Diciembre, tradicionalmente asociado con reuniones familiares y celebraciones, también se ha convertido en un periodo crítico en materia de violencia intrafamiliar en el Cauca. Registros preliminares y testimonios dan cuenta de un aumento de denuncias relacionadas con agresiones físicas, psicológicas y verbales al interior de los hogares.
Las autoridades y organizaciones sociales coinciden en que el consumo excesivo de alcohol, las tensiones económicas y los conflictos no resueltos agravan este tipo de situaciones durante las festividades. En muchos casos, las víctimas son mujeres, niños y adultos mayores, quienes reciben agresiones por parte de personas cercanas.
Lo más preocupante, según trabajadores sociales, es el subregistro del fenómeno. Muchas víctimas optan por no denunciar por miedo, dependencia económica o presión familiar. Esta situación invisibiliza la magnitud real del problema y dificulta la atención oportuna.
En sectores urbanos y rurales se reportan discusiones que escalan rápidamente a hechos de violencia. Líderes comunitarios señalan que, en diciembre, los conflictos tienden a normalizarse bajo la excusa de las celebraciones, lo que retrasa la búsqueda de ayuda.
Especialistas en convivencia advierten que la violencia intrafamiliar no es un asunto privado, sino un problema de salud pública que requiere atención inmediata. Insisten en la importancia de identificar señales tempranas y acudir a las rutas de atención antes de que los hechos escalen a situaciones más graves.
Para la comunidad, el reto no solo consiste en reaccionar ante las agresiones, sino en cambiar la percepción cultural que minimiza estos hechos. Diciembre, afirman, no debería ser sinónimo de miedo dentro del hogar.


