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El suicidio en Colombia, una realidad que no podemos seguir ignorando

La salud mental también salva vidas: escuchar, comprender y brindar ayuda puede marcar la diferencia.

Por Leidy Johanna Zambrano SalasRedacción EXTRA
⏱ 2 min de lectura
El suicidio en Colombia, una realidad que no podemos seguir ignorando
Imagen de portada · Grupo Editorial Central

En Colombia, el suicidio se ha convertido en una problemática de salud pública que merece mayor atención. Detrás de cada caso existe una persona que puede estar atravesando situaciones de sufrimiento emocional, soledad, violencia, dificultades familiares o problemas económicos. Sin embargo, todavía vivimos en una sociedad donde hablar de salud mental puede generar vergüenza, críticas o indiferencia. Esta situación demuestra que no estamos prestando suficiente atención al bienestar emocional de las personas.

Según el Ministerio de Salud y Protección Social, durante 2025 se notificaron preliminarmente 38.791 intentos de suicidio en Colombia. Además, para 2026, hasta la semana epidemiológica 35, se habían registrado 26.412 casos. Estas cifras representan una señal de alerta que no podemos ignorar y demuestran la necesidad de fortalecer las estrategias de prevención y atención psicológica en el país.

Uno de los aspectos más preocupantes es que muchas personas no encuentran espacios donde puedan expresar lo que sienten sin temor a ser juzgadas. En ocasiones, los problemas emocionales son minimizados con frases como «eso se te pasa» o «tienes que ser más fuerte», cuando lo que realmente necesitan las personas es comprensión, acompañamiento y ayuda profesional. No debemos confundir el sufrimiento emocional con una falta de voluntad o debilidad.

También es importante reconocer la responsabilidad del Estado. Aunque Colombia cuenta con medidas como el Código Dorado, establecido mediante la Resolución 0347 de 2026 para fortalecer la atención inmediata y la prevención de la conducta suicida, todavía es necesario garantizar que estos servicios lleguen a todas las regiones, especialmente a las comunidades rurales y a las poblaciones que tienen dificultades para acceder a la atención psicológica.

Desde mi punto de vista, no podemos esperar a que ocurra una tragedia para comenzar a preocuparnos por la salud mental. Las familias, las instituciones educativas y las autoridades deben trabajar conjuntamente para promover la educación emocional, combatir los prejuicios y facilitar el acceso a profesionales de la salud. Escuchar a alguien, tomar en serio sus sentimientos y ayudarle a buscar atención puede marcar una diferencia importante.

Fuente: Ministerio de Salud y Protección Social de Colombia