Sequía y racionamiento: la nueva realidad urbana en Colombia
Grandes ciudades colombianas enfrentan periodos críticos de desabastecimiento de agua debido al impacto directo de fenómenos climáticos extremos.

El fantasma del racionamiento de agua ha dejado de
ser una excepción para convertirse en una realidad recurrente en las
principales capitales de Colombia. El calentamiento global ha intensificado
fenómenos climáticos como El Niño, provocando sequías prolongadas que reducen
drásticamente los niveles de los embalses encargados de abastecer a millones de
ciudadanos. Esta situación evidencia la alta vulnerabilidad de la
infraestructura urbana del país ante la crisis climática actual.
Ciudades como Bogotá han tenido que implementar esquemas de restricción en el servicio de agua debido a los niveles históricamente bajos de sistemas reguladores como el Embalse de Chuza. Esta crisis hídrica urbana no se debe únicamente a la falta de lluvias puntuales, sino a una alteración estructural en los ciclos hidrológicos de la Amazonía y los Andes, las dos grandes regiones que alimentan las lluvias del territorio nacional. La menor humedad ambiental y la deforestación reducen la cantidad de agua que llega a los sistemas de captación municipales.

Las consecuencias de esta escasez urbana van más
allá de las molestias en los hogares. El sector comercial, las instituciones
educativas y los centros de salud deben adaptar sus operaciones a la
intermitencia del servicio, elevando los costos operativos. Asimismo, la
presión sobre los sistemas de alcantarillado aumenta, generando problemas de
salud pública debido a la acumulación de desechos y la proliferación de
vectores de enfermedades en zonas periféricas.
Para mitigar este panorama, las autoridades locales
y nacionales deben priorizar la modernización de las redes de acueducto para
reducir las pérdidas por fugas físicas, que en algunas ciudades superan el 40%
del agua potable. De igual forma, es indispensable fomentar una cultura ciudadana
orientada al consumo responsable y la reutilización de aguas grises. La
resiliencia urbana en el siglo XXI dependerá de la capacidad de las ciudades
para gestionar eficientemente un recurso que cada vez es más escaso.
Fuente: Google




