Edición Colombia
-- °CClima
USD --TRM

Inicio/Postura oficial del medio

La normalización de la violencia

Existe otra violencia que muchas veces ocurre en silencio, lejos de las cámaras y detrás de las puertas de un hogar: la violencia contra las mujeres.

Por Ana Lucia TumalRedacción EXTRA
⏱ 3 min de lectura
La normalización de la violencia
Imagen de portada · Grupo Editorial Central

Colombia atraviesa un momento en el que la violencia parece haberse instalado en distintos escenarios de nuestra vida cotidiana. Está presente en los ataques contra la Fuerza Pública y la ciudadanía, en los enfrentamientos entre grupos armados, en los discursos políticos cargados de confrontación y hasta en el fútbol, donde vestir una camiseta puede costar la vida.

Pero existe otra violencia que muchas veces ocurre en silencio, lejos de las cámaras y detrás de las puertas de un hogar: la violencia contra las mujeres. Una problemática que sigue cobrando vidas y que, en departamentos como Nariño, presenta cifras alarmantes.

Según la Defensoría del Pueblo, entre el primero de enero y el 31 de julio de 2026 se reportaron 17 feminicidios en Nariño. Durante agosto se sumaron otros cuatro casos, para un total de 21 en los primeros ocho meses del año. La gravedad de esto también se refleja en el panorama nacional, pues Putumayo, Guaviare, Quindío y Nariño se ubicaron entre los departamentos con las tasas más altas de feminicidio durante los primeros siete meses de 2026.

Y la violencia contra las mujeres no parece dar tregua. Durante septiembre y octubre se conocieron nuevos hechos de extrema gravedad. Entre ellos, el caso de Blanca Emeria Pardo, una campesina de 72 años, madre de seis hijos, quien fue hallada sin vida y con signos de abuso sexual; el de Deisy Guerrero, asesinada con arma blanca en Pasto; y el de Marjhury Ordóñez, en el municipio de El Rosario, víctima de un presunto feminicidio.

Detrás de cada cifra hay una vida y una historia que terminó de manera violenta. Pero también hay interrogantes que no podemos pasar por alto: ¿qué ocurrió antes de estos hechos?, ¿hubo amenazas, agresiones o señales de alerta que no fueron atendidas a tiempo? ¿Cuántos casos de violencia contra las mujeres permanecen ocultos y nunca llegan a conocerse?

Por eso, más allá de las estadísticas y de los hechos que diariamente ocupan los titulares, vale la pena preguntarnos si como sociedad nos estamos acostumbrando a la violencia. Nos estamos acostumbrando a despertar con noticias de asesinatos, agresiones, amenazas y enfrentamientos, como si fueran acontecimientos inevitables de nuestra cotidianidad. Las tragedias ocupan los titulares durante unas horas, generan indignación y luego parecen quedar en el olvido hasta que ocurre un nuevo hecho.

Lo preocupante es que, cuando el dolor ajeno se vuelve habitual, corremos el riesgo de perder la capacidad de indignarnos, de actuar y, sobre todo, de entender que ninguna forma de violencia debe parecernos normal.