Xi Jinping viaja a EE.UU.: el «príncipe» que lo perdió todo antes de convertirse en el líder más poderoso de China

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Xi Jinping nació en Pekín en 1953, en el seno de una familia que inicialmente disfrutaba de una posición privilegiada dentro de la China comunista. Su padre, Xi Zhongxun, fue un importante revolucionario que participó en la fundación de la República Popular China y posteriormente ocupó cargos de alto nivel, entre ellos el de viceprimer ministro. Gracias a la posición de su familia, Xi tuvo durante sus primeros años acceso a escuelas de élite y condiciones de vida que no estaban al alcance de la mayoría de los ciudadanos chinos.

Sin embargo, esa situación cambió radicalmente cuando las disputas políticas dentro del Partido Comunista afectaron a su familia. A comienzos de la década de 1960, su padre fue acusado de pertenecer a una supuesta facción contraria al Partido y fue apartado de sus funciones, enviado a trabajar en una fábrica y expulsado de la organización política. Como consecuencia de la situación de su padre, Xi también sufrió las consecuencias de la persecución política.

Cuando tenía aproximadamente 15 años, fue enviado al campo como parte de la campaña impulsada por Mao Zedong para que los jóvenes procedentes de las ciudades fueran a vivir y trabajar junto a los campesinos. Xi terminó en la aldea de Liangjiahe, en la provincia de Shaanxi, donde permaneció durante siete años.

Durante esa etapa vivió en una vivienda excavada en una montaña y realizó trabajos agrícolas y otras labores físicas. Transportó estiércol, cavó zanjas y tuvo que enfrentarse al hambre, las pulgas y las duras condiciones de vida rural. Años después, Xi recordó aquella experiencia y señaló que había sido una etapa difícil, pero también una experiencia que influyó en su formación.

Después de varios años en el campo, Xi regresó a los estudios. A los 22 años ingresó a la Universidad de Tsinghua, una de las instituciones educativas más importantes de China, donde estudió ingeniería química.

Tras terminar sus estudios comenzó su carrera como funcionario. Trabajó principalmente en las provincias de Fujian y Zhejiang, regiones que posteriormente se convertirían en importantes centros económicos del país. Su carrera política fue avanzando gradualmente y logró ocupar diferentes cargos dentro del Partido Comunista.

La rehabilitación política de su padre después de la muerte de Mao también facilitó su regreso a posiciones de mayor importancia. Xi comenzó a construir relaciones con otros funcionarios y dirigentes que, con el paso de los años, terminarían formando parte de su círculo político.

En su vida personal, Xi se casó inicialmente en 1979 con Ke Lingling, hija de un antiguo embajador chino en Reino Unido. El matrimonio terminó en divorcio tres años después. Posteriormente conoció a Peng Liyuan, una reconocida cantante de música folclórica del Ejército chino. Para buena parte de la sociedad china de las décadas de 1980 y 1990, Peng era incluso más conocida que Xi debido a sus apariciones en las tradicionales galas televisivas del Año Nuevo Lunar.

Xi y Peng tuvieron una hija, Xi Mingze, nacida en 1992. Según el texto, se conoce poca información pública sobre ella, aunque se señala que estudió en la Universidad de Harvard.

El ascenso político de Xi continuó durante las siguientes décadas. En 2007 llegó al Comité Permanente del Buró Político, considerado el principal órgano de toma de decisiones de China. Cinco años después, en 2012, sucedió a Hu Jintao como líder del Partido Comunista.

A partir de entonces comenzó una nueva etapa para China. Durante sus casi 14 años de liderazgo, Xi reforzó la presencia internacional del país y promovió una política exterior más activa. Uno de los principales proyectos de su gobierno fue la Iniciativa de la Franja y la Ruta, mediante la cual China impulsó proyectos de infraestructura, comercio y cooperación en diferentes partes del mundo.

Al mismo tiempo, las relaciones de China con varias democracias se volvieron más tensas. El país aumentó sus disputas territoriales en el mar de China Meridional, incrementó la presión sobre Taiwán y desarrolló una competencia cada vez mayor con Estados Unidos en ámbitos económicos, tecnológicos y militares.

En el interior de China, el gobierno de Xi también puso un mayor énfasis en la seguridad, el control político y la estabilidad. El texto señala que durante su liderazgo se implementaron medidas represivas en regiones como Xinjiang, Tíbet y Hong Kong. Sus partidarios consideran que estas políticas contribuyeron a mantener el orden y la estabilidad, mientras que sus críticos sostienen que significaron importantes restricciones a las libertades civiles.

Otro aspecto importante de su gobierno fue la consolidación de su propia doctrina política, conocida como “Pensamiento de Xi Jinping sobre el socialismo con características chinas para una nueva era”. Esta doctrina fue incorporada a la estructura ideológica del Partido Comunista, otorgándole una relevancia política que, según el texto, no alcanzaron de la misma manera sus dos antecesores.

Xi también promovió un cambio constitucional que eliminó el límite de dos mandatos presidenciales, permitiendo que pudiera continuar en el poder más allá de ese periodo.

A pesar de la imagen seria que suele proyectar en los medios estatales chinos, el texto también menciona algunos aspectos más personales del dirigente. Xi ha expresado interés por el fútbol y ha realizado bromas sobre los resultados de la selección china. También ha tenido encuentros informales con dirigentes extranjeros y ha mostrado ocasionalmente una faceta más relajada en reuniones internacionales.

En cuanto a sus relaciones internacionales, una de las más estrechas es la que mantiene con Vladimir Putin, presidente de Rusia. Desde que Xi llegó al poder, ambos dirigentes se han reunido en numerosas ocasiones y Xi ha descrito a Putin como uno de sus amigos o confidentes más cercanos.

Su relación con Donald Trump ha sido más compleja. Durante el primer mandato de Trump se produjo una fuerte guerra comercial entre Estados Unidos y China, con la imposición de aranceles a productos de ambos países. Sin embargo, Trump también ha hablado en diferentes ocasiones de Xi en términos positivos y ha destacado su fortaleza política.

Xi también tuvo inicialmente una relación cercana con Narendra Modi, primer ministro de India. Los dos dirigentes realizaron encuentros informales destinados a mostrar cooperación entre sus países. Sin embargo, los enfrentamientos fronterizos registrados en 2020 deterioraron significativamente la relación bilateral.

El texto destaca que, a diferencia de otros dirigentes internacionales que suelen basar parte de su política exterior en relaciones personales, Xi tiende a colocar los intereses del Estado chino por encima de los vínculos individuales con otros líderes.

Finalmente, el artículo recuerda el contraste entre el Xi de hace cuatro décadas y el dirigente actual. En su juventud fue un funcionario local que viajó a Estados Unidos para conocer prácticas agrícolas y llegó a pasar varios días en Iowa, donde visitó granjas y se alojó con una familia estadounidense. En aquella época también estableció una relación con Terry Branstad, quien posteriormente sería gobernador de Iowa y embajador de Estados Unidos en China durante la presidencia de Trump.

Décadas después, la situación es completamente diferente. Cuando Xi llega a Washington, la relación entre Estados Unidos y China está marcada por la competencia económica, los aranceles, los controles tecnológicos, las diferencias geopolíticas y la rivalidad militar.

En conclusión, el texto presenta la trayectoria de Xi Jinping como un recorrido que va desde una infancia privilegiada y posteriormente afectada por las luchas políticas de la China de Mao, pasando por sus años de trabajo rural y su carrera como funcionario, hasta convertirse en el máximo dirigente chino. Su historia personal está estrechamente relacionada con las grandes transformaciones de China y con el creciente protagonismo internacional del país.

Además, el contraste entre su primera visita a Estados Unidos como joven funcionario interesado en la agricultura y su posterior llegada como líder de una de las principales potencias mundiales refleja el enorme cambio que experimentaron tanto Xi Jinping como China durante las últimas cuatro décadas.


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