientras muchos sectores permanecen sin patrullajes constantes ni acompañamiento institucional.

Desprotección sin control

La percepción de abandono es generalizada. Ciudadanos aseguran que caminar por las calles de Timbío se ha convertido en un riesgo permanente, y cuestionan que las acciones oficiales se limiten a pronunciamientos posteriores a los hechos, sin resultados visibles en prevención o judicialización.

Líderes comunitarios advierten que no existen planes claros de seguridad, ni operativos sostenidos que permitan recuperar la confianza ciudadana. A esto se suma la falta de iluminación en varios sectores, la escasa articulación con la Policía y la inexistencia de estrategias para proteger a trabajadores y jóvenes que se movilizan a diario por el municipio.

Para muchos, la inseguridad dejó de ser un problema aislado y pasó a ser una amenaza estructural que afecta la economía local, el comercio y la vida cotidiana de las familias.

Crece la presión política

El foco de las críticas apunta directamente a la administración municipal, en cabeza del alcalde Alejandro Muñoz, a quien sectores ciudadanos señalan por la falta de liderazgo frente a la crisis. Exigen decisiones inmediatas, mayor gestión ante el Gobierno Nacional y un verdadero compromiso con la seguridad.

Habitantes recuerdan que, en administraciones anteriores, la presencia policial era más constante y los patrullajes permanentes, lo que reducía la sensación de miedo. Hoy, afirman, la autoridad parece ausente mientras los delincuentes actúan con libertad.


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