MADRUGÓN NAVIDEÑO INICIA DESDE NOVIEMBRE Y SE IMPULSA DICIEMBRE
Ojalá octubre sea el comienzo de una recuperación que se fortalezca durante noviembre y alcance su mayor impulso en diciembre.

Colombia comienza a transitar los tres últimos meses de un 2026 particularmente difícil. Han sido días marcados por emergencias, pérdidas humanas y materiales, incertidumbre y enormes dificultades económicas para miles de familias. El terremoto del pasado 10 de agosto dejó una profunda huella en numerosas regiones del país, mientras que el fenómeno de El Niño continúa generando altas temperaturas, escasez de agua y grandes incendios forestales que afectan al campo, los ecosistemas y las actividades productivas.
Sin
embargo, en medio de este panorama complicado, hay señales que invitan al
optimismo. Una de ellas, quizás de las más tradicionales y esperadas por los
colombianos, es la llegada anticipada de la Navidad a los principales centros
comerciales y establecimientos comerciales del país.
Desde los
primeros días de octubre, ciudades como Bogotá, Pasto, Medellín, Cali,
Barranquilla, Neiva y Tunja, entre muchas otras, comienzan a vestirse de
Navidad. Los almacenes desempolvan sus adornos, aparecen los árboles
iluminados, los pesebres, los nacimientos, los Papá Noel y toda esa decoración
que año tras año transforma los centros comerciales y las vitrinas en
escenarios de alegría y esperanza.
Podría
parecer simplemente una cuestión de decoración y de mercadeo, pero detrás de
estas luces navideñas existe algo mucho más importante: la posibilidad de
impulsar la economía nacional.
Madrugarle
a la Navidad significa también madrugarle al empleo, al comercio, al
transporte, a la producción nacional, a los pequeños negocios y a los ingresos
de millones de familias que esperan precisamente estos últimos meses del año
para mejorar sus ventas y recuperar parte de lo perdido durante un periodo
especialmente complejo.
La
temporada navideña representa tradicionalmente uno de los momentos de mayor
movimiento comercial del año. Por eso resulta alentador observar que
comerciantes y empresarios comienzan desde octubre a prepararse para recibir a
los consumidores. Es una señal de confianza y, al mismo tiempo, una invitación
para que los colombianos participemos responsablemente en la recuperación de
nuestra economía.
Después
de las dificultades provocadas por el terremoto y de los efectos que continúa
dejando el fenómeno de El Niño, Colombia necesita precisamente eso: actividad
económica, generación de empleo, circulación de recursos y oportunidades para
quienes viven del comercio y de las diferentes actividades que se mueven
alrededor de la temporada de fin de año.
Pero
también es necesario que esta reactivación tenga un rostro solidario. La
Navidad no puede convertirse únicamente en una carrera por comprar. Debe ser
una oportunidad para apoyar al pequeño comerciante, al emprendedor, al
artesano, al vendedor formal y a todas aquellas personas que dependen de sus ventas
para llevar el sustento a sus hogares.
Comprar
en nuestros barrios, en nuestros municipios y en los establecimientos
nacionales es también una manera de contribuir a que los recursos permanezcan
en las comunidades y lleguen a quienes más los necesitan.
Las luces
que comienzan a aparecer en las vitrinas tienen, entonces, un significado
especial. Después de un año de terremotos, incendios, dificultades y
preocupaciones, representan una luz de esperanza.
Ojalá
octubre sea el comienzo de una recuperación que se fortalezca durante noviembre
y alcance su mayor impulso en diciembre. Que los árboles navideños, los
pesebres, los nacimientos y los Papá Noel que ya comienzan a aparecer en
nuestras ciudades no sean solamente adornos, sino símbolos de una Colombia que
quiere levantarse.
El país
necesita recuperar la confianza y volver a mirar hacia adelante. Y qué mejor
manera de comenzar que con una Navidad que llegue acompañada de empleo, ventas,
solidaridad y oportunidades. Madrugarle a la Navidad, en estas circunstancias,
es también madrugarle a la esperanza.




