Crece la preocupación entre los arroceros colombianos
Crece la preocupación entre los arroceros colombianos: producir una cosecha cuesta millones y las ganancias no compensan el esfuerzo.

El sector arrocero colombiano vuelve a encender las alertas por las dificultades económicas que enfrentan los productores, quienes piden reglas más claras para la comercialización del grano y una mayor intervención que permita equilibrar los costos de producción con el precio recibido por sus cosechas. Durante una entrevista radial divulgada este 13 de octubre, el empresario arrocero Manuel Cardoso, del norte del Tolima, describió un panorama complejo para los agricultores y sostuvo que la rentabilidad de los cultivos se ha reducido considerablemente. La discusión vuelve a poner en primer plano una pregunta fundamental para el campo colombiano: ¿cómo garantizar que quienes producen los alimentos puedan cubrir sus gastos y continuar trabajando?
De acuerdo con el testimonio del productor, cultivar una hectárea de arroz en su zona puede representar costos cercanos a los 10 u 11 millones de pesos. Sin embargo, señaló que, en las condiciones que describió, el ingreso por la cosecha puede dejar un margen muy reducido. Estas cifras corresponden al caso expuesto por el empresario y no deben interpretarse como un costo uniforme para todas las regiones del país, pues la productividad, los insumos, el clima y las condiciones de comercialización varían de una zona a otra. Aun así, su declaración refleja la preocupación de los agricultores que consideran insuficiente la remuneración que reciben por su trabajo.
Uno de los principales puntos de discusión es la forma en que se negocian los precios entre productores y compradores. Los agricultores piden mayor previsibilidad para conocer cuánto recibirán por el arroz que entregan y reclaman medidas que les permitan competir en mejores condiciones. También existe preocupación por los costos de los fertilizantes, las semillas y otros insumos necesarios para mantener los cultivos. Cuando el precio de venta no compensa esos gastos, los productores pueden tener dificultades para pagar obligaciones, financiar nuevas siembras y sostener los empleos que dependen de la actividad agrícola.
El debate tiene consecuencias que van más allá de las fincas. La producción de arroz está vinculada con el empleo rural, el transporte, el procesamiento industrial y el abastecimiento de alimentos. Si los agricultores reducen sus áreas de siembra por falta de rentabilidad, pueden surgir nuevas dificultades para la cadena productiva. Por esa razón, el llamado del sector es encontrar soluciones que contemplen tanto la sostenibilidad económica de los productores como el funcionamiento del mercado y el acceso de los consumidores a los alimentos.
Fuente: caracol radio




