En los Andes, El Niño seca el agua de la que depende el 70 % de los colombianos

[responsivevoice_button voice="Spanish Latin American Male" buttontext="Escuchar Noticia"]
Compartir en

La región Andina colombiana enfrenta una situación de especial preocupación debido a la llegada del fenómeno de El Niño, que podría convertirse en uno de los episodios más intensos registrados en el país desde 1950. El Ideam señala que las condiciones del fenómeno ya están presentes tanto en el océano Pacífico ecuatorial como en la atmósfera y existe una alta posibilidad de que se fortalezcan durante el segundo semestre de 2026 y se extiendan hasta comienzos de 2027. El instituto estima una probabilidad del 63 % de que el fenómeno alcance la categoría de “muy fuerte”.

La preocupación principal está relacionada con el agua, ya que la cordillera de los Andes concentra buena parte de los páramos, bosques de montaña, glaciares y embalses de Colombia. Estos ecosistemas cumplen una función fundamental para el abastecimiento de agua de aproximadamente el 70 % de la población colombiana, además de ser importantes para la agricultura, las actividades productivas y la generación de energía.

Uno de los ecosistemas más vulnerables son los páramos, considerados reguladores naturales del recurso hídrico. Complejos como Chingaza, Sumapaz, Los Nevados y Santurbán dependen de la humedad, las precipitaciones y la niebla para almacenar y liberar agua progresivamente hacia quebradas y ríos. Sin embargo, la disminución de las lluvias y de la humedad puede provocar la desecación de turberas, musgos y plantas que funcionan como auténticas “esponjas”, reduciendo su capacidad para almacenar agua y mantener los caudales durante los periodos secos.

Los glaciares colombianos también enfrentan una situación crítica. Los nevados del Ruiz, Santa Isabel, Tolima y Huila, además de la Sierra Nevada del Cocuy, han sufrido una pérdida constante de hielo debido al aumento de las temperaturas y a la disminución de las precipitaciones en forma de nieve. Entre 2022 y 2024, el área glaciar del país pasó de 33,09 a 30,8 kilómetros cuadrados, lo que representa una reducción del 6,84 %. En el Cocuy, el glaciar Ritacuba Blanco llegó a retroceder hasta 300 metros y perdió siete metros de espesor en un solo año.

El Santa Isabel presenta igualmente un deterioro considerable: su superficie se redujo en un 45 % y la zona conocida como Conejeras desapareció en enero de 2024. Según estimaciones del Ideam, durante un fenómeno de El Niño el derretimiento de los glaciares puede llegar a multiplicarse hasta 2,4 veces frente a las condiciones normales. El nuevo episodio podría significar la pérdida de hasta 1,5 kilómetros cuadrados adicionales de superficie glaciar.

La reducción de las lluvias también amenaza los ríos y embalses. Cuencas como las de los ríos Magdalena, Cauca, Bogotá, Suárez y Chicamocha podrían experimentar disminuciones importantes en sus caudales. El problema tiene implicaciones nacionales debido a que aproximadamente el 95 % de los grandes embalses del país se encuentra en la región Andina. Una reducción significativa del agua disponible podría afectar el abastecimiento de las poblaciones y aumentar la presión sobre la generación de energía eléctrica.

Ante este escenario, la Procuraduría General de la Nación pidió al Ideam precisar si las condiciones previstas podrían llegar a superar la gravedad de los efectos registrados durante el periodo 2023-2024. La solicitud refleja la preocupación por las posibles consecuencias que tendría un fenómeno particularmente intenso sobre el suministro de agua y la infraestructura energética.

El impacto ambiental también puede extenderse a la fauna y flora de montaña. Especies como los frailejones, las ranas de cristal y arlequín, el oso andino y la danta de páramo podrían verse afectadas por la reducción de sus hábitats. La transformación de las condiciones climáticas puede obligar a algunas especies a desplazarse hacia zonas más bajas, aumentando su contacto con áreas agrícolas y otros espacios intervenidos por el ser humano.

A la falta de agua se suma el aumento del riesgo de incendios forestales. Las altas temperaturas combinadas con periodos prolongados de sequía generan condiciones favorables para la propagación del fuego, especialmente en las regiones Andina y Caribe durante las temporadas secas. En los páramos, los incendios pueden tener consecuencias particularmente graves, debido a que destruyen vegetación y bancos de semillas cuya recuperación puede tomar décadas.

En conjunto, el fenómeno de El Niño representa un desafío que va mucho más allá de una reducción temporal de las lluvias. La disminución del agua disponible en los páramos, el acelerado retroceso de los glaciares, la reducción de los caudales de los ríos, la presión sobre los embalses, los riesgos para la generación eléctrica y el aumento de los incendios pueden generar efectos sobre las ciudades, el campo, los ecosistemas y diferentes sectores de la economía.

Por esta razón, el monitoreo de las condiciones climáticas, la protección de los páramos y glaciares, el seguimiento de los niveles de los ríos y embalses y la prevención de incendios serán fundamentales durante los próximos meses. La situación de la región Andina tiene repercusiones para todo el país, debido a que los ecosistemas de esta zona cumplen un papel esencial en el suministro de agua del que dependen siete de cada diez colombianos.


Compartir en