‘Damnatio memoriae’: la mutilación del relato en el Museo Nacional
Análisis sobre la retirada de piezas históricas en el Museo Nacional y los riesgos de imponer una narrativa oficial mediante la censura.


En la antigua Roma, cuando un régimen pretendía borrar a sus detractores de la posteridad, decretaba la ‘damnatio memoriae’: martillaba sus estatuas, raspaba sus nombres de los bronces y prohibía nombrar su recuerdo. La tentación de la amnesia decretada, esa misma pulsión que inspiró las distopías de Orwell y Bradbury, regresa dos milenios después a Colombia cuando la administración nacional estrenada recientemente decide la ejecución sistemática de salas enteras en el emblemático Museo Nacional.
La sustracción del archivo histórico y el riesgo autoritario
Sustraer más de treinta piezas históricas, desde las consignas del movimiento social y las reivindicaciones de género, hasta la pluma del acuerdo de paz y los vestigios de líderes acribillados incluso por el mismo Estado, no es una simple reorganización curatorial; es un intento por anestesiar el juicio de la ciudadanía. Ciertamente, el gobierno saliente abusó del escenario público para imponer la iconografía del M-19 al enarbolar su bandera en plena escenografía del poder, erosionando así, la neutralidad del Estado. Sin embargo, responder a ese exceso partidista con el raspado físico del archivo nacional es un salto al vacío autoritario del poder.
Un museo vivo resguarda la pluralidad del devenir colectivo, no los dogmas de la administración de turno. Confiscar del recorrido público las evidencias del conflicto y de las luchas civiles revela la fragilidad de una gestión que confunde la censura con la ecuanimidad, reduciendo el patrimonio cultural a un botín ideológico. Lejos de sanar las fisuras del país, el ocultamiento de las piezas expone el temor institucional a la confrontación con la realidad.
Ante esta situación, la justicia constitucional ha intervenido mediante la admisión de una acción de tutela que ordenó, como medida cautelar, la preservación inmediata de todas las piezas retiradas, prohibiendo su destrucción o alteración y exigiendo sustentos administrativos formales para cualquier intervención que afecte la memoria histórica y los derechos culturales.
Una narrativa inocua frente al examen de la historia
Esta ‘damnatio memoriae’ criolla intenta imponer una narrativa anestesiada e inocua que no reescribe los hechos, sino que retrata la inseguridad de un poder que prefiere esconder la evidencia antes que someterse al examen de la historia. La memoria de una nación golpeada no se borra por decreto ni se disuelve en el silencio de vitrinas vacías.
Fuente: Oscar Andrés Morales Loaiza




