La violencia homicida en Neiva dejó de ser una noticia ocasional para convertirse en una constante incómoda. En lo que va del año 2025, 67 personas han sido asesinadas en la capital huilense, dentro de un total de 84 homicidios en el área metropolitana, una cifra que no solo preocupa, sino que interpela directamente a las autoridades y a la sociedad. El problema ya no es si la violencia existe, sino por qué sigue avanzando sin un freno efectivo.
Detrás de cada número hay una historia rota, pero también un entorno que permitió que la tragedia ocurriera. Barrios marcados por la intolerancia, discusiones que terminan en muerte y armas que circulan con demasiada facilidad hacen parte de un escenario que se repite semana tras semana.
Números que duelen
Las estadísticas oficiales muestran un patrón claro: la violencia se ensaña principalmente con hombres jóvenes, aunque tampoco perdona a mujeres ni a menores de edad. Este año, 12 niños y adolescentes han sido asesinados, un dato que por sí solo debería encender todas las alarmas institucionales.

Algunos nombres ya hacen parte de esa lista que nadie quisiera escribir. Yuli Melo, de 19 años, fue hallada muerta en el barrio Limonar durante un fin de semana que debía ser de celebración. Jesús David Calderón, conocido como ‘Chipi Chipi’, perdió la vida tras una riña a las afueras de un establecimiento nocturno en el norte de Neiva. También están Maicol Esteban Figueroa Ruiz, asesinado a tiros en El Palmar; Kevin Polania Zapata, de 23 años, atacado en el barrio La Paz; y un menor de aproximadamente 13 años, cuya muerte volvió a evidenciar que la violencia no respeta edades.

Violencia normalizada
Lo más inquietante no son solo las cifras, sino la forma en que la ciudad parece haberse acostumbrado a ellas. Muchos de los homicidios tienen un origen similar: peleas, consumo de alcohol, conflictos personales y disputas ligadas al microtráfico. Situaciones que, en otros contextos, terminarían en una discusión, pero que en Neiva acaban con disparos o cuchilladas.
Las autoridades reconocen que hay zonas donde el miedo pesa más que la denuncia y donde el silencio protege a los agresores. Mientras tanto, la circulación de armas sigue siendo un problema evidente, pese a los operativos y anuncios oficiales.
¿Y la respuesta?
La Policía Metropolitana reporta 43 capturas por homicidio y la incautación de 178 armas de fuego en 2025. Son resultados que se presentan como avances, pero que contrastan con la realidad diaria de una ciudad que sigue enterrando víctimas. La pregunta que queda en el aire es si estas acciones están llegando tarde o si simplemente no son suficientes.
Con un promedio cercano a ocho homicidios al mes, Neiva enfrenta un reto que va más allá del patrullaje y las capturas. Recuperar la convivencia, frenar la intolerancia y asumir responsabilidades institucionales y sociales es una tarea urgente. De lo contrario, la violencia seguirá siendo una cifra más… hasta que vuelva a tocar la puerta de cualquier hogar.


