Cinco días, cientos de kilómetros y ciclistas de distintas regiones y países volverán a convertir las carreteras nariñenses en un escenario deportivo que trasciende la competencia: mueve territorios, activa economías y muestra al país y al mundo la diversidad de un departamento que también se cuenta pedaleando.
Hay una manera distinta de mirar a Nariño cuando una caravana de ciclistas empieza a subir por sus montañas.
Ya no son solamente carreteras que conectan municipios. Son escenarios deportivos. Los pueblos dejan de ser lugares de paso y se convierten en puntos de encuentro. La montaña, el páramo, la costa, las plazas y las calles aparecen ante los ojos de quienes llegan desde otras regiones y otros países.
Eso es, en buena medida, lo que ha conseguido la Vuelta a Nariño.
La carrera regresa este octubre para disputar su décima edición, entre el 7 y el 11, con cinco etapas por diferentes territorios del departamento. La convocatoria contempla nuevamente la presencia de corredores y equipos nacionales e internacionales.
Y esta vez hay una historia previa que pesa.
En 2025, la novena edición llevó la competencia por Pasto, Nariño, Yacuanquer, Ipiales, Carlosama, Guaitarilla, Iles, Sapuyes y Tumaco. Fueron cinco etapas que atravesaron buena parte de la diversidad geográfica del departamento y terminaron en el Pacífico.
Más de 230 ciclistas de 32 equipos nacionales e internacionales participaron en la primera jornada de aquella edición. Ecuador y Venezuela estuvieron representados, mientras corredores nariñenses compartieron carretera con deportistas provenientes de distintos lugares.
La imagen resulta poderosa: una carrera que comienza en los Andes y puede terminar frente al Pacífico. Una competencia capaz de mostrar, en pocos días, varios de los mundos que caben dentro de Nariño.
Mucho más que una carrera
La Vuelta no se queda en el cronómetro.
Cuando llegan ciclistas, entrenadores, equipos, periodistas, acompañantes y aficionados, también llegan consumidores. Se ocupan habitaciones, se mueven restaurantes, se activan comercios, transporte y servicios. Los municipios incluidos en la ruta adquieren durante esos días una vitrina que difícilmente conseguirían con una campaña convencional.
Ese efecto es uno de los argumentos que explican por qué un evento deportivo puede convertirse también en una herramienta de promoción territorial.
La propia Gobernación ha definido la competencia como un espacio de integración territorial y proyección internacional. En 2025, el secretario de Recreación y Deporte, Jhon Jairo Preciado, señaló que la Vuelta representaba integración, turismo y un mensaje de paz desde Nariño hacia Colombia y el mundo.
No es una afirmación menor.
Una carrera de ciclismo también produce imágenes. Y las imágenes construyen territorio.
Una cámara siguiendo a un corredor muestra una montaña. Un helicóptero o una transmisión muestra un paisaje. Un periodista extranjero cuenta una etapa y, al hacerlo, termina contando dónde está Nariño.
Por eso la competencia tiene una dimensión que va mucho más allá de quién cruza primero la línea de meta.
La carrera como política deportiva
La organización de una vuelta ciclística de estas características exige algo más que entusiasmo. Requiere coordinación logística, permisos, seguridad, recorridos, atención a los deportistas, articulación con municipios y trabajo con las autoridades deportivas.
En 2026, la Gobernación informó que la competencia es organizada por la administración departamental y la Secretaría de Recreación y Deporte, en articulación con la Liga de Ciclismo de Nariño. También señaló que la definición de las fechas fue coordinada con el calendario deportivo nacional y con actores del ciclismo.
Es allí donde aparece el papel de la Secretaría que dirige Preciado.
La tarea no consiste simplemente en entregar una premiación o dar la salida. El desafío está en convertir una competencia deportiva en un evento capaz de conectar deportistas, instituciones, municipios y comunidades.
Y la nueva edición busca profundizar precisamente esa dimensión.
La Décima Vuelta tendrá presencia femenina y masculina, corredores de diferentes niveles y procedencias, y equipos de marca nacionales e internacionales. La organización anunció además incentivos económicos para las distintas categorías, los premios de montaña y las metas volantes.
Para esta edición, la Gobernación informó una bolsa de $200 millones en premios, una cifra superior a la anunciada para la edición anterior.
Nariño vuelve a pedalear
Hay algo más profundo detrás de todo esto.
Durante años, Nariño ha sido contado desde sus fronteras, sus dificultades y sus distancias. La bicicleta ofrece otra narración.
Cuenta un departamento que puede recibir deportistas. Que puede organizar competencias. Que tiene carreteras, paisajes y territorios capaces de convertirse en escenarios deportivos. Que puede conectar los Andes con el Pacífico en una misma carrera.
En 2025, la Vuelta cerró con el triunfo del nariñense Óscar Adalberto Quiroz en la categoría Élite-Sub 23 masculina y de Gabriela Esther Trejo en Juvenil Damas. La competencia, además, fue presentada por la Gobernación como un espacio de integración territorial y proyección internacional.
Ahora la historia continúa.
Del 7 al 11 de octubre, las carreteras volverán a llenarse de bicicletas, equipos, aficionados y banderas. Pero esta vez la meta no estará solamente en el resultado deportivo.
Cada municipio que reciba la caravana tendrá la oportunidad de mostrar lo que tiene. Cada visitante será también un espectador de Nariño. Cada imagen de la carrera llevará consigo un pedazo del departamento.
Y cada pedalazo recordará algo que a veces se olvida: el deporte también puede ser una forma de contar quiénes somos y de mostrarle al mundo dónde estamos.
La Vuelta a Nariño vuelve.
Y con ella, vuelve también una manera de poner al departamento en movimiento.



