Emisiones de metano en minas: nuevas reglas obligarán a reducir las fugas de las explotaciones de carbón

[responsivevoice_button voice="Spanish Latin American Male" buttontext="Escuchar Noticia"]
Compartir en

La lucha contra las emisiones de metano provenientes de la minería del carbón entrará en una nueva etapa en Nueva Gales del Sur, Australia, después de que la autoridad ambiental del estado anunciara nuevas exigencias para las explotaciones mineras.

La medida fue presentada por la Environment Protection Authority (EPA) de Nueva Gales del Sur el 19 de marzo de 2026 y contempla requisitos específicos para que determinadas minas reduzcan directamente sus emisiones de metano, especialmente aquellas asociadas con operaciones subterráneas.

Las nuevas disposiciones se implementarán progresivamente a partir de 2027 y están acompañadas por una guía específica para el sector denominada Greenhouse Gas Mitigation Guide for NSW Coal Mines. El documento establece medidas para reducir el metano que se libera durante las actividades mineras, así como otras emisiones de gases de efecto invernadero.

La documentación oficial puede consultarse directamente en la página de requisitos climáticos de la EPA de Nueva Gales del Sur.

Una precisión sobre el origen de la medida

Aunque algunas versiones de esta información pueden presentar a la EPA como una autoridad estadounidense, el anuncio que establece estas nuevas medidas procede de Nueva Gales del Sur (NSW), uno de los estados de Australia.

La confusión es relevante porque la EPA de Estados Unidos también utiliza las siglas EPA y cuenta desde hace años con mecanismos para registrar las emisiones de metano de determinadas minas subterráneas de carbón. Sin embargo, el programa estadounidense y las nuevas exigencias anunciadas en marzo de 2026 en Nueva Gales del Sur son iniciativas diferentes.

En Estados Unidos, el Greenhouse Gas Reporting Program de la U.S. EPA contempla las minas subterráneas de carbón que liberan al menos 36,5 millones de pies cúbicos reales de metano al año a través de sus sistemas de ventilación. El programa exige reportar el metano liberado por sistemas de ventilación y desgasificación.

En Nueva Gales del Sur, en cambio, la nueva guía establece medidas de reducción directa de emisiones para determinadas minas, además de obligaciones de reporte y planificación climática.

¿Por qué el metano de las minas es un problema?

El metano, cuya fórmula química es CH₄, se encuentra naturalmente atrapado en las capas de carbón y en las formaciones rocosas que las rodean.

Durante la explotación minera, parte de ese gas queda liberado. En las minas subterráneas, además, el metano representa un problema de seguridad porque puede formar mezclas explosivas con el aire. Por esa razón, las minas utilizan grandes sistemas de ventilación que introducen aire fresco en las galerías y expulsan hacia la superficie el aire que contiene metano.

Ese proceso de ventilación es fundamental para la seguridad de los trabajadores, pero también genera un problema ambiental: el aire expulsado puede contener concentraciones relativamente bajas de metano, pero en cantidades muy grandes de aire.

A este flujo se le conoce como ventilation air methane (VAM) o metano del aire de ventilación.

La guía de la EPA de Nueva Gales del Sur señala que, después de los procesos de drenaje y sellado de antiguas áreas mineras, el aire de ventilación de una mina puede contener aproximadamente entre 0,1 % y 1 % de metano.

El reto tecnológico está precisamente en tratar esas concentraciones relativamente bajas sin interferir con los sistemas de ventilación que mantienen seguras las operaciones.

El peso de la minería del carbón en las emisiones de Nueva Gales del Sur

Según la EPA de Nueva Gales del Sur, la minería del carbón representa aproximadamente 30 % de las emisiones de metano del estado y constituye su mayor fuente de metano de origen fósil.

Los datos incluidos en la guía muestran además que las emisiones fugitivas de la minería del carbón representaron alrededor del 8 % de las emisiones totales de gases de efecto invernadero de alcance 1 de Nueva Gales del Sur en 2023.

La distribución entre tipos de explotación también es significativa: aproximadamente 77 % de las emisiones fugitivas de las minas de carbón procedieron de explotaciones subterráneas, mientras que alrededor del 23 % correspondió a minas superficiales.

Esto explica por qué buena parte de las nuevas medidas están enfocadas en las operaciones subterráneas, donde los sistemas de ventilación y desgasificación desempeñan un papel central.

¿Qué tendrán que hacer las minas?

La guía establece diferentes mecanismos para reducir las emisiones fugitivas de metano.

Entre ellos se encuentran el drenaje del gas, la quema o utilización del metano drenado, la detección y reparación de fugas en antiguas zonas de explotación y el tratamiento del metano presente en el aire de ventilación.

Una de las primeras obligaciones contempla el gas de drenaje con concentraciones superiores al 30 % de metano. En determinadas minas subterráneas operativas que cumplan los criterios establecidos por la EPA, ese gas deberá ser quemado mediante antorchas o aprovechado, con implementación prevista para el 1 de julio de 2027.

La lógica detrás de esta medida es evitar que el metano capturado termine directamente en la atmósfera. Cuando se utiliza o se quema de forma controlada, se transforma principalmente en dióxido de carbono y agua.

El dióxido de carbono sigue siendo un gas de efecto invernadero, pero el metano tiene un efecto de calentamiento mucho mayor durante las primeras décadas después de su emisión.

El desafío del metano del aire de ventilación

Uno de los puntos más complejos de la nueva estrategia es el denominado VAM, el metano presente en el aire de ventilación.

A diferencia del gas que puede extraerse directamente mediante sistemas de drenaje, el VAM está muy diluido. Esto hace que las tecnologías convencionales de aprovechamiento o combustión sean más difíciles de utilizar.

La EPA establece que las minas subterráneas que superen determinados niveles de emisiones y concentración de VAM deberán instalar sistemas de abatimiento.

Para las minas que emiten 1 millón de toneladas o más de CO₂ equivalente al año, la guía establece que deberán contar con un sistema de abatimiento de VAM en al menos un pozo para el 1 de julio de 2030 y alcanzar una reducción anual de al menos 75 % de sus emisiones de VAM desde el 1 de julio de 2032.

Para las minas que emitan menos de un millón de toneladas de CO₂ equivalente al año, el plazo para contar con el sistema en al menos un pozo se extiende hasta el 1 de julio de 2032, mientras que el objetivo de abatir al menos 75 % de las emisiones anuales de VAM comenzará el 1 de julio de 2034.

Estas obligaciones se aplican bajo condiciones específicas, entre ellas la concentración de metano en el aire de ventilación y la ubicación y características de la mina.

Las tecnologías que podrían utilizarse

Una de las alternativas mencionadas en la guía es la oxidación térmica regenerativa, conocida como RTO.

Esta tecnología utiliza el metano presente en el aire de ventilación como combustible y lo oxida en un sistema diseñado para operar con concentraciones relativamente bajas.

La EPA de Nueva Gales del Sur señala que los sistemas RTO ya han sido utilizados en otros países y que existen experiencias internacionales con concentraciones de VAM superiores al 0,3 %. La propia guía cita experiencias desarrolladas en China y Estados Unidos.

Australia también ha desarrollado tecnologías propias para afrontar el problema.

El organismo científico australiano CSIRO ha trabajado durante años en sistemas para tratar el metano del aire de ventilación. Una de sus tecnologías más recientes, denominada CataVAM, emplea oxidación catalítica para tratar concentraciones bajas de metano.

Según CSIRO, una prueba a gran escala realizada en la mina Appin, en Nueva Gales del Sur, procesó flujos de aire de hasta 1,38 metros cúbicos por segundo y logró destruir más del 98 % del metano durante los ensayos finalizados en abril de 2026.

Ver información técnica de CSIRO sobre CataVAM

El sellado de antiguas zonas de explotación también será importante

Otra de las medidas contempladas consiste en controlar las fugas procedentes de antiguas áreas de las minas.

Las operaciones subterráneas suelen sellar zonas que ya no se encuentran en explotación. Estos sellos ayudan tanto a la seguridad como al control del metano, pero pueden deteriorarse con el tiempo.

La EPA considera que revisar estos puntos, detectar fugas y corregirlas constituye una medida disponible para reducir la cantidad de metano que termina entrando en los sistemas de ventilación.

Para determinadas minas subterráneas que cumplan los criterios establecidos, la detección y gestión de estas fugas deberá comenzar a implementarse antes del 1 de julio de 2027.

No todo el problema se limita al metano

Aunque el metano es uno de los principales focos de la nueva regulación, la guía de la EPA no se limita exclusivamente a este gas.

El documento también aborda las emisiones derivadas del consumo de diésel, particularmente importantes en las minas superficiales debido al uso de vehículos y maquinaria pesada.

Según la guía, las emisiones procedentes de equipos que utilizan diésel representaron aproximadamente el 29 % de las emisiones de gases de efecto invernadero de alcance 1 del sector minero del carbón de Nueva Gales del Sur en 2023.

La EPA fomenta el uso de alternativas de menor emisión y contempla la electrificación como una opción futura, aunque no establece actualmente una obligación general de electrificar los vehículos utilizados en las minas.

El organismo reconoce que existen limitaciones relacionadas con la disponibilidad tecnológica y la capacidad de las redes eléctricas.

Las nuevas obligaciones también alcanzan a grandes emisores

Las medidas para el sector minero forman parte de un paquete climático más amplio.

Desde 2027, los nuevos requisitos climáticos de la EPA de Nueva Gales del Sur se aplicarán progresivamente a instalaciones que cuenten con licencias ambientales y superen las 25.000 toneladas de CO₂ equivalente por año.

La EPA estima que esas instalaciones representan aproximadamente el 10 % de sus titulares de licencias, pero concentran alrededor del 50 % de las emisiones de gases de efecto invernadero del estado. El grupo incluye minas de carbón, grandes vertederos y determinadas instalaciones industriales y agrícolas.

Los establecimientos incluidos deberán presentar informes anuales de emisiones y elaborar planes de mitigación y adaptación al cambio climático.

Los primeros informes deberán presentarse el 31 de marzo de 2027, mientras que los plazos para publicar los planes climáticos dependerán del tipo de instalación.

¿Qué pasa con las nuevas minas y las ampliaciones?

La guía también tiene implicaciones para nuevos proyectos mineros y para las ampliaciones o modificaciones de explotaciones existentes.

La EPA señala que los operadores y promotores deberán considerar las medidas de mitigación establecidas en la guía dentro de sus planes climáticos y procesos de evaluación ambiental.

Para las propuestas que busquen ampliar o modificar minas de carbón, la autoridad espera compromisos para evitar o reducir emisiones directamente en las instalaciones y cumplir las exigencias específicas relacionadas con el metano.

La guía también contempla una alternativa basada en resultados: determinadas minas que estén sujetas a requisitos específicos pueden proponer otras medidas de reducción directa que alcancen un nivel equivalente de reducción de emisiones, siempre que puedan demostrar su efectividad y que se trate de reducciones reales en minas, no de la simple compra de compensaciones.

Una política desarrollada después de consultas

Las nuevas disposiciones no surgieron de manera inmediata.

La EPA realizó durante 2025 un proceso de consulta sobre sus propuestas regulatorias y la guía para las minas de carbón. De acuerdo con el documento definitivo, recibió 154 aportes y organizó dos talleres técnicos con empresas mineras y compañías de la cadena de suministro tecnológico.

También participaron expertos independientes y grupos asesores de cambio climático.

La guía publicada en marzo de 2026 fue elaborada a partir de revisiones de literatura científica y técnica, análisis de las tecnologías disponibles, consultas con la industria y evaluaciones independientes sobre el drenaje de gas y el tratamiento del VAM.

El contexto internacional

El interés por reducir el metano procedente de las minas de carbón no se limita a Australia.

La U.S. EPA mantiene desde hace años su Coalbed Methane Outreach Program, dedicado a promover la recuperación y utilización del metano procedente de las minas de carbón. El organismo estadounidense identifica como fuentes de metano las minas subterráneas activas, las minas superficiales, las minas abandonadas, los sistemas de desgasificación y las actividades posteriores a la extracción.

En el caso estadounidense, la agencia también recopila información de las minas subterráneas que cumplen los criterios de su programa de reporte de gases de efecto invernadero. En 2023, las instalaciones incluidas en ese sector reportaron aproximadamente 28,9 millones de toneladas métricas de CO₂ equivalente en emisiones de metano.

Esto muestra que el problema del metano de las minas tiene una dimensión internacional, aunque las medidas regulatorias y los calendarios varían considerablemente entre jurisdicciones.

Una tecnología que todavía enfrenta desafíos

El desarrollo de sistemas para eliminar el metano del aire de ventilación no significa que todas las minas puedan aplicar exactamente la misma solución.

Las concentraciones de metano, el volumen de aire que debe tratarse, las características de cada mina, los sistemas de ventilación y las condiciones de seguridad influyen en la viabilidad de las diferentes tecnologías.

El propio Gobierno de Nueva Gales del Sur reconoce que la mitigación puede resultar más complicada en determinados tipos de minas debido a las diferencias entre los yacimientos y las concentraciones de metano. También señala que la implementación a gran escala de tecnologías VAM todavía requiere resolver aspectos técnicos y de seguridad.

Por ello, la nueva guía no plantea una única tecnología para todas las explotaciones, sino diferentes obligaciones y alternativas de reducción en función de las características y niveles de emisión de cada operación.

¿Qué cambia a partir de ahora?

El cambio principal es que la reducción del metano pasa a tener requisitos regulatorios específicos para determinadas minas de carbón de Nueva Gales del Sur.

El calendario establece 2027 como el primer año clave para medidas relacionadas con el gas de drenaje y el control de fugas, mientras que las exigencias relacionadas con el tratamiento del metano del aire de ventilación se extienden hasta 2030, 2032 y 2034 según el tamaño y las características de las minas.

La medida también refleja un cambio tecnológico: mientras las minas necesitan mantener sistemas de ventilación para garantizar la seguridad de sus trabajadores, las autoridades buscan que el metano que sale de esos sistemas deje de llegar directamente a la atmósfera.

En ese escenario, tecnologías como la oxidación térmica regenerativa y la oxidación catalítica podrían adquirir mayor importancia en los próximos años.

La EPA de Nueva Gales del Sur, además, ha señalado que la guía sobre minería del carbón es la primera de una serie de documentos sectoriales destinados a establecer medidas específicas para reducir emisiones en diferentes industrias.

Por tanto, la noticia no se refiere a una nueva directriz de la EPA estadounidense, sino a una política ambiental de Nueva Gales del Sur, Australia, centrada principalmente en las emisiones de metano de las minas de carbón. Su implementación comenzará de forma progresiva en 2027 y establece objetivos concretos para el tratamiento del gas de drenaje, el control de fugas y la reducción del metano presente en el aire de ventilación.


Compartir en