EL VERDADERO RETO ESTÁ EN TRANSFORMAR LA PROPIA VIDA
El psicólogo clínico Oswaldo Navarro Arteaga invita a reflexionar sobre el verdadero propósito de la terapia psicológica

El psicólogo clínico Oswaldo Navarro Arteaga, desde Pasto, plantea una reflexión sobre la importancia de convertir el autoconocimiento en acciones concretas para romper patrones de conducta y construir nuevas formas de afrontar el sufrimiento.
PASTO, NARIÑO. ¿De qué sirve comprender las heridas del pasado si se siguen tomando las mismas decisiones que generan sufrimiento? Esta es una de las preguntas que plantea el psicólogo clínico Oswaldo Navarro Arteaga al reflexionar sobre el propósito de la terapia psicológica y la necesidad de llevar los aprendizajes de la consulta a la vida cotidiana.
La psicoterapia representa un espacio de escucha, empatía y comprensión, en el que las personas pueden reconocer sus emociones, explorar sus experiencias y entender los factores que influyen en su comportamiento. Sin embargo, el proceso no se limita a encontrar comprensión o recibir aprobación, sino que también puede convertirse en una oportunidad para desarrollar nuevas herramientas y modificar conductas que afectan el bienestar.
De acuerdo con la reflexión del profesional, uno de los desafíos consiste en pasar del reconocimiento del sufrimiento a la construcción de cambios reales. Algunas personas logran identificar sus heridas, reconocer patrones que se repiten en sus relaciones y comprender el origen de determinadas reacciones, pero encuentran dificultades para actuar de manera diferente frente a situaciones similares.
En este contexto, el autoconocimiento constituye un punto de partida, pero necesita acompañarse de acciones concretas. Aprender a establecer límites, regular las emociones, cuestionar creencias y asumir responsabilidades son algunos de los aspectos que pueden trabajarse durante el proceso terapéutico.
LA TERAPIA TAMBIÉN IMPLICA ENFRENTARSE A UNO MISMO
Uno de los planteamientos centrales de Navarro Arteaga es que el psicólogo no está para juzgar al paciente, pero tampoco para darle siempre la razón. Su función consiste en acompañarlo con empatía y rigor profesional, facilitando la identificación de dificultades y la exploración de alternativas para afrontarlas.
Este proceso puede llevar a reconocer aspectos personales que resultan incómodos, como conductas que contribuyen a mantener conflictos, dificultades para establecer relaciones saludables o respuestas emocionales que terminan generando nuevas heridas.
La reflexión invita, además, a cambiar el enfoque con el que algunas personas interpretan sus experiencias. Sin desconocer el daño causado por otros, propone explorar qué decisiones pueden tomarse en el presente para evitar que el sufrimiento continúe condicionando la vida.
Esto no significa responsabilizar a las personas por todo lo que les ha sucedido ni exigirles una recuperación inmediata. Cada proceso tiene su propio ritmo y requiere tiempo, acompañamiento y compromiso. Los cambios pueden construirse progresivamente mediante la práctica de nuevas habilidades y la aplicación de lo aprendido en consulta.
DEL CONSULTORIO A LA VIDA COTIDIANA
Para el psicólogo clínico, una pregunta fundamental para quienes están en terapia es: ¿qué están haciendo con todo aquello que han logrado comprender de sí mismos?
El interrogante busca destacar la importancia de trasladar los aprendizajes a situaciones cotidianas, desde la manera de afrontar los desacuerdos hasta la capacidad de tomar decisiones, gestionar las emociones y construir relaciones interpersonales más saludables.
La comprensión del pasado permite reconocer experiencias que han marcado la historia personal, pero el trabajo sobre las decisiones presentes puede contribuir a generar nuevas posibilidades para el futuro.
La reflexión de Oswaldo Navarro Arteaga pone sobre la mesa un tema relevante para la salud mental: la terapia no debe entenderse únicamente como un espacio para contar lo que duele, sino también como una oportunidad de trabajar, con acompañamiento profesional, en nuevas maneras de vivir y relacionarse.
Comprender las heridas ayuda a explicar el pasado; aprender a actuar de manera diferente puede abrir el camino hacia un futuro distinto.




