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Los DRONES mensajeros de GUERRA en Linares y Los Andes en Nariño

Su zumbido representa para los moradores de estos dos municipios nariñenses, un anuncio de destrucción y un peligro real de muerte.

Por Jorge CarvajalRedacción EXTRA
⏱ 7 min de lectura
Los DRONES mensajeros de GUERRA en Linares y Los Andes en Nariño
Imagen de portada · Grupo Editorial Central
Hay sonidos que anuncian la llegada de la vida y otros que despiertan los peores temores. En las zonas rurales de los municipios de Linares y Los Andes, el zumbido de los drones da origen al terror de la guerra que protagonizan grupos armados en disputa de territorio para sus actividades ilegales.
Para los habitantes de Linares y Los Andes, dos municipios del occidente de Nariño, la guerra ha dejado de ser una noticia lejana, de esas que se observan por televisión mientras aparecen imágenes de ciudades destruidas en la Franja de Gaza, de las tensiones en Teherán o de los bombardeos en el este de Ucrania.
Ahora, el conflicto parece haberse acercado peligrosamente a sus propias casas, a sus caminos rurales, a las escuelas de sus hijos y a los lugares donde, hasta hace poco, transcurría una vida marcada por el trabajo campesino y la esperanza de salir adelante.

Horas de angustia

La comparación con aquellos escenarios internacionales no significa que las dimensiones de los conflictos sean iguales. Sin embargo, expresa una realidad que golpea a las comunidades: la sensación de indefensión frente a una guerra que utiliza nuevas tecnologías, que amenaza la tranquilidad de la población civil y que puede convertir cualquier jornada cotidiana en una experiencia de angustia.
En esta región, los enfrentamientos entre el autodenominado Estado Mayor Central (EMC), estructura disidente de las antiguas Farc asociada con alias Mordisco, y las Autodefensas Unidas de Nariño han elevado la preocupación de las comunidades. El uso de drones en medio de las confrontaciones ha añadido un nuevo elemento de incertidumbre a una población que teme quedar atrapada en el fuego cruzado.

Pavor en el cielo

En el campo, el cielo siempre ha representado libertad. Por él transitan las nubes que anuncian la lluvia, vuelan las aves y llega la luz que despierta las cosechas. Pero cuando aparecen aeronaves no tripuladas en medio de enfrentamientos armados, esa imagen cambia radicalmente.
El zumbido de un dron puede convertirse en una señal de alarma. Quienes lo escuchan no necesariamente saben quién lo opera, qué está observando o si forma parte de una acción militar que terminará cerca de sus viviendas. Esa incertidumbre es una de las expresiones más crueles de la guerra: no saber qué está pasando, cuánto durará ni si el peligro se encuentra a unos metros o a varios kilómetros.
En semejantes circunstancias, el miedo se instala en los hogares. Una familia que se encuentra preparando el desayuno puede interrumpir sus actividades; un campesino puede abandonar sus labores en el cultivo, y unos padres pueden decidir que sus hijos no salgan a la escuela. La rutina queda suspendida mientras los moradores intentan establecer si es seguro continuar con sus actividades.
En medio de esa angustia, algunas personas buscan refugio dentro de sus viviendas, lejos de las ventanas y de los espacios abiertos. Para quienes temen que los combates lleguen hasta sus comunidades, el lugar más familiar puede transformarse en un refugio improvisado.
La imagen de una familia escondida debajo de una cama, conteniendo la respiración mientras escucha un dron en el exterior, resume el drama que puede experimentar una población sometida a la amenaza de la violencia. No se trata solamente del temor a una explosión o a una bala perdida, sino de la incertidumbre que acompaña cada ruido, cada movimiento extraño en el cielo y cada noticia que llega desde una vereda vecina. Exactamente eso es lo que ocurre en estos momentos en Linares y Los Andes.
Salir a comprar alimentos, buscar agua o caminar hasta la casa de un familiar deja de ser una decisión sencilla. Antes de abrir la puerta, hay que preguntarse si el camino está despejado, si los enfrentamientos continúan y si el regreso estará garantizado.

La angustia de Iris Marín

Desde hace varios días, la Defensoría del Pueblo advirtió sobre la gravedad de la situación y reclamó una respuesta humanitaria urgente, integral y sostenida. Los reportes posteriores han situado en más de 1.800 las personas desplazadas o confinadas en varios municipios afectados por esta escalada de violencia en Nariño.
Al respecto, la Defensora del Pueblo, Iris Marín reclama una respuesta urgente por parte de la Fuerza Pública, en lo que tiene que ver la protección a la población civil, la cual debe permanecer al margen de las hostilidades y que su vida, integridad y dignidad tienen que ser respetadas en todo momento.
La institución ha pedido a las alcaldías de Linares y Los Andes, a la Gobernación de Nariño y al Gobierno nacional fortalecer la coordinación para garantizar alimentos, agua potable, atención médica, protección y continuidad de los servicios esenciales. También ha exigido que los grupos armados respeten el derecho internacional humanitario y permitan el ingreso seguro de las misiones humanitarias.
La preocupación aumenta porque las propias operaciones de ayuda pueden verse amenazadas. Una comisión humanitaria que se dirigía a la vereda Bella Florida, en Linares, para atender a habitantes confinados fue atacada con ráfagas de fusil, lo que impidió completar la evacuación de alrededor de un centenar de personas que seguían sin poder salir. Antes de ese incidente, la misión había logrado evacuar a más de 300 habitantes de otras veredas.
La tragedia de estas comunidades preocupa a todo Nariño y al país. No se puede hablar de tranquilidad mientras haya familias confinadas, estudiantes sin clases, campesinos sin posibilidad de trabajar y personas que no pueden acceder a los alimentos o al agua potable.

Alcaldes claman por ayuda

Los alcaldes de Linares, Iván Darío Zambrano Lucero y de Los Andes-Sotomayor, Christian Jhonatan Apráez Marroquín, coincidieron en afirmar que lo enfrentamientos entre los grupos alzados en armas en sectores rurales de sus municipios que ya completan una semana, han dado lugar a graves crisis humanitarias, por lo que insisten en la necesidad de ayuda.
En efecto, en lo que corresponde al corregimiento de Tabiles y la vereda Tambillo de Bravos, centenares de personas están saliendo con rumbo al casco urbano de Linares, debido a los enfrentamientos entre grupos armados que se registran en esta zona.
De acuerdo a versiones extraoficiales, las confrontaciones involucran al Frente Comuneros del Sur, las disidencias del Frente Franco Benavides y las Autodefensas Unidas de Nariño.
Corredor humanitario
Sobre la situación humanitaria, las autoridades departamentales en Nariño explicaron que, junto al alcalde de Linares, Iván Zambrano, su equipo de trabajo y gracias a la valiente labor de los liderazgos sociales de la comunidad, realizaron un corredor humanitario para evacuar de manera segura a las familias que se encontraban confinadas en las veredas de Parapetos, La Cocha y Tambillo de Bravos, 300 personas.

Respeto a la población civil

El secretario de Paz y Derechos Humanos de Nariño, Alex González, explicó “Hemos realizado un corredor humanitario para sacar a las personas que se encontraban en un confinamiento en la vereda de Parapetos, en la vereda de Tambillo de Bravos y en la vereda de La Cocha. Recalcar que nunca llegamos con un tema de militarización, por el contrario, lo que estamos haciendo es un llamado hacia la inversión integral en los territorios, abrir los canales humanitarios y, sobre todo, hacer respetar la población civil que se encuentra en medio de las confrontaciones”.
Los enfrentamientos incluyen ataques con drones cargados de explosivos, algunos de los cuales han caído cerca de viviendas, poniendo en riesgo a la población civil. En ese sentido, campesinos de Tabiles, zona rural de Linares, han captado el lanzamiento de morteros por medio de drones, generando temor e incertidumbre entre las comunidades.

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