EL PENDULO EN LA DERECHA Se acude a la propagación del miedo
El ala ultraconservadora que volvió a ocuparse del gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica como ya sucedió en otras épocas

El ala ultraconservadora que volvió a ocuparse del gobierno de los Estados
Unidos de Norteamérica en cabeza de Donald Trump, como ya sucedió en otras
épocas, también generó el regreso de la ultraderecha en muchos de los países
cuyo patrón político continúa siendo el de la llamada gran nación. Tal como
sucedió en el pasado siglo durante la administración de Reagan allá en los 80, en
los 90 con Busch padre y comenzando este nuevo milenio con Busch hijo, vuelve a
enarbolarse la seguridad como bandera de campaña y de gobierno, en los Estados
Unidos de Norteamérica como en los países satélites. Se acude a la propagación
del miedo que se introduce por todas las partes mediante relatos que hablan de
la presencia del maligno en cualquier lado y del modo menos esperado, lo convierte
el grito de la turba en exigencia de protección y defensa.
Por lo que, si la defensa y la
protección no son principios políticos, hay que mostrarlos como si lo fueran,
para ello se acude a las imagenes que permite ver el riesgo inminente en el que
se encuentran la familia, la religión, las buenas costumbres, la propiedad
privada y el país todo. En consecuencia, la defensa y la protección se exponen
como columnas de un programa de gobierno pensado para mover sentimientos en ese
sector de la sociedad que ve en el
pasado su horizonte, en tanto que lo considera lo único fiable, al encontrar
únicamente delante suyo la necesidad de crear porque el mundo ahí aún está por
hacerse y el vació asusta cuando se lo bordea de la mano de la ciega
obediencia. El dilema de Adán podría llamarse al tener que escoger entre seguir
en el paraíso por miedo a perder lo que se tiene, así sea poco, renunciando a
la sabiduría o salir de ahí para descubrirse como ser inteligente atraído por
la infinitud que lo desafía a ser más.
Durante el transcurso de las campañas electorales, tanto en los anteriores
años como hoy, el enfrentamiento entre los sectores de la derecha, defensores del
dejar las cosas como están por seguridad, y aquellos que proponen el cambio
buscando avanzar hacia una vida con muchas más posibilidades de ser feliz, se
ha dado mediante una férrea lucha ideológica que bien recuerda las guerras
santas, tanto las que libraron moros y cristianos, protestantes y católicos,
como las de este siglo entre fundamentalistas judíos e islamitas. Guerras en
las que el pensamiento progresista ha sido arrinconado en tanto que quienes lo
exponen no han sido capaces de articularse como una solo y grande conglomerado
de fuerzas e intereses comunes: grupos de etnias, migrantes, obreros, mujeres,
homosexuales, estudiantes, protectores de la naturaleza, artistas, científicos
y muchos más. Todos defensores de los derechos, de la libertad y la vida pero
que ante una masa expectante que espera propuestas y soluciones para los
problemas inmediatos de una comunidad que más que seguridad y protección exige
que no se la mueva de sus concepciones pues ahí han estado y están bien.
Mientras la derecha llena calles y carreteras con soldados y policías, construye
mega cárceles, castiga la corrupción, exacerba el nacionalismo y convierte las
instituciones educativas en formadoras de legionarios contra el comunismo. La
izquierda mantiene un soliloquio a la espera de poder debatir con sus
contrarios la validez de recuperar las viejas rutinas sociales, convertidas en
valores, ante la catástrofe moral que en la derecha avizoran ya encima. Discutir
la efectividad de las estrategias de defensa ante todo cuanto identifican como
amenaza, ahí donde sus rituales carecen ya de sentido. Pero la derecha no está
para hablar y menos permitir que se explique en qué consisten sus mitos y por
qué ata los miedos a esas creencias. [email protected]




