En primer lugar, es necesario diferenciar un alimento procesado de uno ultraprocesado. Un alimento empacado no es automáticamente perjudicial: frutas congeladas, verduras en conserva sin exceso de sodio, leche pasteurizada o algunos alimentos mínimamente procesados pueden formar parte de una dieta saludable. El problema aparece especialmente con productos ultraprocesados formulados industrialmente y con cantidades elevadas de azúcares, sodio o grasas poco saludables. La OMS recomienda que la alimentación se base principalmente en alimentos no procesados o mínimamente procesados, como frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y fuentes adecuadas de proteína.
De 0 a 2 años: esta es una etapa especialmente sensible porque existe un rápido crecimiento y desarrollo del cerebro, los huesos y otros órganos. La OMS recomienda lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses y, posteriormente, alimentación complementaria variada y nutritiva, evitando alimentos y bebidas con alto contenido de azúcar, sal y grasas poco saludables. En Colombia, las guías alimentarias también han señalado evidencia sobre la relación entre la introducción de ultraprocesados desde el primer año y un mayor riesgo de sobrepeso y obesidad posteriormente. Por esta razón, durante los primeros años resulta especialmente importante priorizar alimentos naturales y preparaciones con alta densidad nutricional.
De 2 a 17 años: durante la infancia y adolescencia, un consumo elevado de ultraprocesados puede desplazar alimentos necesarios para el crecimiento, como frutas, verduras, legumbres, huevos, pescado, carnes y otros alimentos ricos en nutrientes. Una revisión sistemática de 2024 encontró que la mayoría de los estudios analizados relacionaban un mayor consumo de ultraprocesados con sobrepeso, obesidad y factores de riesgo cardiometabólico en niños y adolescentes. Además, una revisión y metaanálisis publicada en 2026, que reunió 23 estudios con unos 155.000 adolescentes, encontró que quienes tenían un consumo elevado presentaban 63 % mayores probabilidades de sobrepeso u obesidad frente a quienes tenían un consumo menor, aunque este tipo de evidencia demuestra asociación y no prueba por sí sola que los ultraprocesados sean la única causa. También se han estudiado asociaciones con sueño y salud mental, pero la evidencia en estos ámbitos todavía presenta limitaciones.
De 18 a 64 años: en la edad adulta, mantener durante años una dieta con alta proporción de ultraprocesados se ha asociado con mayor riesgo de obesidad, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y otros problemas crónicos. Una revisión paraguas publicada en The BMJ, que reunió 45 análisis con casi 9,9 millones de participantes, encontró asociaciones entre mayor consumo de ultraprocesados y múltiples resultados adversos; las asociaciones con diabetes tipo 2 y mortalidad cardiovascular estuvieron entre las que presentaron evidencia más consistente, aunque buena parte de la literatura disponible es observacional y su calidad no es uniforme. Durante el embarazo, además, una revisión sistemática encontró que una mayor presencia de ultraprocesados se asociaba con menor calidad de la dieta y mayor ganancia de peso gestacional.
Desde los 65 años: en los adultos mayores, el problema no se limita al peso corporal. Una alimentación basada excesivamente en productos ultraprocesados puede dificultar el consumo suficiente de proteínas, fibra, vitaminas y minerales, nutrientes importantes para conservar la masa muscular y la funcionalidad. Investigaciones recientes han encontrado una asociación entre mayor consumo de ultraprocesados y fragilidad, y otras revisiones han estudiado su relación con sarcopenia, baja masa muscular y menor fuerza. Un metaanálisis de 2026, con más de 105.000 adultos mayores en diez estudios, encontró una asociación entre mayor consumo de ultraprocesados y mayor riesgo de fragilidad, aunque los autores advierten que existe heterogeneidad entre los estudios y que los resultados deben interpretarse con cautela. En esta etapa adquiere especial importancia priorizar proteínas de calidad, frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y alimentos poco procesados.




