Columna de Opinión
Hablar de tecnología en Colombia es hablar de una mezcla rara: avances que sorprenden, pero también atrasos que desesperan. Mientras en las ciudades vemos pagos con celular, domicilios por aplicaciones y trámites digitales, en muchas regiones del país todavía hay estudiantes que tienen que caminar para encontrar señal de internet. Esa es la realidad.
Colombia quiere subirse al tren de la innovación, pero todavía le falta carretera. No basta con hablar de inteligencia artificial o de transformación digital si en los pueblos la conectividad sigue siendo un lujo y no un derecho. La tecnología debería cerrar brechas, no ampliarlas.
Aun así, hay algo que reconocer: el talento colombiano. Jóvenes que crean emprendimientos digitales, desarrolladores que trabajan para empresas internacionales y pequeños negocios que han logrado sobrevivir gracias a las redes sociales.
El reto ahora es claro: que la tecnología no sea solo un privilegio de las grandes ciudades. Si Colombia logra llevar conectividad, educación digital y oportunidades a todo el país, la tecnología dejará de ser una promesa y se convertirá en una verdadera herramienta de progreso. Porque, como decimos aquí, el problema no es la falta de ganas… es que todavía falta mucho por conectar.


