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El resplandor del Museo del Oro, un viaje al corazón precolombino de Bogotá

Bogotá alberga una de las colecciones de orfebrería prehispánica más importantes del mundo, del patrimonio cultural de Colombia.

Por Elkin Rafael Hernandez GarciaRedacción EXTRA
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El resplandor del Museo del Oro, un viaje al corazón precolombino de Bogotá
Imagen de portada · Grupo Editorial Central

Bogotá alberga una de las colecciones de orfebrería prehispánica más importantes del mundo.

El Museo del Oro del Banco de la República es, sin duda, un hito imperdible tanto para los habitantes de la capital como para los turistas internacionales. Ubicado en el centro histórico de la ciudad, este espacio custodia cerca de 34.000 piezas de oro y más de 20.000 objetos de cerámica, piedra y textil pertenecientes a culturas indígenas como la Muisca, Quimbaya y Calima.
El recorrido por sus cuatro salas temáticas ofrece una inmersión profunda en las técnicas metalúrgicas avanzadas y en la cosmovisión de las sociedades que habitaron el territorio antes de la llegada de los españoles. Uno de los mayores atractivos es la icónica Balsa Muisca, una pequeña pieza que representa la ceremonia que dio origen a la famosa leyenda de El Dorado.
Visitar este museo no es solo contemplar el brillo del metal precioso. Es comprender el valor sagrado, político y social que las comunidades prehispánicas otorgaban a estos objetos. El Museo del Oro consolida a la ciudad como un destino cultural clave en América Latina.
El emblemático Museo del Oro, perteneciente a la red cultural del Banco de la República, se alza en el centro histórico de la capital como un testimonio vivo del esplendor indígena. Este espacio custodia cerca de 34.000 piezas de oro de una perfección técnica sorprendente, junto a más de 20.000 objetos líticos, cerámicos y textiles de sociedades precolombinas como los muiscas, quimbayas, taironas y zenúes.
El diseño museográfico guía al público a través de un viaje místico. Las salas del segundo y tercer piso desglosan el trabajo metalúrgico precolombino, revelando cómo fundían, martillaban y aleaban los metales utilizando avanzadas técnicas de cera perdida. Sin embargo, el misticismo alcanza su punto máximo al encontrarse con la icónica Balsa Muisca, una delicada obra que representa el ritual sagrado de la laguna de Guatavita, epicentro histórico de la legendaria leyenda de El Dorado.
Más allá del brillo material, el museo profundiza en el significado cosmológico del oro, el cual simbolizaba el poder de los caciques y la conexión espiritual de los chamanes con el cosmos. La experiencia culmina en la Sala del Ofrendatorio, una instalación envolvente donde la luz y el sonido transportan a los visitantes a una ceremonia ancestral indígena.

A día de hoy, este recinto sigue siendo catalogado por publicaciones globales de turismo y cultura como uno de los mejores museos de toda Sudamérica. Su propuesta interactiva no solo educa sobre las raíces prehispánicas del país, sino que revitaliza el orgullo de una identidad diversa. El Museo del Oro atiende al público de martes a domingo, ofreciendo tarifas de acceso muy accesibles y entradas gratuitas los días festivos, convirtiéndose en el plan de fin de semana perfecto para familias y académicos que buscan descifrar el pasado oculto de nuestro territorio.

Fuente: google