La transformación digital de los grandes puertos europeos no solo está relacionada con barcos autónomos, logística o gestión de mercancías. También está llegando al control ambiental. Un ejemplo es el puerto de Róterdam, en Países Bajos, donde una extensa red de sensores permite vigilar de manera continua los cambios en la composición del aire y detectar posibles emisiones procedentes de las actividades industriales y marítimas.
Sin embargo, hay una precisión importante sobre esta noticia: no se trata de una red que haya sido puesta en funcionamiento por primera vez en 2026. El sistema conocido como we-nose, basado en las llamadas e-noses o «narices electrónicas», comenzó a implementarse hace más de una década y posteriormente fue ampliándose y desarrollándose tecnológicamente. En 2023, la propia Autoridad Portuaria de Róterdam informó que la red contaba con más de 250 dispositivos instalados en el área portuaria.
La evolución del sistema permite entender mejor por qué Róterdam es considerado uno de los principales ejemplos de digitalización aplicada a la gestión portuaria y ambiental.
Una red de sensores distribuida por el puerto
El funcionamiento de la red se basa en sensores capaces de identificar cambios en la composición del aire. Estos dispositivos no funcionan exactamente como una estación convencional que proporciona una concentración absoluta de cada contaminante. Su principal utilidad consiste en detectar variaciones y patrones que puedan indicar que se está produciendo una emisión anormal.
La Autoridad Portuaria explica que las e-noses combinan diferentes sensores y transmiten la información de forma inalámbrica hacia un servidor central. Allí los datos pueden ser analizados para identificar cambios en las condiciones del aire.
La red se ha desplegado en diferentes puntos del complejo portuario, una característica especialmente importante en un territorio industrial de grandes dimensiones. El puerto de Róterdam concentra terminales de contenedores, instalaciones químicas, refinerías, depósitos, buques y otras actividades industriales que pueden influir en la calidad del aire.
En 2023, el puerto señaló que contaba con más de 250 e-noses, mientras que algunas empresas también habían instalado aproximadamente un centenar adicional de dispositivos dentro de sus propias instalaciones.
¿Qué detectan las «narices electrónicas»?
El concepto de una «nariz electrónica» puede resultar llamativo, pero no significa que el dispositivo reproduzca literalmente el sentido del olfato humano.
Se trata de una combinación de sensores que responde a modificaciones en la composición del aire. Cuando se detecta un cambio significativo, los datos son enviados al sistema central para que puedan ser analizados.
Una de las aplicaciones principales es la detección temprana de emisiones que pueden generar malos olores. Esto resulta particularmente relevante en una zona donde existen numerosas actividades industriales.
El sistema también puede contribuir a identificar posibles liberaciones accidentales de sustancias peligrosas. La información obtenida por los sensores puede servir como elemento adicional para que las autoridades investiguen qué está ocurriendo y determinen el origen de una alteración.
La propia Autoridad Portuaria señala que la red permite detectar cambios en el aire y facilita una respuesta más rápida de las empresas, las autoridades municipales y los organismos ambientales.
Detrás de los sensores hay una infraestructura de datos
Uno de los elementos más importantes del sistema no está necesariamente en los sensores físicos, sino en la infraestructura informática que recibe y procesa la información.
Las e-noses transmiten los datos de manera inalámbrica hacia un sistema central. Esta información puede ser visualizada por los participantes de la red y por el centro de control de la DCMR Environmental Protection Agency Rijnmond, el organismo encargado de diferentes tareas de vigilancia ambiental en la región.
Esto permite pasar de un modelo basado únicamente en inspecciones puntuales a otro en el que existen datos procedentes de numerosos puntos de medición.
Por ejemplo, si varios sensores registran cambios similares en diferentes lugares, los responsables pueden analizar la información para determinar si existe una fuente común y estudiar cómo se está desplazando la emisión.
La evolución tecnológica incluso ha permitido trabajar en sistemas capaces de reconocer automáticamente determinadas fuentes o patrones de emisión. Comon Invent, empresa relacionada con la tecnología de las e-noses, explicó que se han estudiado mecanismos de reconocimiento automático de fuentes y patrones asociados a determinadas actividades.
El papel de la DCMR
La tecnología no funciona de manera aislada. Uno de los actores fundamentales es la DCMR, la agencia de protección ambiental de la región de Rijnmond.
De acuerdo con la Autoridad Portuaria, el centro de control de DCMR recibe información procedente de las e-noses. Cuando se identifica un cambio en la composición del aire, se investiga la posible causa y, dependiendo de la situación, se pueden adoptar medidas para reducir el problema o informar a las autoridades correspondientes.
Esta colaboración es importante porque un sensor por sí mismo únicamente proporciona información. La utilidad ambiental aparece cuando esos datos se integran con otros elementos: conocimiento del territorio, condiciones meteorológicas, actividad industrial, navegación y procedimientos de emergencia.
No debe confundirse con las estaciones tradicionales de calidad del aire
Uno de los puntos más importantes para comprender el sistema de Róterdam es diferenciar entre las e-noses y las estaciones convencionales de medición de calidad del aire.
La propia Autoridad Portuaria explica que existen dos redes complementarias. Por una parte, están las e-noses, que se utilizan principalmente para detectar cambios en la composición del aire en numerosos puntos. Por otra, existe una red de monitoreo de calidad del aire que realiza mediciones absolutas de determinados contaminantes en estaciones específicas.
Esta diferencia es fundamental.
Una e-nose puede detectar que la composición del aire está cambiando y ayudar a encontrar el origen de una emisión, mientras que una estación convencional puede proporcionar mediciones cuantitativas de determinados contaminantes.
Por eso, ambas tecnologías pueden utilizarse conjuntamente.
¿Qué contaminantes preocupan en la zona de Róterdam?
La calidad del aire es un asunto especialmente relevante para el área de Róterdam debido a la combinación de actividades urbanas, industriales y marítimas.
El informe anual de la Autoridad Portuaria señala que, en el entorno del puerto y el estuario del Rin, entre los contaminantes relevantes se encuentran el dióxido de nitrógeno (NO₂) y las partículas PM10 y PM2.5. El mismo informe indica que la calidad del aire en el área del estuario del Rin ha mejorado considerablemente durante las últimas décadas y que se cumplen los estándares legales aplicables.
Eso no significa que la vigilancia haya dejado de ser necesaria.
El puerto continúa siendo una zona con una enorme concentración de transporte e industria. Además, diferentes fuentes pueden contribuir simultáneamente a la contaminación atmosférica, lo que hace especialmente importante conocer de dónde proceden las emisiones.
El transporte marítimo es una parte importante del problema
El monitoreo también permite estudiar el impacto de los barcos sobre la calidad del aire.
En septiembre de 2024, la organización de investigación neerlandesa TNO inició una campaña de medición en el área de Róterdam para estudiar específicamente las emisiones relacionadas con el transporte marítimo. Según TNO, sus investigaciones indicaban que el transporte marítimo representaba más del 50 % de las emisiones de partículas ultrafinas en la región de Rijnmond.
La investigación utilizó diferentes instrumentos para analizar las emisiones y estudiar cómo se dispersan en el entorno.
TNO también destacó una dificultad importante: la composición de las partículas puede cambiar mientras se desplazan desde su fuente, por lo que identificar exactamente de dónde procede una determinada contaminación puede ser complejo.
Esto ayuda a explicar por qué las redes de sensores distribuidos pueden ser útiles: permiten obtener información desde diferentes puntos y combinarla con otros datos ambientales.
Una pieza del puerto inteligente
El monitoreo ambiental forma parte de una estrategia tecnológica mucho más amplia.
La Autoridad Portuaria de Róterdam puso en funcionamiento una plataforma de Internet de las Cosas (IoT) que permite recopilar y procesar información procedente de sensores distribuidos por el puerto. La infraestructura está diseñada para manejar información en tiempo real relacionada con aspectos como infraestructura, agua y aire.
La idea es que diferentes fuentes de información puedan integrarse en una misma infraestructura digital.
Esto puede incluir sensores ambientales, información meteorológica, datos sobre infraestructura portuaria y otros sistemas utilizados para administrar las operaciones.
El objetivo a largo plazo está relacionado con la creación de una especie de gemelo digital del puerto, es decir, una representación digital de su entorno físico que permita analizar lo que ocurre en el mundo real mediante datos.
Del dato a la respuesta
La importancia de la automatización no consiste únicamente en tener más sensores.
El verdadero valor aparece cuando los datos pueden convertirse rápidamente en información útil para tomar medidas.
Por ejemplo, ante un cambio detectado en la composición del aire, el sistema puede ayudar a responder preguntas como:
- ¿En qué zona comenzó el cambio?
- ¿Qué sensores están registrando la alteración?
- ¿Existe una actividad industrial o marítima que pueda estar relacionada?
- ¿Hacia dónde se está desplazando la emisión?
- ¿Las condiciones meteorológicas favorecen su dispersión?
- ¿Es necesario investigar una instalación determinada?
- ¿Existe riesgo de afectación para trabajadores o población cercana?
En 2023, la Autoridad Portuaria explicó que la evolución de la tecnología había permitido mejorar considerablemente la capacidad para localizar fuentes de malos olores. Mientras inicialmente podía identificarse principalmente un área sospechosa, posteriormente el sistema podía ayudar a localizar fuentes más concretas, como un tanque o una válvula. También se había avanzado en la predicción del desplazamiento de una pluma de olor en función de las condiciones meteorológicas.
Un sistema que también sirve para emergencias
La función de la red no se limita a las molestias por malos olores.
El puerto señala que las e-noses pueden utilizarse como apoyo en situaciones en las que se produzca una liberación de sustancias peligrosas. La información obtenida puede ser utilizada por los servicios de emergencia para comprender mejor qué está ocurriendo en el área afectada.
Incluso algunas embarcaciones de patrulla del puerto cuentan con e-noses, lo que amplía las posibilidades de recopilar información mientras se desplazan por el complejo portuario.
En una infraestructura de las dimensiones de Róterdam, contar con información distribuida puede ser especialmente relevante para responder ante incidentes que no necesariamente ocurren cerca de una estación fija.
La calidad del aire también se puede consultar públicamente
El sistema de vigilancia ambiental forma parte de un ecosistema más amplio de información ambiental disponible para la región.
La Autoridad Portuaria señala que existe una red de monitoreo de calidad del aire cuyos datos pueden consultarse en línea, con mediciones absolutas de determinadas sustancias en diferentes ubicaciones. Estos sistemas son monitorizados por DCMR.
Además, el Ayuntamiento de Róterdam explica que la calidad del aire de la ciudad se evalúa mediante mediciones realizadas por organismos como DCMR y RIVM, complementadas con modelos de cálculo que permiten estudiar las diferencias locales en las concentraciones y la contribución de distintas fuentes de emisiones.
Esto permite combinar mediciones directas, sensores distribuidos y modelos matemáticos para obtener una imagen más completa de la situación ambiental.
¿Por qué es importante este modelo?
El caso de Róterdam muestra cómo la tecnología puede cambiar la manera en que una infraestructura industrial controla su impacto ambiental.
Tradicionalmente, la vigilancia podía depender en mayor medida de inspecciones, denuncias o mediciones realizadas en puntos concretos. Una red automatizada permite generar información de manera continua y desde múltiples ubicaciones.
Esto no significa que los sensores sustituyan a las estaciones convencionales, a las inspecciones o al trabajo de las autoridades. Más bien, funcionan como una capa adicional de información que puede ayudar a detectar cambios rápidamente y orientar investigaciones posteriores.
También permite que las empresas participantes tengan mayor conocimiento de lo que ocurre alrededor de sus instalaciones y puedan reaccionar ante determinadas alteraciones.
Un proyecto que continúa evolucionando
Aunque la descripción de la red como un sistema «puesto en marcha» puede dar la impresión de que se trata de una infraestructura completamente nueva, los antecedentes muestran que el proyecto tiene más de diez años de desarrollo.
En 2013 se informó sobre la puesta en funcionamiento inicial del sistema We-nose, que en aquel momento contaba con alrededor de 90 dispositivos y tenía previsto crecer hasta aproximadamente 300.
Una década después, en diciembre de 2023, la Autoridad Portuaria informó que ya se habían instalado más de 250 e-noses en el área portuaria y que el número de empresas participantes había llegado aproximadamente a 20.
Por tanto, más que hablar de un lanzamiento reciente, es más preciso hablar de la evolución y consolidación de una red automatizada de monitoreo ambiental que Róterdam lleva años desarrollando.
Una tendencia que va más allá de Róterdam
El modelo de Róterdam forma parte de una tendencia internacional hacia la digitalización de las infraestructuras portuarias.
Los puertos concentran múltiples fuentes potenciales de contaminación y, al mismo tiempo, necesitan mantener operaciones eficientes y seguras. Esto ha impulsado el uso de sensores, Internet de las Cosas, análisis de datos y modelos de predicción.
Investigaciones académicas sobre monitoreo ambiental en puertos han señalado precisamente el crecimiento de sistemas basados en grandes volúmenes de datos, sensores e Internet de las Cosas para vigilar diferentes componentes ambientales.
En Róterdam, esta estrategia se conecta con una infraestructura digital que ya procesa información en tiempo real de diferentes áreas del puerto.
Tecnología, industria y medio ambiente
La experiencia de Róterdam refleja un cambio importante en la gestión de grandes zonas industriales: el medio ambiente empieza a ser monitorizado como un sistema de datos en tiempo real.
Las e-noses permiten detectar cambios en el aire; las estaciones convencionales proporcionan mediciones cuantitativas; los modelos meteorológicos ayudan a comprender la dispersión de las emisiones; y las plataformas digitales permiten integrar toda esa información.
El resultado no es simplemente una colección de sensores, sino una infraestructura destinada a proporcionar una visión más rápida y distribuida de lo que sucede en el entorno.
En un puerto donde conviven transporte marítimo, industria química, almacenamiento de combustibles, terminales de carga y zonas urbanas cercanas, disponer de información ambiental actualizada puede ser especialmente relevante para investigar emisiones, reducir molestias, apoyar la respuesta ante incidentes y estudiar las fuentes que afectan a la calidad del aire.
La experiencia de Róterdam demuestra, además, que este tipo de tecnología no aparece de un día para otro. La red actual es el resultado de años de instalación de sensores, colaboración entre empresas y organismos públicos, desarrollo de software y utilización progresiva de análisis de datos.



