Más allá de las letras: el reto de alfabetizar a millones de colombianos

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La alfabetización en Colombia enfrenta un desafío que va mucho más allá de enseñar a las personas a reconocer letras, escribir su nombre o leer una frase. En la actualidad, estar alfabetizado también significa comprender información, interpretar documentos, identificar contenidos falsos, utilizar herramientas digitales y participar de manera activa en la sociedad. A pesar de los avances alcanzados durante las últimas décadas, cerca de 1,8 millones de colombianos todavía no saben leer ni escribir.

Cada 8 de septiembre se conmemora el Día Internacional de la Alfabetización, una fecha que busca llamar la atención sobre la importancia de garantizar el acceso a la educación y a las habilidades básicas de lectura y escritura. En la vida cotidiana, estas capacidades son fundamentales para actividades tan sencillas como leer una factura, comprender un contrato, diligenciar un formulario, seguir las instrucciones de un medicamento o interpretar información que circula por internet.

Según los datos de 2025 citados en el informe del Laboratorio de Economía de la Educación de la Pontificia Universidad Javeriana, elaborado a partir de información de la Gran Encuesta Integrada de Hogares del DANE, el 4 % de la población colombiana de 10 años o más es analfabeta. Esto representa aproximadamente 1.817.393 personas, una cantidad comparable con la población total de un departamento como Norte de Santander.

Aunque Colombia ha conseguido una reducción considerable del analfabetismo, el ritmo de avance se ha desacelerado durante los últimos años. En 1964, la tasa alcanzaba el 27,1 %, mientras que actualmente se encuentra alrededor del 4 %. Esta disminución representa un importante progreso histórico, pero también evidencia que persiste un grupo de población que ha quedado por fuera de las oportunidades educativas y que resulta más difícil de alcanzar mediante las estrategias tradicionales.

El problema presenta una marcada desigualdad territorial. En las zonas rurales, la tasa de analfabetismo llega al 9,3 %, casi cuatro veces más que en las áreas urbanas, donde se ubica en el 2,6 %. Los departamentos con mayores niveles son La Guajira, Chocó, Sucre, Córdoba y Nariño, mientras que Bogotá y San Andrés registran los porcentajes más bajos.

La situación también tiene una estrecha relación con las condiciones sociales y educativas de las personas afectadas. El informe señala que aproximadamente tres de cada cuatro personas analfabetas se reconocen como campesinas y que el 96 % no cuenta con ningún nivel educativo aprobado. Esto indica que, en numerosos casos, el problema no está relacionado con haber abandonado la escuela después de varios años de estudio, sino con no haber tenido acceso a la educación formal desde el comienzo.

La edad es otro factor determinante. Mientras el analfabetismo es muy bajo entre los niños de 10 a 14 años, aumenta progresivamente entre las generaciones mayores y alcanza el 35 % entre las personas de 95 a 100 años. Esta diferencia refleja las enormes brechas que existían décadas atrás, especialmente en las zonas rurales, donde la cobertura educativa era mucho más limitada que en la actualidad.

También existen diferencias relacionadas con el género y la pertenencia étnica. A nivel nacional, las mujeres presentan una tasa de analfabetismo ligeramente inferior a la de los hombres, con 3,8 % frente a 4,2 %. Sin embargo, en departamentos como La Guajira y Chocó, las mujeres concentran una parte importante del rezago. En cuanto a los grupos étnicos, la población indígena presenta una tasa de analfabetismo del 11,7 %, más de tres veces superior a la registrada entre quienes no pertenecen a ningún grupo étnico.

El concepto de alfabetización también ha cambiado debido a la transformación tecnológica. La expansión de internet, las redes sociales y la inteligencia artificial ha multiplicado la cantidad de información disponible, pero al mismo tiempo ha generado nuevos riesgos. Todos los días circulan textos, fotografías, videos y audios cuyo origen o veracidad no siempre está claro.

Por esta razón, saber leer ya no significa únicamente comprender las palabras de un texto. Una persona necesita también desarrollar capacidades para analizar información, verificar fuentes, reconocer contenidos engañosos, diferenciar hechos de opiniones y determinar quién está detrás de un mensaje. La inteligencia artificial hace que este desafío sea aún mayor, debido a que actualmente puede producir imágenes, videos, audios y textos que pueden resultar difíciles de distinguir de contenidos reales.

En este contexto, la alfabetización se relaciona directamente con la participación social y el ejercicio de derechos. Leer y escribir permite comprender información proveniente de instituciones, expresar ideas, realizar trámites, acceder a servicios y tomar decisiones con mayor conocimiento. Por ello, los sistemas educativos enfrentan el reto de formar ciudadanos que no solamente puedan descifrar palabras, sino que también sepan interpretar y utilizar responsablemente la información.

El problema tampoco es exclusivo de Colombia. A nivel mundial, alrededor de 739 millones de adultos no saben leer ni escribir, y aproximadamente dos tercios de ellos son mujeres. Aunque la alfabetización mundial ha mejorado de manera importante durante el último siglo, las cifras continúan mostrando grandes desigualdades entre regiones.

Cuando se fundó la UNESCO, hace ocho décadas, solamente alrededor del 45 % de los adultos sabía leer y escribir. Actualmente, aproximadamente nueve de cada diez adultos cuentan con estas capacidades y entre los jóvenes de 15 a 24 años la alfabetización llega al 93 %. Sin embargo, el crecimiento de la población hace que el número absoluto de personas analfabetas no siempre disminuya al mismo ritmo.

Un ejemplo se encuentra en África Subsahariana, donde la tasa de alfabetización aumentó del 65 % al 69 % desde 2015, pero el número de adultos que no saben leer ni escribir pasó de 196 a 225 millones debido al crecimiento demográfico. A escala mundial, el sur de Asia concentra cerca de la mitad de la población adulta analfabeta, mientras que África Subsahariana reúne aproximadamente otro 27 %.

En América Latina y el Caribe, los indicadores son considerablemente más altos: alrededor del 94 % de los adultos y el 98 % de los jóvenes están alfabetizados. Sin embargo, todavía existen aproximadamente 38 millones de personas analfabetas en la región. Los niveles también varían significativamente entre países, con Argentina alrededor del 99 % de alfabetismo y Haití cerca del 72 %.

En conclusión, el desafío de la alfabetización en Colombia tiene varias dimensiones. Por un lado, persiste la necesidad de garantizar que millones de personas puedan aprender las habilidades básicas de lectura y escritura. Por otro, el mundo digital exige nuevas competencias para comprender, verificar y utilizar correctamente la enorme cantidad de información que circula diariamente.

Las cifras muestran que el analfabetismo colombiano está especialmente relacionado con la ruralidad, la pobreza educativa histórica, la edad, las desigualdades territoriales y las brechas que afectan a determinadas comunidades. Por eso, reducirlo requiere estrategias que tengan en cuenta las características específicas de las poblaciones que todavía permanecen al margen del sistema educativo.

La alfabetización, en definitiva, no representa únicamente la capacidad de leer una palabra o escribir una frase. Es una herramienta que permite acceder a derechos, comprender el entorno, participar en la sociedad, tomar decisiones y enfrentar los desafíos de un mundo cada vez más marcado por la tecnología y la información.


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