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Bogotá recibirá millonaria inversión internacional para proteger el agua

Una donación de la ONU permitirá restaurar páramos y bosques, mientras cientos de familias campesinas recibirán incentivos por proteger las fuentes hídricas.

Por Jesus Eduardo LopezRedacción EXTRA
⏱ 4 min de lectura
Bogotá recibirá millonaria inversión internacional para proteger el agua
Imagen de portada · Grupo Editorial Central

Bogotá y Cundinamarca recibirán una importante inversión ambiental para proteger los ecosistemas que garantizan el suministro de agua a millones de personas. El Fondo Verde para el Clima de las Naciones Unidas aprobó una donación superior a los $145.000 millones, que, sumada a los recursos de la Alcaldía y otros aliados, permitirá reunir cerca de $244.000 millones para desarrollar el programa Construyendo Resiliencia Hídrica en Bogotá y la Región.

La iniciativa busca recuperar bosques altoandinos, conservar páramos y proteger las zonas donde nacen los principales ríos y quebradas que abastecen a Bogotá y varios municipios de Cundinamarca.

El proyecto cobra especial importancia después de la crisis de abastecimiento que obligó a implementar racionamientos de agua en la capital durante 2024 y 2025. La experiencia dejó en evidencia que no basta con administrar los embalses: también es necesario proteger los ecosistemas encargados de almacenar, regular y distribuir naturalmente el recurso hídrico.

La secretaria distrital de Ambiente, Adriana Soto, destacó que la financiación permitirá fortalecer las estrategias de adaptación al cambio climático y reducir los riesgos asociados a temporadas de sequía y lluvias intensas.

Campesinos recibirán incentivos económicos por cuidar el agua

Uno de los componentes más importantes del programa será el reconocimiento económico a las familias campesinas que protejan los bosques, páramos y terrenos estratégicos para el abastecimiento de agua.

El mecanismo se conoce como Pagos por Servicios Ambientales (PSA) y consiste en entregar incentivos económicos o en especie a propietarios y habitantes rurales que se comprometan voluntariamente a conservar y recuperar áreas naturales dentro de sus predios.

La meta es vincular al menos 650 familias campesinas y propietarios rurales, quienes contribuirán a conservar aproximadamente 4.800 hectáreas de ecosistemas estratégicos.

De esta manera, los campesinos no solamente participarán en la protección ambiental, sino que también podrán recibir un reconocimiento por las actividades de conservación que benefician a millones de habitantes de la región.

Adicionalmente, el proyecto acompañará a cerca de 1.200 familias productoras para implementar prácticas agrícolas y ganaderas sostenibles en aproximadamente 2.400 hectáreas. También respaldará a 30 asociaciones rurales para mejorar la comercialización de sus productos.

¿En qué lugares se invertirán los recursos?

El programa concentrará sus actividades en 12 microcuencas de cuatro zonas estratégicas: Tunjuelo, Guandoque, Villapinzón y Tominé.

También contempla intervenciones en los páramos de Sumapaz, Chingaza, Guacheneque y Guerrero, además de diferentes bosques altoandinos fundamentales para mantener el equilibrio de las fuentes hídricas.

Entre las principales metas ambientales se encuentran:

  • Restaurar más de 2.000 hectáreas de páramos y bosques altoandinos deteriorados.

  • Conservar cerca de 4.800 hectáreas mediante acuerdos con familias rurales.

  • Fortalecer 40 acueductos comunitarios y veredales.

  • Impulsar prácticas productivas sostenibles en 2.400 hectáreas.

  • Mejorar las oportunidades comerciales de 30 asociaciones campesinas.

El proyecto también beneficiará a comunidades de municipios como Villapinzón, Sesquilé, Guatavita, Guasca, Tausa, Cogua y Zipaquirá.

Una apuesta para evitar nuevas crisis de agua

La ejecución del programa está proyectada entre 2027 y 2032 y sus beneficios podrían alcanzar a más de 10 millones de habitantes de Bogotá y 33 municipios de Cundinamarca.

La Alcaldía Distrital también estableció como objetivo ampliar las áreas vinculadas a acuerdos de conservación, pasando de las 6.008 hectáreas actuales a 12.000 hectáreas para finales de 2027.

Más allá de la inversión económica, la iniciativa busca cambiar la manera en que se protege el agua: reconocer que su disponibilidad depende directamente de los ecosistemas y de las comunidades rurales que los conservan.

El desafío será garantizar que los recursos se ejecuten correctamente, que los incentivos lleguen efectivamente a las familias campesinas y que las acciones de restauración produzcan resultados medibles.

De cumplirse estas metas, Bogotá y Cundinamarca tendrán mayores herramientas para enfrentar futuras sequías, proteger sus fuentes naturales y reducir el riesgo de repetir una emergencia de abastecimiento como la vivida recientemente.

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