La tragedia volvió a tocar la puerta de la zona rural de San Vicente del Caguán, donde la muerte parece circular con más frecuencia que las soluciones. Kevin Fernando Certuche Pinto, un joven conocido en su comunidad por su alegría y empuje, perdió la vida el pasado miércoles tras sufrir un aparatoso accidente de tránsito mientras se movilizaba en su motocicleta cerca del centro poblado El Diamante. Una vía más, un nombre más y las mismas preguntas sin respuesta.
Ruta olvidada
Según versiones de testigos, Kevin perdió el control de la motocicleta en circunstancias que aún son materia de investigación. El impacto fue tan fuerte que el joven falleció en el lugar, sin que hubiera margen para la ayuda. Hasta allí llegaron las autoridades, no para prevenir, sino para cumplir el ritual repetido: acordonar, levantar el cuerpo y abrir un expediente que pocas veces cambia la historia.
El accidente reabre una herida conocida por quienes habitan el campo: carreteras deterioradas, tramos sin señalización, huecos que aparecen como trampas y una ausencia institucional que ya no sorprende. En estas vías, conducir no es solo un acto cotidiano, es casi un acto de fe. Mientras en los discursos se habla de desarrollo rural, en el terreno la realidad se mide en polvo, barro y cruces improvisadas al borde del camino.
Dolor colectivo
El jueves 18 de diciembre, familiares, amigos y vecinos se reunieron para despedir a Kevin en un acto cargado de dolor y silencio. La comunidad de San Vicente del Caguán acompañó el homenaje, recordándolo como un joven trabajador, cercano y siempre dispuesto a colaborar. No hubo consignas ni discursos oficiales, solo abrazos y la sensación de que la tragedia pudo evitarse.
Porque detrás de cada accidente hay una historia que no cabe en un informe. Hay madres, padres, amigos y sueños que quedan suspendidos. Y también hay una pregunta incómoda que nadie parece querer responder: ¿hasta cuándo las muertes en las vías rurales seguirán tratándose como simples estadísticas?
Advertencia repetida
Las autoridades reiteraron el llamado a la prudencia y a la precaución al conducir motocicleta, una recomendación que suena conocida, casi automática. La responsabilidad individual es clave, sí, pero no puede seguir siendo la única explicación. Pedir cuidado en carreteras que no ofrecen condiciones mínimas es como pedir equilibrio sobre terreno minado.
El caso de Kevin continúa bajo investigación, aunque para su familia la respuesta ya es definitiva. Su muerte vuelve a encender una alerta que nunca se apaga del todo: en las zonas rurales, el riesgo no siempre está en la velocidad, sino en el abandono. Y mientras eso no cambie, las despedidas seguirán llegando antes que las soluciones.


