El deceso habría sido causado por oponerse a un robo
En la madrugada del pasado día, la tranquilidad del barrio Barranquillita en Kennedy se vio abruptamente interrumpida por un hecho de violencia que conmocionó a la comunidad. Élver Esquivel González, un hombre de aproximadamente 30 años, caminaba agonizante por la calle 40 sur con carrera 86D bis, buscando ayuda tras haber recibido varias puñaladas.
El suceso
Según los testimonios de los vecinos, eran alrededor de las 4:20 a.m. cuando Élver apareció en la cuadra. Su figura tambaleante y la mano aferrada al pecho, que brotaba sangre, eran un cuadro de dolor y desesperación que nadie pudo olvidar. «Venía como un fantasma», comentó un residente de la zona, aún visiblemente afectado por lo presenciado. «Se tambaleaba de un lado a otro, gimiendo de dolor. Era como si supiera que su fin estaba cerca»
Los vecinos relataron que Élver se tambaleó hasta llegar a un local comercial, donde se desplomó al suelo. Los transeúntes que presenciaron la escena llamaron de inmediato a las autoridades, pero para cuando la ambulancia llegó, Élver ya había perdido la vida. Élver, de aproximadamente 30 años, al parecer había salido de su vivienda rumbo a su lugar de trabajo, puesto que, como mencionan los habitantes del sector, llevaba puesto su uniforme de labores: una chaqueta, pantalón y camisa azul, con una corbata y cinturón de color gris.
Las autoridades acordonaron la zona e iniciaron las investigaciones para determinar las causas del crimen y dar con el paradero del responsable. Los vecinos, por su parte, se mostraron consternados por la tragedia y exigieron justicia para Élver.
El deceso
«Era un muchacho tranquilo, trabajador, que nunca se metía con nadie», dijo una vecina entre lágrimas. «No entendemos por qué le hicieron esto. No hay derecho a que le arrebaten la vida a una persona así»
La muerte de Élver Esquivel González deja un vacío en la comunidad de Barranquillita. Su familia y amigos lloran su partida, mientras que las autoridades buscan respuestas a este crimen que ha ensombrecido la tranquilidad del barrio.
Este hecho nos recuerda la fragilidad de la vida y la importancia de vivir en paz. La violencia nunca es la respuesta. Debemos unirnos como comunidad para rechazarla y construir un mundo donde este tipo de tragedias no tengan lugar.


