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La crisis silenciosa del deshielo permafrost y las bacterias ancestrales

El deshielo del permafrost ártico se está acelerando a un ritmo alarmante debido al calentamiento global de los últimos años.

Por Manuel TobarRedacción EXTRA
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La crisis silenciosa del deshielo permafrost y las bacterias ancestrales
Imagen de portada · Grupo Editorial Central

El deshielo del permafrost ártico se está acelerando a un ritmo alarmante debido al calentamiento global de los últimos años. 

Esta capa de suelo congelado, que ha permanecido intacta durante miles de años, actúa como un gigantesco refrigerador planetario. Sin embargo, el aumento sostenido de las temperaturas globales está provocando su degradación irreversible, un fenómeno que preocupa a la comunidad científica internacional por sus consecuencias climáticas y sanitarias.

La liberación masiva de gases de efecto invernadero es el principal peligro del colapso del permafrost. Al descongelarse la materia orgánica atrapada en el suelo, bacterias y microbios comienzan a descomponerla. Este proceso genera enormes volúmenes de dióxido de carbono y metano, un gas que tiene un potencial de calentamiento hasta ochenta veces superior al del \(\text{CO}_{2}\) en el corto plazo. Este fenómeno crea un ciclo de retroalimentación destructivo: a mayor liberación de gases, mayor es el aumento de la temperatura global.

Por otro lado, los expertos advierten sobre el riesgo biológico latente en las regiones árticas. Científicos han logrado revivir virus y bacterias que permanecieron congelados por más de 40,000 años. Aunque la probabilidad de una pandemia global originada por estos patógenos antiguos es baja, la exposición de agentes infecciosos desconocidos para el sistema inmunológico humano moderno representa un desafío sanitario real. Además, la pérdida de estabilidad del suelo ya está destruyendo infraestructuras, carreteras y viviendas en comunidades de Alaska, Canadá y Siberia.

La mitigación de este problema requiere reducir drásticamente las emisiones globales para estabilizar las temperaturas del Ártico. Las políticas climáticas internacionales deben incluir urgentemente el monitoreo del suelo congelado dentro de los presupuestos globales de carbono.

Fuente: google

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