El Departamento de Defensa de Estados Unidos atraviesa una etapa de cambios internos que está modificando distintos aspectos relacionados con el reclutamiento, la preparación física, los estándares de ingreso y el perfil que Washington busca para sus Fuerzas Armadas.
Aunque no se trata de una única reforma denominada oficialmente como un “nuevo sistema de reclutamiento”, el Pentágono y las distintas ramas militares han puesto en marcha durante 2025 y 2026 una serie de modificaciones que afectan la manera en que se evalúa a los militares, las condiciones físicas exigidas, los procesos de preparación de nuevos integrantes y algunos de los criterios utilizados para determinar quién puede incorporarse al servicio.
El objetivo declarado por la administración de Donald Trump y el secretario de Defensa, Pete Hegseth, es recuperar estándares considerados más estrictos, mejorar la preparación para el combate y construir una fuerza que pueda responder a las exigencias de los conflictos actuales.
La transformación se produce además después de varios años en los que las Fuerzas Armadas estadounidenses enfrentaron dificultades para alcanzar sus objetivos de reclutamiento. El problema ha obligado al Departamento de Defensa a buscar nuevas formas de ampliar el número de candidatos sin abandonar los requisitos considerados esenciales para el servicio militar.
Una revisión que comenzó con los estándares físicos
Uno de los principales componentes de esta transformación está relacionado con la condición física de los integrantes de las Fuerzas Armadas.
En marzo de 2025, Hegseth ordenó una revisión de alcance general sobre los estándares militares relacionados con la condición física, la composición corporal y la presentación personal. El Departamento de Defensa pidió a las distintas ramas revisar sus requisitos y analizar cómo habían evolucionado durante la década anterior.
La revisión también incluyó una instrucción particularmente importante para los puestos de combate: desarrollar estándares físicos orientados a las exigencias reales de cada ocupación y que fueran iguales para hombres y mujeres en aquellas funciones donde las necesidades operativas fueran las mismas.
La lógica detrás de esta modificación es que el requisito físico debería responder al trabajo que un militar tendrá que realizar en combate, en lugar de depender exclusivamente del sexo de la persona que ocupa el puesto.
Esto forma parte de una visión más amplia promovida por Hegseth, quien ha situado conceptos como preparación para el combate, rendimiento, disciplina y capacidad operacional en el centro de sus reformas.
El Ejército cambió la forma de medir la composición corporal
Uno de los cambios más concretos se produjo en el Ejército de Estados Unidos.
En julio de 2026, la institución anunció la sustitución de sus tradicionales tablas de peso y estatura y de determinadas mediciones mediante cinta por un sistema basado en la relación entre cintura y estatura, conocida como WHtR, por sus siglas en inglés.
Con el nuevo sistema, la cintura se mide a la altura del ombligo y el resultado se divide por la estatura. El límite establecido para cumplir el estándar es una relación inferior a 0,55.
La evaluación debe realizarse dos veces por año. Si un soldado alcanza o supera 0,55, se realiza una segunda comprobación para confirmar el resultado antes de iniciar las medidas correspondientes dentro del programa de composición corporal.
El Ejército sostiene que el cambio pretende reducir errores y utilizar una medición más sencilla y respaldada por criterios médicos para identificar posibles riesgos relacionados con la composición corporal.
La modificación también refleja una evolución respecto a los sistemas tradicionales, que durante décadas se apoyaron en tablas de peso y estatura y posteriormente en mediciones corporales para estimar el porcentaje de grasa.
Más importancia a la preparación para el combate
Las reformas no se limitan a la apariencia física.
El Ejército también ha cambiado su sistema de evaluación del rendimiento físico. El Army Fitness Test, conocido como AFT, reemplazó al anterior Army Combat Fitness Test como prueba oficial de condición física desde junio de 2025.
Además, se establecieron criterios específicos para determinadas especialidades de combate.
Para las ocupaciones consideradas directamente relacionadas con el combate, el Ejército implementó estándares de rendimiento diferenciados de los aplicados a otras funciones. La intención es que los soldados que desempeñan trabajos con mayores exigencias físicas sean evaluados de acuerdo con las capacidades necesarias para esas misiones.
El sistema también incorpora una prueba de campo de combate para determinadas especialidades. El propósito es evaluar capacidades más relacionadas con las tareas que los soldados podrían enfrentar durante operaciones reales.
Los cambios forman parte de una tendencia más amplia dentro del Departamento de Defensa: trasladar el énfasis desde determinados indicadores administrativos hacia pruebas que, según las autoridades militares, permitan evaluar mejor la preparación operacional.
El reclutamiento sigue siendo un desafío para Estados Unidos
Detrás de muchas de estas modificaciones existe un problema que el Pentágono lleva varios años intentando resolver: la dificultad para atraer suficientes jóvenes que cumplan los requisitos necesarios para incorporarse a las Fuerzas Armadas.
Un informe del Servicio de Investigación del Congreso publicado en enero de 2026 señaló que los estándares de acceso al servicio abarcan factores como edad, ciudadanía, educación, condiciones médicas, antecedentes, aptitud física y resultados de las pruebas de aptitud militar.
El mismo análisis señala que una proporción relativamente pequeña de los jóvenes estadounidenses cumple todos los requisitos para incorporarse directamente al servicio.
De acuerdo con una estimación del Departamento de Defensa citada por el Congreso, aproximadamente el 23 % de los jóvenes estadounidenses entre 17 y 25 años constituía la población considerada disponible y calificada para el servicio bajo los estándares existentes. El resto podía quedar excluido por distintas razones.
Esto genera un dilema para las Fuerzas Armadas: necesitan mantener una fuerza preparada y con estándares elevados, pero al mismo tiempo deben disponer de una cantidad suficiente de candidatos para cumplir sus objetivos de personal.
Los cursos preparatorios buscan ampliar el grupo de candidatos
Una de las respuestas a este problema ha sido la utilización de programas preparatorios para candidatos que inicialmente no cumplen determinados requisitos.
El Ejército y la Armada han desarrollado los llamados Future Servicemember Preparatory Courses, programas que permiten a algunos candidatos mejorar sus condiciones físicas o sus resultados académicos antes de incorporarse formalmente al servicio.
La idea es evitar que una persona que tiene potencial para desempeñarse satisfactoriamente en las Fuerzas Armadas quede excluida únicamente porque necesita mejorar determinados aspectos antes de comenzar su formación militar.
En el caso del Ejército, estos programas incluyen componentes destinados a mejorar la condición física y otros relacionados con el rendimiento académico y las pruebas de aptitud.
Sin embargo, esta estrategia también ha generado controles y cuestionamientos internos.
Una investigación de la Oficina del Inspector General del Departamento de Defensa publicada en 2025 encontró problemas en la forma en que el Ejército y la Armada estaban contabilizando determinados participantes de estos programas para sus estadísticas de reclutamiento. El organismo recomendó aclarar las reglas utilizadas para calcular los resultados.
El debate demuestra que la expansión del número de candidatos no consiste simplemente en reducir requisitos, sino también en determinar hasta qué punto puede prepararse a una persona antes de que sea considerada plenamente apta para el servicio.
También se están revisando los estándares médicos
Otra parte importante de las reformas está relacionada con los criterios médicos utilizados durante el proceso de incorporación.
La legislación estadounidense aprobada a finales de 2025 estableció un nuevo marco para los estándares médicos de acceso a las Fuerzas Armadas. La norma dispone que el secretario de Defensa debe establecer estándares médicos uniformes y hacerlos comprensibles para las personas que solicitan ingresar al servicio.
La legislación también establece un proceso para revisar las descalificaciones médicas y conceder determinadas exenciones cuando corresponda.
Las decisiones deben considerar tanto la información médica disponible como las necesidades operacionales de cada rama militar. Además, el proceso debe contemplar circunstancias en las que una excepción pueda responder a intereses de seguridad nacional.
El cambio busca proporcionar mayor claridad en un proceso que puede resultar complejo para los aspirantes y, al mismo tiempo, permitir que las Fuerzas Armadas evalúen los casos individuales de manera más estructurada.
Los requisitos de ingreso siguen siendo amplios
Pese a las reformas, Estados Unidos no ha eliminado los principales filtros para ingresar a sus Fuerzas Armadas.
Las normas actuales contemplan requisitos relacionados con edad, ciudadanía o residencia legal, educación, aptitud, condición médica, antecedentes y capacidad física. Además, cada rama puede establecer requisitos adicionales según las funciones que desempeñará el personal.
Todos los aspirantes que buscan incorporarse deben realizar la prueba ASVAB, utilizada para determinar sus capacidades y ayudar a establecer qué especialidades militares pueden desempeñar.
Por tanto, la transformación del sistema no significa que Estados Unidos esté abriendo indiscriminadamente las puertas de sus Fuerzas Armadas. En realidad, busca modificar la forma en que se determina quién puede ingresar y cómo se prepara a quienes inicialmente no alcanzan determinados requisitos.
El perfil del militar que busca el Pentágono
Las reformas también están vinculadas con una discusión más amplia sobre el tipo de fuerza que Estados Unidos quiere construir.
La administración Trump y el secretario Hegseth han insistido en conceptos como “letalidad”, preparación, rendimiento y mérito como elementos centrales de la política de defensa.
En su discurso ante los altos mandos militares en septiembre de 2025, Hegseth anunció una serie de directivas relacionadas con las pruebas físicas, la formación, las normas de presentación personal, los entrenamientos obligatorios y otros aspectos de la cultura militar.
Entre las medidas anunciadas estuvo la realización de dos pruebas físicas anuales para los integrantes del componente activo, además de requisitos específicos para quienes trabajan en ocupaciones de combate.
También se ordenaron cambios relacionados con el arreglo personal y se inició una revisión de determinadas políticas internas sobre acoso, disciplina y liderazgo.
De esta manera, el concepto de “perfil” de las Fuerzas Armadas no se limita a la persona que intenta ingresar. También incluye las características físicas, profesionales y de preparación que se esperan de quienes ya forman parte de la institución.
El objetivo es construir una fuerza más preparada
Desde la perspectiva del Departamento de Defensa, los cambios responden a una transformación del entorno militar internacional.
Las guerras recientes han demostrado la importancia de contar con tropas capaces de operar en condiciones físicas exigentes y de adaptarse rápidamente a nuevas tecnologías y formas de combate.
El propio Departamento de Defensa ha establecido como prioridades la preparación, la capacidad de combate y la disponibilidad de personal con las habilidades necesarias para enfrentar las amenazas actuales.
Por ello, las modificaciones en reclutamiento, preparación física, composición corporal y capacitación forman parte de una estrategia más amplia.
El propósito es que el personal que llegue a las Fuerzas Armadas no solamente cumpla con los requisitos mínimos de ingreso, sino que pueda desempeñar eficazmente las funciones para las cuales fue seleccionado.
Una reforma que todavía está en desarrollo
Es importante señalar que no todas las modificaciones forman parte de una única norma ni se aplican simultáneamente a las seis ramas de las Fuerzas Armadas.
Algunas medidas corresponden directamente al Departamento de Defensa, mientras que otras son desarrolladas individualmente por el Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea, el Cuerpo de Marines, la Fuerza Espacial o la Guardia Costera.
Por ejemplo, la Guardia Costera también ha indicado que participa en la revisión de los estándares de condición física, composición corporal, presentación personal y acceso al servicio.
Asimismo, las diferentes ramas mantienen sus propios requisitos de incorporación y pueden aplicar condiciones adicionales dependiendo del puesto o especialidad.
Por esta razón, hablar de una “reforma del reclutamiento” debe entenderse como un proceso amplio de revisión y actualización, y no como una sola modificación que haya sustituido todos los requisitos anteriores.
¿Qué puede cambiar para los futuros reclutas?
Para quienes pretendan incorporarse a las Fuerzas Armadas estadounidenses, la tendencia apunta hacia una evaluación más vinculada con la capacidad de cumplir las funciones concretas del puesto.
Esto podría significar una mayor importancia de las pruebas físicas específicas, la preparación previa, las evaluaciones médicas y la aptitud para determinadas especialidades.
Al mismo tiempo, los programas preparatorios muestran que el Departamento de Defensa no necesariamente pretende excluir a todos los candidatos que inicialmente no cumplen algún requisito. En determinados casos, la estrategia consiste en proporcionar entrenamiento adicional para que puedan alcanzar los estándares antes de comenzar formalmente su carrera militar.
El desafío será encontrar un equilibrio entre dos objetivos que pueden entrar en tensión: mantener una fuerza altamente preparada y, al mismo tiempo, disponer de suficientes candidatos para cubrir las necesidades de personal.
Una transformación que va más allá del reclutamiento
Las nuevas políticas muestran que la transformación del aparato militar estadounidense no se limita a conseguir más personas para sus filas.
El Pentágono está intentando definir qué características debe tener la fuerza que enfrentará los conflictos de las próximas décadas. En ese proceso, la condición física, la preparación para el combate, los estándares médicos, la capacitación y la selección del personal adquieren un papel central.
Los cambios introducidos en 2025 y 2026 indican que Washington busca una fuerza que combine una mayor exigencia física con mecanismos que permitan identificar y preparar a candidatos que todavía pueden alcanzar los estándares requeridos.
Al mismo tiempo, el proceso seguirá siendo objeto de debate. Las Fuerzas Armadas deberán demostrar que los nuevos criterios realmente mejoran la preparación y no generan una reducción innecesaria del número de personas capaces de servir.
Por ahora, la tendencia es clara: las reformas de reclutamiento militar en Estados Unidos forman parte de una transformación más amplia de los estándares de personal y preparación de las Fuerzas Armadas, con especial énfasis en la capacidad física, la preparación para el combate, la aptitud profesional y la disponibilidad de una fuerza capaz de responder a las nuevas exigencias de seguridad.




