Edición Colombia
-- °CClima
USD --TRM

Inicio/Política

¡EL PODER ES EFIMERO Y PERTENECE AL PUEBLO!!

En las democracias, el poder no se hereda ni se posee: se recibe en préstamo. Lo entrega la ciudadanía en las urnas, por un tiempo definido y bajo una condición

Por Ana Lucia TumalRedacción EXTRA
⏱ 2 min de lectura
¡EL PODER ES EFIMERO Y PERTENECE AL PUEBLO!!
Imagen de portada · Grupo Editorial Central

En las democracias, el poder no se hereda ni se posee: se recibe en préstamo. Lo entrega la ciudadanía en las urnas, por un tiempo definido y bajo una condición esencial: que quien gobierna recuerde siempre que su autoridad nace de la voluntad popular. El pueblo concede un mandato, pero también conserva el derecho de retirarlo cuando llega la hora señalada por la ley.

Por eso el poder democrático es, por naturaleza, efímero. Tiene fecha de inicio y fecha de vencimiento. Ningún cargo público debería confundirse con una propiedad privada ni con una corona vitalicia. Allí radica una de sus mayores fortalezas: la alternancia evita que el poder se pudra en manos de una sola persona o de un solo grupo.

La historia demuestra que incluso los regímenes que parecían inconmovibles terminan enfrentando su propio límite. Algunas dictaduras duran años, otras décadas; algunas caen por presión ciudadana, otras por crisis internas, derrotas económicas o rupturas dentro del círculo de poder. Pero todas comparten una verdad incómoda: ningún poder humano es eterno. La diferencia es que la democracia reconoce esa temporalidad y la organiza mediante elecciones, leyes y controles; la dictadura la niega hasta que la realidad la derrumba.

El espejo latinoamericano ofrece ejemplos cercanos. Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, su caída mostró que incluso los regímenes más cerrados pueden resquebrajarse cuando se agotan los apoyos internos y externos. Esa misma lección ronda hoy a Nicaragua, donde Daniel Ortega y Rosario Murillo han convertido el poder en un proyecto familiar, concentrando instituciones, cerrando espacios electorales y elevando a la esposa del gobernante a la condición de copresidenta. Cuando una dictadura confunde permanencia con eternidad, termina acumulando las grietas que anuncian su derrumbe.

En tiempos de personalismos y tentaciones autoritarias, conviene repetir una idea sencilla: quien llega al gobierno por el voto no recibe un cheque en blanco, sino una responsabilidad limitada. El poder pertenece al pueblo, no al gobernante. El poder, tarde o temprano, vuelve a su verdadero dueño: la ciudadanía. Correo. [email protected]

Más Noticias en EXTRA

Ver todo Política →