Marruecos está acelerando la expansión de su infraestructura de plantas desalinizadoras en Marruecos como parte de una estrategia nacional para reducir la presión sobre los embalses, los acuíferos y otras fuentes tradicionales de abastecimiento.
Aunque la versión inicial de esta información habla de una partida presupuestaria destinada específicamente a dos nuevas plantas desalinizadoras, los datos oficiales y sectoriales disponibles muestran un escenario más amplio: el país tiene varias instalaciones en construcción, otras en fase de planificación y un programa de inversiones que contempla múltiples proyectos a lo largo de su costa.
El Consejo de Administración de la Oficina Nacional de Electricidad y Agua Potable (ONEE) aprobó en julio de 2026 un plan de inversiones para 2026-2030 que contempla más de 248.000 millones de dirhams en diferentes proyectos de electricidad y agua. Dentro del componente hídrico, se prevén 42.100 millones de dirhams para agua potable y una fuerte ampliación de la capacidad de desalación.
Una estrategia para depender menos de las lluvias
La expansión de las desalinizadoras responde a un problema estructural. Marruecos ha sufrido durante los últimos años una importante presión sobre sus recursos hídricos, relacionada con periodos de sequía y con una demanda creciente de agua para consumo urbano, agricultura e industria.
El Gobierno marroquí ha planteado la desalación como una de las herramientas para diversificar las fuentes de abastecimiento. En mayo de 2026, el ministro de Equipamiento y Agua, Nizar Baraka, señaló que la capacidad anual de producción de agua desalinizada del país ya alcanzaba aproximadamente 420 millones de metros cúbicos, con la intención de elevarla hasta alrededor de 1.700 millones de metros cúbicos anuales.
La meta forma parte de un cambio importante en la estructura del suministro de agua potable. De acuerdo con el plan de inversión de ONEE, la capacidad de desalación destinada al consumo humano debería superar los 1.300 millones de metros cúbicos anuales hacia 2030, lo que permitiría cubrir aproximadamente el 63 % de las necesidades de agua potable del país.
¿Cuáles son las nuevas plantas previstas?
Los datos presentados por las autoridades marroquíes muestran que no se trata únicamente de dos proyectos.
En abril de 2026, el ministro Nizar Baraka informó ante la comisión parlamentaria de infraestructuras que había ocho nuevas estaciones de desalación programadas, además de tres ampliaciones de instalaciones existentes. Entre los proyectos mencionados aparecen grandes instalaciones en las regiones del Oriental, Souss-Massa, Rabat y Tánger, junto con proyectos en Guelmim, Tan-Tan, Essaouira y Tarfaya.
Entre las instalaciones programadas destacan:
- Souss-Massa: capacidad prevista de hasta 350 millones de m³ anuales.
- Rabat: alrededor de 300 millones de m³ anuales.
- Oriental: alrededor de 300 millones de m³ anuales.
- Tánger: unos 150 millones de m³ anuales.
- Guelmim y Tan-Tan: capacidad combinada de aproximadamente 96,8 millones de m³ anuales.
- Essaouira: alrededor de 12,8 millones de m³ anuales.
- Tarfaya: unos 60 millones de m³ anuales, dentro de un proyecto vinculado principalmente a necesidades industriales.
Por tanto, no hay respaldo suficiente para presentar como un hecho que el Gobierno haya aprobado exactamente una partida para construir solamente dos plantas nuevas. Lo que sí está documentado es la aprobación de importantes presupuestos de inversión y un programa mucho más amplio de nuevas estaciones y ampliaciones.
El presupuesto destinado al sector del agua
La dimensión económica del programa permite entender la importancia que Marruecos está dando a la desalación.
Para 2026, la ONEE moviliza aproximadamente 7.700 millones de dirhams para proyectos relacionados con la desalación, de los cuales unos 7.300 millones corresponden a obras y 434 millones a estudios, según el balance de los grandes proyectos previstos para ese año.
Uno de los proyectos incluidos es la futura estación de Essaouira, para la que se ha señalado una inversión cercana a 1.000 millones de dirhams y una producción de aproximadamente 21.096 metros cúbicos diarios.
La inversión forma parte de un programa nacional más amplio que también incluye presas, conexiones entre cuencas hidrográficas, sistemas de distribución y otras infraestructuras destinadas a garantizar el abastecimiento.
Puedes consultar directamente la documentación oficial del Gobierno sobre la Ley de Finanzas de Marruecos 2026.
Casablanca, uno de los proyectos más importantes
Dentro de esta estrategia destaca especialmente la desalinizadora de Casablanca.
El proyecto, ubicado en la región de Casablanca-Settat, contempla inicialmente una capacidad de tratamiento de 200 millones de metros cúbicos de agua al año, con posibilidad de ampliarla posteriormente hasta 300 millones de metros cúbicos anuales. La infraestructura ocupará unas 50 hectáreas y busca reforzar el suministro de agua potable del área metropolitana, además de atender necesidades agrícolas.
La primera fase de esta instalación presentaba en julio de 2026 un avance del 81 %, según ONEE, y su puesta en funcionamiento estaba prevista para el 1 de febrero de 2027. La capacidad final del proyecto será de aproximadamente 300 millones de metros cúbicos al año.
El proyecto también tiene una dimensión internacional. España anunció en 2025 un respaldo financiero público cercano a 340 millones de euros para la desalinizadora de Casablanca mediante distintos instrumentos financieros, mientras que la construcción fue adjudicada a un consorcio liderado por la empresa española Acciona.
La costa se convierte en una fuente estratégica de agua
La ubicación geográfica de Marruecos hace que el océano Atlántico y, en menor medida, el Mediterráneo tengan un papel fundamental en esta estrategia.
La desalación permite convertir agua de mar en agua apta para consumo humano o determinados usos agrícolas e industriales mediante procesos como la ósmosis inversa. El procedimiento consiste, de manera simplificada, en hacer pasar el agua marina por membranas que retienen las sales y otros elementos presentes en ella.
El proceso requiere energía y genera una corriente concentrada de salmuera, por lo que el diseño de las instalaciones debe considerar tanto el consumo energético como la gestión de los residuos líquidos.
Marruecos está intentando vincular parte de sus proyectos de desalación con fuentes renovables. Un estudio de la Agencia de Cooperación Internacional de Japón (JICA), basado en información de ONEE, identifica numerosos proyectos futuros de desalación y señala el desarrollo de instalaciones vinculadas a energías renovables.
El objetivo no es solamente abastecer a las ciudades
Uno de los aspectos más importantes del programa marroquí es que el agua desalinizada no está destinada exclusivamente al consumo urbano.
Algunas instalaciones tienen como objetivo combinar agua potable, agricultura e industria. Esto es especialmente relevante en regiones agrícolas donde la presión sobre los acuíferos ha aumentado durante los periodos de sequía.
La planta de Chtouka, por ejemplo, ya ha demostrado este modelo al suministrar agua tanto para consumo humano como para actividades agrícolas en la región de Agadir. Marruecos pretende ampliar progresivamente este tipo de infraestructura para disminuir la dependencia de las precipitaciones y de las aguas subterráneas.
El Gobierno también ha desarrollado proyectos de transferencia de agua entre cuencas hidrográficas. En mayo de 2026, el ministro Baraka indicó que algunas de estas conexiones podrían permitir trasladar entre 1.000 y 1.200 millones de metros cúbicos de agua al año hacia provincias que presentan déficit hídrico.
El papel de OCP en la desalación
Otro actor relevante es el grupo estatal OCP, uno de los principales grupos industriales de Marruecos.
En agosto de 2026, el Gobierno autorizó la creación de dos filiales de OCP Green Water especializadas en desalación y transporte de agua. Una de ellas tendrá actividad en la zona central, incluyendo Safi, Benguerir, Youssoufia y Marrakech, mientras que la otra estará vinculada a la región norte, con áreas como Jorf Lasfar, El Jadida, Casablanca y Khouribga.
Las dos entidades están proyectadas para contribuir conjuntamente con una capacidad de alrededor de 410 millones de metros cúbicos de agua desalinizada al año, repartidos en 195 millones para la región central y 215 millones para la región norte.
Este componente industrial ayuda a explicar por qué la expansión de la desalación marroquí no puede analizarse únicamente como un programa de agua potable. También está relacionada con la agricultura y con las necesidades de grandes instalaciones industriales.
Una infraestructura clave ante el estrés hídrico
La apuesta por las desalinizadoras representa un cambio en la forma en que Marruecos busca garantizar su seguridad hídrica.
En lugar de depender principalmente de las lluvias, los embalses y los acuíferos, el país está desarrollando una combinación de fuentes que incluye desalación, transferencia de agua entre cuencas, construcción de presas y mejoras en las redes de distribución.
Los datos de ONEE muestran la dimensión de este cambio. En 2025, la oficina produjo 1.417 millones de metros cúbicos de agua potable, de los cuales 72,5 millones procedieron de la desalación de agua de mar. Para los próximos años, el objetivo es multiplicar considerablemente esa contribución.
Así, más que un proyecto aislado de dos instalaciones, la información disponible muestra que Marruecos está desarrollando un programa nacional de expansión de la desalación, con proyectos de diferentes tamaños distribuidos a lo largo de su territorio costero.
El avance de estas obras será especialmente relevante para determinar hasta qué punto el país consigue reducir su vulnerabilidad frente a las sequías y asegurar simultáneamente el abastecimiento urbano, la actividad agrícola y las necesidades de su sector industrial.




