UN DOLOR QUE NO SE EXTINGUE

UN DOLOR QUE NO SE EXTINGUE
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Hace 23 años, Puerto Rico, Caquetá, vivió uno de los episodios más dolorosos de su historia reciente. El domingo 4 de agosto de 2002 fueron asesinados el concejal en ejercicio y pastor cristiano Adelmo Cabrera Polanco, junto a su hijo Luis Carlos Cabrera Ramírez, en un hecho que dejó una profunda huella en la comunidad.

El crimen ocurrió cerca del puente sobre el río Guayas, en el norte del departamento, una zona marcada en aquella época por el conflicto armado y una violencia que cobró la vida de numerosas personas inocentes.

Luis Carlos Cabrera Ramírez es recordado como un joven lleno de sueños, esperanza y proyectos. Su muerte dejó cinco hijos huérfanos y representó una de las tantas historias de familias afectadas por una guerra que interrumpió vidas y silenció generaciones.

A más de dos décadas de aquel suceso, su memoria permanece presente entre quienes lo conocieron y entre una comunidad que continúa honrando a las víctimas del conflicto. Recordar su historia es también reconocer el dolor de quienes perdieron seres queridos y mantener vivo el llamado a construir territorios donde la violencia no vuelva a arrebatar sueños ni oportunidades. Puerto Rico conserva en su memoria a quienes dejaron una huella imborrable.


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