Villa Patán: La mujer que convive con 200 animales rescatados y les pide perdón a nombre de la humanidad

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Salazar de las Palmas, Norte de Santander. En las montañas del municipio de Salazar de las Palmas opera un refugio único impulsado únicamente por la fe, el amor incondicional y una vocación de entrega absoluta. Se trata de Villa Patán, el hogar donde Alicia Peña González, de 57 años, resguarda y cuida a una impresionante familia de 200 animales rescatados del abandono, el maltrato y las calles.

En su vivienda habitan actualmente 130 perros, 8 gatos, patos, gallinas y Eugenia Esmeralda del Cachito Medina Peña, una cerdita a quien salvó de ser sacrificada en un matadero y que hoy forma parte fundamental del hogar. Para Alicia, ninguno de ellos es una simple mascota: son legítimamente sus hijos. Por esta razón, tomó la decisión radical de no entregarlos en adopción, comprometiéndose a velar por sus vidas hasta el último de sus días.

El funcionamiento diario de Villa Patán exige un esfuerzo titánico tanto físico como económico. Cada noche, Alicia reúne a la manada para rezar el rosario en un acto de gratitud. Además, se encarga personalmente del descanso de cada uno: recicla colchones donados, los corta con machete para adecuar las medidas y adquiere cobijas de tela piel de durazno para abrigarlos. «Mis hijos merecen lo mejor», asegura con firmeza.

La alimentación representa otro desafío diario. La dieta requiere un bulto diario de concentrado para perros, menudencias, sopas y arroz, insumo del cual recibe dos bultos semanalmente gracias al apoyo anónimo de un padrino a quien califica como su «ángel». Mientras tanto, Eugenia Esmeralda disfruta de una dieta basada en frutas frescas y concentrado especial.

«De pronto cometo el error de no darlos en adopción, pero ellos son mis hijos. No soy capaz de regalarlos después de haberlos salvado, de haberles hecho curaciones. Duro días enteros durmiéndome al lado cuando están enfermos. Hasta que Dios me permita, lucharé por ellos», relata Alicia.

Cada vez que un nuevo habitante cruza la puerta de Villa Patán tras ser rescatado de la crueldad o la intemperie, Alicia realiza un emotivo ritual: lo abraza con fuerza y le pide perdón a nombre de la humanidad por los daños y abusos sufridos. De ese instante de conexión espiritual nacen nombres tan particulares como Sheila Domínica o Valentín Pirilín.

A sus 57 años, la labor de esta mujer en Norte de Santander se erige como un testimonio conmovedor de empatía y resistencia, recordando que el amor y el respeto por la vida animal no conocen límites.


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