URGE SEMBRAR ÁRBOLES

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Hernán Jair Andrade explicó el déficit ambiental que enfrenta la ciudad.

Una investigación de la Universidad del Tolima puso sobre la mesa una alerta ambiental para Ibagué: la ciudad no cuenta con suficiente cobertura vegetal para compensar las emisiones de gases de efecto invernadero generadas por sus hogares.

El estudio fue desarrollado por el grupo PROECUP, integrado por Milena Segura, Erika Sierra Ramírez, Hernán Andrade y Diana Canal, y hace parte de un libro publicado en el año 2025.

Con datos recopilados durante 2020, la investigación estableció que los hogares de Ibagué producen cerca de 169.000 toneladas de CO₂ al año. Frente a esta cifra, la cobertura vegetal existente apenas consigue capturar unas 4.000 toneladas, equivalentes aproximadamente al 2,3 % de las emisiones anuales.

El análisis calculó que cada hogar genera cerca de una tonelada de CO₂ por año, mientras la emisión promedio por habitante alcanza los 343 kilogramos.

Para reducir esta diferencia, los investigadores estimaron que la ciudad necesitaría incorporar entre 400.000 y 1,2 millones de árboles adicionales. Entre las especies mencionadas aparecen samán, orejero, caracolí, cámbulo y ocobo.

El transporte también fue identificado como un elemento determinante. Para el momento de la investigación, el 67 % de los ibaguereños se movilizaba en transporte motorizado, mientras el 19 % caminaba y apenas el 1 % utilizaba bicicleta.

Según los cálculos, los desplazamientos a pie representan un ahorro cercano a 14.000 toneladas de CO₂ anuales, mientras el uso de bicicleta evita alrededor de 730 toneladas adicionales.

Hernán Jair Andrade, profesor titular del Departamento de Producción y Sanidad Vegetal de la Facultad de Ingeniería Agronómica de la Universidad del Tolima, señaló que la ciudad necesita transformar sus formas de desplazamiento.

“Habría que trabajar con medios masivos, con medios alternativos que no sean motorizados, de modo que reduzcamos las emisiones de gases de efecto invernadero”, explicó.

El estudio plantea ampliar las zonas verdes en parques, separadores y conjuntos residenciales, además de implementar techos verdes, jardines verticales y huertos urbanos. A esto se suma la infraestructura para peatones y ciclistas.

En jornadas como el Día sin carro y sin moto, el efecto sería temporal, pero medible. De acuerdo con Andrade, en una jornada podrían evitarse entre 35 y 50 toneladas de CO₂, dependiendo de la movilidad y del parque automotor.

La investigación incluyó un componente social: solo el 38 % de los ciudadanos manifestó disposición a pagar para compensar sus emisiones, con aportes estimados entre 20.000 y 170.000 pesos anuales por hogar.

“Todos somos corresponsables de esto y debería estar en las políticas nacionales, departamentales y municipales”, afirmó Andrade.


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