uso compulsivo del celular: efectos en la atención, la salud mental y la memoria
Estudios científicos relacionan el uso compulsivo del celular con dificultades de atención, bajo rendimiento académico y problemas de salud mental.

Uso compulsivo del celular: qué dice la ciencia sobre la atención, la salud mental y el envejecimiento cognitivo
El hábito de revisar constantemente el celular, pasar horas viendo videos cortos en TikTok o desplazarse por las redes sociales puede parecer inofensivo, pero cuando se vuelve difícil de controlar y comienza a interferir con el sueño, el estudio, el trabajo o las relaciones personales, puede convertirse en un problema de salud y bienestar. La investigación científica ha encontrado asociaciones entre el uso problemático de las pantallas, las dificultades de atención y algunos síntomas de ansiedad y depresión. Sin embargo, la evidencia no permite afirmar que el uso del celular provoque por sí solo un deterioro cerebral irreversible.
Atención, memoria y desempeño académico bajo la lupa
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en Neuropsychology Review en 2024 analizó estudios sobre patrones problemáticos de uso de pantallas y encontró diferencias en el desempeño cognitivo frente a los grupos de comparación. Los resultados mostraron dificultades pequeñas a moderadas, especialmente en atención y concentración, con un tamaño del efecto de 0,50 en ese dominio y de 0,31 en funciones ejecutivas. Los autores advirtieron que existen diferencias metodológicas entre los estudios y que estos resultados no demuestran que las pantallas sean la causa directa de los problemas cognitivos.
En el ámbito educativo, un metaanálisis publicado en 2024 en Journal of Behavioral Addictions reunió 29 estudios con 48.490 participantes y encontró una asociación negativa, aunque pequeña, entre el uso problemático del celular y el rendimiento académico (r = −0,110). Otro metaanálisis, publicado en 2025 en Frontiers in Psychology, analizó 63 estudios con 124.166 estudiantes de 28 países y también identificó una relación negativa, de magnitud pequeña, entre el uso de tecnologías con fines no académicos y el desempeño escolar. Estos resultados sugieren que las distracciones frecuentes pueden dificultar el aprendizaje, pero no significan que todos los usuarios intensivos obtengan malas calificaciones.
Redes sociales, ansiedad y salud mental
La relación entre las redes sociales y la salud mental también ha sido objeto de investigaciones a gran escala. En septiembre de 2024, la Organización Mundial de la Salud (OMS), a través de su oficina para Europa, informó que el porcentaje de adolescentes con señales de uso problemático de redes sociales pasó del 7 % en 2018 al 11 % en 2022. El estudio incluyó a cerca de 280.000 jóvenes de 11, 13 y 15 años de 44 países y regiones. La OMS señaló que estos comportamientos se caracterizan por dificultades para controlar el uso y consecuencias negativas en la vida cotidiana; la cifra no representa a todos los adolescentes ni equivale a un diagnóstico clínico.
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en JAMA Pediatrics en 2024 examinó 143 estudios con más de un millón de adolescentes y encontró asociaciones positivas, pero pequeñas, entre el uso de redes sociales y síntomas internalizantes, como ansiedad y depresión. La relación varió según el tiempo de uso y el grado de participación en las plataformas. Los investigadores también destacaron que faltan estudios suficientes en poblaciones clínicas para establecer conclusiones más firmes. Por eso, los resultados deben interpretarse con cautela: las redes pueden contribuir a ciertas dificultades en algunos jóvenes, pero el malestar emocional también puede influir en la forma en que utilizan las plataformas.
¿Qué ocurre con los adultos mayores?
En las personas mayores, el panorama científico exige una distinción importante: utilizar herramientas digitales no es lo mismo que desarrollar un patrón compulsivo de uso. Un metaanálisis publicado en 2025 en Nature Human Behaviour examinó 136 estudios sobre adultos mayores de 50 años, con una muestra conjunta de 411.430 personas. El uso de tecnologías digitales se asoció con menores probabilidades de deterioro cognitivo (OR = 0,42) y con tasas más bajas de declive cognitivo a lo largo del tiempo (HR = 0,74). No obstante, estos datos son observacionales y no demuestran que la tecnología prevenga la demencia; actividades como comunicarse con otras personas, aprender y mantenerse mentalmente activo podrían influir en los resultados.
En contraste, una revisión de alcance publicada en 2026 sobre comportamientos adictivos relacionados con los teléfonos inteligentes en adultos de 60 años o más identificó asociaciones con problemas de sueño, síntomas depresivos, ansiedad y soledad. Sin embargo, la evidencia disponible sobre deterioro cognitivo fue insuficiente para establecer una conclusión firme. La mayoría de los estudios incluidos eran transversales, por lo que no permiten determinar qué factor apareció primero. En términos prácticos, el riesgo no está demostrado por el simple hecho de usar un celular en la vejez, sino que conviene prestar atención a la pérdida de control, las alteraciones del sueño, el aislamiento y la interferencia con las actividades cotidianas.
Hábitos para recuperar el equilibrio digital

La evidencia invita a priorizar hábitos que reduzcan las interrupciones sin necesidad de abandonar por completo la tecnología. Entre las medidas prácticas están desactivar notificaciones no esenciales, establecer momentos específicos para consultar redes sociales, dejar el celular fuera del alcance durante el estudio o las comidas y evitar su uso cuando interfiere con el descanso nocturno. También es útil alternar las actividades digitales con ejercicio, lectura, pasatiempos y encuentros presenciales. En niños y adolescentes, el acompañamiento familiar y los acuerdos sobre el uso de dispositivos pueden ayudar a proteger el sueño, el aprendizaje y la convivencia.
La señal de alerta aparece cuando una persona intenta reducir el tiempo de pantalla y no lo consigue, descuida responsabilidades, pierde horas de sueño o deja de participar en actividades que antes disfrutaba. Si estas dificultades se mantienen o se acompañan de ansiedad, tristeza persistente, problemas de memoria o cambios importantes en la conducta, es recomendable consultar a un profesional de la salud. La conclusión de la investigación no es que todo uso del celular sea perjudicial, sino que la pérdida de control y el desplazamiento de actividades esenciales merecen atención, mientras que la tecnología utilizada con propósito también puede facilitar el aprendizaje, la comunicación y la participación social.
Fuente: OMS, Nature Human Behaviour (2025), JAMA Pediatrics (2024)




