La combinación de altas temperaturas, déficit de agua y numerosos incendios forestales está aumentando la preocupación entre los productores del departamento. Algunas zonas agrícolas ya reportan pérdidas, mientras gremios y autoridades piden extremar las medidas para proteger las cosechas.
El sector agrícola del Tolima enfrenta una temporada especialmente compleja debido a la combinación de altas temperaturas, disminución de las lluvias y una ola de incendios forestales que se ha extendido por diferentes municipios del departamento.
La situación preocupa especialmente porque la falta de agua no solamente incrementa el riesgo de incendios, sino que también dificulta el desarrollo normal de los cultivos y reduce la disponibilidad del recurso necesario para los sistemas de riego.
La Gobernación del Tolima había advertido desde julio sobre el incremento de las emergencias durante la temporada seca. Entre el 3 de mayo y el 23 de julio se habían registrado 151 incendios que afectaron 821,19 hectáreas de cobertura vegetal, mientras las temperaturas en algunos municipios superaban los 39 grados Celsius. El maíz, uno de los cultivos más golpeados por la sequía
Uno de los casos más preocupantes corresponde al maíz, especialmente en municipios como Valle de San Juan y Armero Guayabal.
En mayo, productores de Valle de San Juan reportaron afectaciones en más de 2.400 hectáreas debido a la falta de lluvias y las altas temperaturas. Las pérdidas económicas estimadas para la cosecha de maíz superaban entonces los $10.000 millones.
La ausencia prolongada de precipitaciones afecta las diferentes etapas del cultivo. Cuando el suelo pierde humedad y las temperaturas permanecen elevadas, las plantas pueden presentar dificultades para desarrollarse, reducir su productividad e incluso perderse completamente cuando el estrés hídrico se prolonga.
El problema adquiere mayor dimensión cuando los agricultores no cuentan con sistemas de riego suficientes para compensar la ausencia de lluvias.
Otro de los sectores que permanece bajo observación es el arrocero.
El Comité de Arroceros del Tolima alertó recientemente sobre una situación crítica de disponibilidad de agua en el departamento. La falta de lluvias en las zonas de cordillera y la disminución de los niveles de los afluentes están reduciendo el suministro para los distritos de riego.
El gremio recomendó a los productores evaluar la disponibilidad real de agua antes de iniciar nuevas siembras, especialmente porque algunas fuentes hídricas deben atender simultáneamente las necesidades de consumo humano.
La situación es particularmente importante para municipios y zonas productoras donde el arroz depende de sistemas de irrigación para mantener los ciclos agrícolas.
A la falta de lluvias se suma el avance de los incendios forestales.
En los primeros días de agosto, Cortolima reportó 40 incendios forestales y cerca de 484 hectáreas afectadas.
Posteriormente, el escenario se agravó. Fenalce informó que entre las zonas con afectaciones por los incendios se encuentran San Luis, Payandé, Guamo, El Espinal, Chicoral e Ibagué, en un momento en que el departamento enfrentaba decenas de conflagraciones activas.
Uno de los ejemplos más concretos se presentó en Armero Guayabal, donde un incendio en la Hacienda Teagro afectó aproximadamente 80 hectáreas de potreros y pastos destinados a la producción agropecuaria, con daños estimados en cerca del 70 % del área productiva del predio.
Aunque el impacto no es igual en todo el departamento, la combinación de sequía e incendios representa una amenaza para diferentes actividades agrícolas.
El Tolima cuenta con importantes zonas productoras de café, arroz, maíz, aguacate, plátano, fríjol, yuca, caña y otros productos agrícolas. En municipios de montaña, por ejemplo, el café y otros cultivos permanentes pueden verse afectados por las variaciones en temperatura y disponibilidad de agua.
En las zonas más secas, cultivos transitorios y áreas de pastoreo tienen una exposición especial cuando la vegetación pierde humedad y se convierte en material combustible.
Además, los incendios no solamente destruyen directamente las plantas. También pueden afectar suelos, fuentes hídricas, cercas, infraestructura agrícola, sistemas de riego y potreros, aumentando las pérdidas económicas para los productores.
El panorama exige especial atención porque la disponibilidad de agua será determinante para la próxima etapa de producción.
Los productores de arroz en Ibagué, por ejemplo, ya han sido llamados a reducir o ajustar las áreas de siembra cuando no exista garantía de agua suficiente.
Mientras tanto, las autoridades mantienen el monitoreo sobre las condiciones climáticas y los incendios, al tiempo que los organismos de socorro continúan atendiendo las emergencias.
La situación deja un mensaje claro para el campo tolimense: proteger los cultivos durante la temporada seca no depende únicamente de combatir las llamas, sino también de administrar cuidadosamente el agua, evitar quemas y fortalecer las medidas de prevención.
Para miles de familias que dependen directamente de la agricultura, la recuperación de las lluvias y el control de los incendios serán fundamentales para evitar que la actual emergencia termine convirtiéndose también en una crisis productiva y económica para el Tolima.


