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Hay volcanes ocultos bajo el océano que pueden crear nuevas islas y transformar el fondo

Los volcanes submarinos liberan lava, modifican el fondo oceánico y, en determinadas condiciones, pueden formar nuevas islas. Descubre cómo ocurre.

Por Maria Camila Rivera AlarconRedacción EXTRA
⏱ 5 min de lectura
Hay volcanes ocultos bajo el océano que pueden crear nuevas islas y transformar el fondo
Imagen de portada · Grupo Editorial Central

Un mundo volcánico permanece escondido bajo el mar

Bajo la superficie de los océanos existe una intensa actividad geológica que pocas personas pueden observar directamente. Miles de volcanes submarinos forman parte de un paisaje que permanece oculto bajo enormes masas de agua.

Algunos se encuentran cerca de las costas, mientras otros aparecen en regiones profundas y alejadas de los continentes.

Estas estructuras pueden permanecer activas durante periodos prolongados. Cuando el magma asciende desde el interior terrestre, encuentra fracturas en la corteza y puede alcanzar el fondo marino.

Las erupciones liberan lava, gases y otros materiales que modifican el relieve submarino. En determinadas circunstancias, la acumulación de estos materiales puede elevar el terreno hasta alcanzar la superficie.

¿Cómo puede un volcán crecer debajo del océano?

El proceso comienza cuando el magma asciende a través de la corteza terrestre. Al alcanzar el fondo marino, la lava entra en contacto con agua mucho más fría.

Ese contacto enfría rápidamente la superficie de la lava y puede formar estructuras rocosas de aspecto redondeado. Las nuevas capas se acumulan alrededor del punto de emisión y contribuyen al crecimiento del volcán.

Con sucesivas erupciones, el edificio volcánico puede aumentar su altura. Sin embargo, su crecimiento depende de la cantidad de material expulsado, la profundidad del agua y las características de cada erupción.

La mayoría de los volcanes submarinos nunca llegan a sobresalir del océano. Muchos permanecen permanentemente sumergidos y continúan modificando el relieve del fondo marino.

Cuando la lava alcanza la superficie, puede aparecer una nueva isla

Si un volcán acumula suficiente material, su cima puede emerger por encima del nivel del mar.

Este proceso puede crear una isla volcánica, aunque su permanencia depende de la resistencia de los materiales y de la fuerza de las olas.

Las estructuras formadas por cenizas y fragmentos volcánicos pueden erosionarse rápidamente. En cambio, determinadas formaciones de lava consolidada pueden resistir durante periodos más prolongados.

Un ejemplo ocurrió en el Pacífico sur, cerca de Tonga. En 2015, una erupción produjo una nueva masa terrestre entre las islas Hunga Tonga y Hunga Ha'apai.

La isla resultante se convirtió en objeto de investigación porque permitió estudiar cómo evolucionan los paisajes volcánicos recién formados.

En enero de 2022, una nueva erupción extremadamente potente transformó radicalmente esa zona y destruyó gran parte de la estructura que había emergido. El episodio mostró lo inestables que pueden ser estas formaciones.

Los volcanes submarinos también pueden afectar a la vida marina

Las erupciones modifican el entorno físico y químico de las aguas cercanas. El calor, los gases y los materiales liberados pueden alterar temporalmente las condiciones para los organismos marinos.

Sin embargo, algunas regiones volcánicas también albergan ecosistemas particulares.

En las profundidades oceánicas existen fuentes hidrotermales que expulsan agua caliente cargada de minerales. Estas estructuras pueden sostener comunidades biológicas que dependen de la energía química en lugar de la luz solar.

Algunos microorganismos utilizan compuestos químicos para producir materia orgánica. Después, otros organismos aprovechan los recursos disponibles y forman comunidades adaptadas a estas condiciones.

Los volcanes y los sistemas hidrotermales no son exactamente lo mismo, aunque pueden estar relacionados en determinadas regiones geológicas.

Su estudio ayuda a comprender cómo la actividad del interior terrestre influye en los ecosistemas del océano.

¿Cómo detectan los científicos un volcán bajo el agua?

Investigar volcanes submarinos presenta dificultades técnicas importantes. La presión aumenta con la profundidad y la oscuridad impide observar directamente gran parte del fondo marino.

Por eso, los investigadores utilizan instrumentos especializados para cartografiar el relieve oceánico.

Los barcos equipados con sonar permiten identificar montañas, cráteres y otras estructuras submarinas. Los vehículos operados a distancia pueden acercarse a determinados lugares para obtener imágenes y muestras.

Los científicos también estudian señales sísmicas y cambios químicos en el agua. Estos datos ayudan a reconocer actividad volcánica y comprender los procesos que ocurren bajo el océano.

Sin embargo, todavía existen grandes regiones del fondo marino insuficientemente exploradas. Nuevas mediciones pueden revelar estructuras desconocidas y mejorar los mapas de los océanos.

¿Representan un peligro para las poblaciones costeras?

El riesgo depende de la ubicación, la profundidad y el tipo de erupción.

Algunas erupciones submarinas producen efectos relativamente localizados. Otras pueden generar explosiones, alterar la navegación o provocar perturbaciones del agua que requieren vigilancia.

Cuando una erupción desplaza grandes volúmenes de agua, puede producir un tsunami. No obstante, no todas las erupciones submarinas generan este fenómeno.

Las autoridades científicas evalúan diferentes señales para identificar amenazas potenciales. Entre ellas se encuentran los terremotos, las emisiones de gases y las deformaciones del terreno.

La vigilancia resulta especialmente importante cerca de archipiélagos volcánicos y zonas costeras habitadas.

Un laboratorio natural para comprender la Tierra

Los volcanes submarinos revelan que la superficie terrestre permanece en constante transformación. Incluso lejos de la mirada humana, la lava continúa formando rocas y modificando el relieve.

Estas estructuras también ayudan a investigar el origen de las islas volcánicas, la circulación de minerales y las condiciones que permiten la existencia de ecosistemas extremos.

Aunque muchos volcanes permanecen ocultos bajo el agua, sus efectos pueden alcanzar la superficie y modificar paisajes enteros.

Estudiarlos permite comprender mejor la actividad geológica del planeta y reconocer los riesgos asociados con determinados fenómenos.

El fondo del océano no es un territorio inmóvil: es un entorno dinámico donde la actividad interna de la Tierra continúa creando y destruyendo estructuras naturales.

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