Arabia Saudita volvió a advertir sobre los riesgos que enfrenta la seguridad del Golfo Pérsico y la libertad de navegación en algunas de las principales rutas marítimas del mundo, en un momento en que las tensiones militares y políticas en Medio Oriente mantienen bajo presión el transporte de mercancías y los mercados energéticos.
El llamado más reciente fue realizado por el ministro de Relaciones Exteriores saudí, Faisal bin Farhan, durante la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York el 26 de septiembre. El funcionario pidió garantizar la libertad de navegación en los principales corredores marítimos de la región, entre ellos el estrecho de Ormuz, Bab el-Mandeb, el mar Rojo y el golfo de Adén. Arabia Saudita sostiene que la estabilidad de estos corredores no es únicamente un asunto regional, debido a sus efectos sobre las cadenas de suministro y la economía internacional.
La preocupación saudí se produce después de meses de tensión alrededor de estas vías marítimas. El estrecho de Ormuz, en particular, constituye un punto estratégico para el transporte mundial de petróleo y otros productos energéticos, mientras que Bab el-Mandeb conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y tiene una importancia fundamental para el comercio entre Asia, Europa y África.
Arabia Saudita pide recuperar la libertad de navegación
Durante su intervención ante Naciones Unidas, el canciller saudí defendió que el tránsito por el estrecho de Ormuz debe regresar a las condiciones existentes antes del inicio de la guerra, y cuestionó cualquier mecanismo que pueda restringir o encarecer el paso de embarcaciones.
Riad también ha insistido en que la seguridad de sus aguas y de las rutas marítimas internacionales debe abordarse mediante mecanismos de seguridad sostenibles y cooperación internacional.
La posición no apareció de manera aislada. Días antes, el 13 de septiembre, Bin Farhan había señalado durante la cumbre de los BRICS en Nueva Delhi que la seguridad del Golfo depende del respeto a la soberanía de los Estados de la región y había subrayado la importancia de preservar la libertad de navegación y la seguridad de los barcos comerciales en Ormuz y otros corredores marítimos. Según el ministro, cualquier interrupción puede trasladar sus consecuencias hacia los mercados internacionales, las cadenas de suministro y el crecimiento económico.
El Ministerio de Relaciones Exteriores saudí también ha mantenido conversaciones con otros gobiernos para reducir la escalada y proteger la navegación. En septiembre, Arabia Saudita y Rusia destacaron la necesidad de garantizar la seguridad y libertad de navegación en Ormuz y Bab el-Mandeb.
¿Por qué es tan importante el estrecho de Ormuz?
El estrecho de Ormuz es uno de los principales puntos estratégicos del comercio energético mundial. Se encuentra entre Irán y Omán y constituye una de las principales salidas marítimas para el petróleo y otros productos energéticos provenientes de los países del Golfo.
Su importancia hace que cualquier alteración de la navegación tenga efectos que pueden extenderse mucho más allá de Medio Oriente.
Durante septiembre, el tránsito marítimo por Ormuz ha sufrido una fuerte reducción. Datos de navegación citados por Reuters mostraron que en una jornada reciente solamente dos grandes buques comerciales atravesaron el estrecho, frente a un promedio previo al conflicto de aproximadamente 125 grandes embarcaciones comerciales por día.
La situación ha generado preocupación entre empresas navieras, aseguradoras, productores de energía y gobiernos que dependen de las importaciones de petróleo, gas y otros productos transportados por vía marítima.
Además, no solamente está en riesgo el paso por Ormuz. La situación en Yemen y el mar Rojo ha añadido otro punto de presión sobre las rutas comerciales internacionales.
Bab el-Mandeb, otro punto crítico
Bab el-Mandeb comunica el mar Rojo con el golfo de Adén y, por extensión, con las rutas que conectan el océano Índico con el canal de Suez y el Mediterráneo.
Por ello, los problemas de seguridad en esta zona pueden obligar a los barcos a modificar sus recorridos.
La situación se ha agravado por los avances militares de los hutíes en zonas próximas al estrecho. En septiembre se reportó una mayor presencia del grupo en la isla de Mayyun, ubicada estratégicamente en las proximidades de Bab el-Mandeb.
Arabia Saudita ha expresado preocupación por esta situación y ha promovido mecanismos de cooperación marítima. En julio, el país anunció junto con otras naciones una alianza multinacional destinada a reforzar la defensa marítima y proteger la navegación en Bab el-Mandeb, el mar Rojo y el golfo de Adén.
La preocupación, por tanto, se concentra en una red de corredores marítimos conectados entre sí. Si una ruta se vuelve demasiado peligrosa, las empresas pueden buscar alternativas, pero esas alternativas suelen ser más largas, costosas y difíciles de operar.
El problema no se limita al petróleo
Aunque la energía es uno de los principales motivos de preocupación, las consecuencias pueden alcanzar prácticamente todos los sectores relacionados con el comercio internacional.
Un buque que debe modificar su ruta puede tardar más tiempo en llegar a destino. También puede enfrentar mayores costos de combustible, seguros, tripulación y operación.
Las empresas navieras pueden trasladar parte de esos costos a sus clientes y, posteriormente, estos costos pueden llegar al precio final de los productos.
La Dirección General Marítima de Colombia (Dimar) ha advertido precisamente sobre esta situación. En su balance del primer semestre de 2026 señaló que las transformaciones de las rutas marítimas internacionales y los problemas registrados en corredores como Ormuz y el mar Rojo han generado presiones sobre los costos logísticos, los tiempos de tránsito y la confiabilidad de las operaciones marítimas.
Esto resulta particularmente importante para países como Colombia, que dependen considerablemente del transporte marítimo para sus operaciones de comercio exterior.
El petróleo vuelve a estar en el centro de la preocupación
La inestabilidad también ha repercutido sobre el precio internacional del petróleo.
A mediados de septiembre, el Brent llegó a superar los 105 dólares por barril después de nuevos ataques contra infraestructura energética saudí y del aumento de las preocupaciones sobre el suministro mundial.
Aunque posteriormente los precios se moderaron parcialmente, el mercado continúa reaccionando a cualquier noticia relacionada con la seguridad de las rutas de exportación.
Reuters informó el 22 de septiembre que el Brent se negociaba cerca de los 100 dólares por barril, mientras continuaban las preocupaciones por la estabilidad del suministro mundial.
Arabia Saudita también tuvo que recurrir a rutas alternativas para transportar parte de su producción. El oleoducto Este-Oeste, que lleva petróleo hacia el puerto de Yanbu en el mar Rojo para evitar el estrecho de Ormuz, sufrió daños por un ataque con drones el 11 de septiembre. El sistema comenzó a reanudar sus operaciones posteriormente, aunque su recuperación completa requiere tiempo debido a los daños en estaciones de bombeo.
¿Qué efectos negativos puede tener para Arabia Saudita?
Para Arabia Saudita, la amenaza sobre las rutas marítimas representa un problema particularmente delicado porque el país es uno de los principales productores de petróleo del mundo y depende de una infraestructura logística diseñada para movilizar grandes cantidades de energía hacia los mercados internacionales.
Una interrupción prolongada puede generar varios efectos:
Mayores costos de transporte
Las empresas deben utilizar rutas más largas o procedimientos especiales para reducir los riesgos. Esto aumenta el costo por barril transportado.
Mayores costos de seguros
Cuando una zona marítima se considera de alto riesgo, las compañías aseguradoras pueden aumentar las primas que pagan los propietarios de los barcos.
Riesgo para las exportaciones
Si un puerto, oleoducto o corredor marítimo deja de operar normalmente, la capacidad de exportación puede reducirse.
Presión sobre la inversión
Las compañías pueden aplazar determinadas inversiones mientras exista incertidumbre sobre la seguridad de las operaciones.
Mayor volatilidad energética
Los problemas de suministro pueden impulsar los precios internacionales del petróleo, aunque el efecto final depende de la duración de las interrupciones, de la producción disponible en otros países y de la demanda mundial.
El impacto también llega a la economía mundial
La importancia de la situación se explica porque el comercio internacional depende de una red de corredores marítimos interconectados.
Una interrupción en una ruta estratégica no necesariamente detiene completamente el comercio. Lo que ocurre es que las empresas deben reorganizar sus operaciones.
Esto puede significar:
- recorridos marítimos más extensos;
- mayores costos de combustible;
- incremento de los seguros;
- retrasos en la entrega de mercancías;
- mayor costo de almacenamiento;
- escasez temporal de determinados productos;
- aumento de los precios de bienes importados;
- presión sobre la inflación.
Un estudio reciente de DP World señala que aproximadamente el 80 % del volumen del comercio mundial de mercancías se moviliza por vía marítima, lo que ayuda a dimensionar la importancia de la seguridad de las rutas internacionales.
Por esta razón, la preocupación de Arabia Saudita no se limita a sus propias exportaciones de petróleo. También está relacionada con el funcionamiento general de las cadenas internacionales de suministro.
¿Cómo puede afectar esta situación a Colombia?
Colombia no está ubicada en el Golfo Pérsico, pero eso no significa que quede completamente aislada de las consecuencias económicas.
La economía colombiana participa en las cadenas mundiales de comercio mediante la compra y venta de mercancías, y una parte importante de esas operaciones se realiza por vía marítima.
Durante el primer semestre de 2026, Colombia registró 5.406 arribos marítimos, un crecimiento del 5 % frente al mismo período de 2025. De ellos, 4.366 correspondieron a buques internacionales de carga. Cartagena, Santa Marta, Buenaventura y Barranquilla concentraron el 86,7 % de los arribos internacionales de carga.
Por eso, un aumento generalizado de los costos del transporte marítimo puede terminar afectando a empresas colombianas que compran mercancías, materias primas, maquinaria o componentes provenientes del exterior.
Colombia también enfrenta el problema del aumento de las importaciones
Las cifras más recientes del DANE muestran que las importaciones colombianas alcanzaron US$7.968,1 millones CIF en julio de 2026, un aumento de 22,9 % frente a julio de 2025.
El incremento estuvo impulsado principalmente por las manufacturas, cuyas importaciones crecieron 16,1 %. Las manufacturas representaron además el 72,5 % del valor total de las importaciones de ese mes.
Al mismo tiempo, Colombia registró en julio un déficit comercial de US$2.797,8 millones FOB, frente a un déficit de US$1.694,2 millones en julio de 2025.
Esto no significa que todas las importaciones sean perjudiciales. De hecho, Colombia necesita comprar en el exterior determinados bienes de capital, tecnologías, materias primas e insumos que no produce en cantidades suficientes.
El problema económico aparece cuando productos que podrían fabricarse competitivamente dentro del país son desplazados de manera persistente por bienes importados.
¿Por qué puede ser perjudicial importar productos que Colombia puede producir?
Aquí es importante hacer una distinción: importar no es malo por sí mismo.
Las importaciones son necesarias para cualquier economía moderna. Colombia importa maquinaria, equipos tecnológicos, componentes industriales, materias primas y otros productos que pueden ser fundamentales para aumentar la productividad.
Incluso el Ministerio de Comercio contempla facilitar el acceso a insumos estratégicos que no se producen en Colombia, precisamente para que las empresas nacionales puedan fabricar bienes y competir en mercados internacionales.
La discusión es diferente cuando se trata de productos que sí pueden producirse de manera eficiente en Colombia.
En esos casos, una mayor demanda por productos nacionales puede generar varios beneficios.
1. Más ingresos para empresas colombianas
Cuando un consumidor compra un producto fabricado en Colombia, una mayor parte de la cadena de producción se encuentra dentro de la economía nacional.
Eso puede beneficiar a fabricantes, agricultores, transportadores, distribuidores y comercios locales.
2. Mayor generación y sostenimiento del empleo
La producción nacional requiere trabajadores.
Si una empresa colombiana consigue aumentar sus ventas, puede tener mayores incentivos para contratar personal, ampliar su capacidad productiva o invertir en maquinaria.
El propio Ministerio de Comercio ha señalado que el fortalecimiento de la producción nacional busca aumentar la utilización de la capacidad instalada, fortalecer los encadenamientos productivos y contribuir a la generación y sostenibilidad del empleo.
3. Fortalecimiento de las cadenas productivas
Un producto aparentemente sencillo puede involucrar a muchos proveedores.
Por ejemplo, un alimento producido en Colombia puede utilizar materias primas agrícolas nacionales, empaques fabricados localmente, transporte colombiano, servicios logísticos y comercio nacional.
Cuando la producción aumenta, esos diferentes eslabones pueden beneficiarse.
4. Menor exposición a problemas internacionales
La actual crisis del Golfo demuestra uno de los riesgos de depender demasiado de cadenas internacionales.
Una mercancía importada puede verse afectada por problemas que ocurren a miles de kilómetros de Colombia: conflictos, bloqueos marítimos, aumentos del petróleo, dificultades portuarias, seguros más caros o interrupciones en las cadenas logísticas.
La producción nacional no elimina esos riesgos, porque Colombia también utiliza insumos importados, pero puede reducir la dependencia de determinados proveedores externos.
5. Mayor capacidad productiva nacional
Una economía que mantiene empresas capaces de producir alimentos, medicamentos, textiles, productos químicos, maquinaria y otros bienes estratégicos puede responder mejor ante situaciones internacionales de emergencia.
No se trata de producir absolutamente todo dentro del país, sino de conservar y desarrollar capacidades productivas en sectores donde Colombia tiene condiciones para competir.
¿Qué ocurre cuando Colombia depende demasiado de productos extranjeros?
Cuando aumenta considerablemente la compra de productos extranjeros, una parte importante del gasto de los consumidores colombianos termina pagando producción realizada en otros países.
Esto puede contribuir a ampliar el déficit comercial cuando las importaciones crecen más rápido que las exportaciones.
El Banco de la República ha señalado en sus análisis económicos que un crecimiento de las importaciones superior al de las exportaciones puede generar una contribución negativa de la demanda externa neta al crecimiento del PIB.
Sin embargo, tampoco sería correcto afirmar que todas las importaciones reducen el crecimiento.
Por ejemplo, importar una máquina que permite a una empresa colombiana producir más y exportar más puede tener un efecto positivo sobre la productividad. De la misma manera, importar una materia prima que no existe localmente puede permitir que una fábrica colombiana mantenga sus operaciones.
La diferencia está en qué se importa y para qué se importa.
El riesgo para los consumidores colombianos
La inestabilidad internacional puede terminar llegando al bolsillo de los consumidores.
Si aumentan los precios del petróleo, pueden aumentar los costos relacionados con transporte y logística. Si se encarecen los fletes marítimos, también pueden subir los costos de traer productos desde Asia, Europa u otras regiones.
Estos incrementos pueden trasladarse parcialmente a los precios finales.
El Gobierno colombiano, por ejemplo, decidió mantener sin aumentos durante septiembre de 2026 los precios de referencia de la gasolina corriente y el ACPM, entre otras razones, para mitigar el incremento de los costos de transporte de alimentos y bienes de primera necesidad.
Esto muestra cómo los costos energéticos pueden terminar teniendo efectos que van mucho más allá del sector petrolero.
Comprar productos colombianos no significa cerrar la economía
Fomentar la compra de productos nacionales no necesariamente significa prohibir las importaciones.
Una política económica equilibrada puede permitir que Colombia continúe comprando bienes que necesita en el extranjero mientras fortalece sectores donde existe capacidad productiva nacional.
De hecho, el Ministerio de Comercio ha planteado precisamente esa diferencia: fortalecer la producción nacional en cadenas donde existe capacidad para crecer y, al mismo tiempo, facilitar el acceso a insumos estratégicos que no se producen en el país.
El objetivo, desde esa perspectiva, sería evitar dos extremos: depender excesivamente de productos extranjeros que Colombia puede fabricar competitivamente o cerrar el mercado frente a bienes, tecnologías e insumos que son necesarios para que la economía funcione.
Una crisis internacional que vuelve a poner el foco en la producción nacional
La advertencia de Arabia Saudita sobre la seguridad del Golfo Pérsico ocurre en un momento en el que los conflictos regionales están demostrando la vulnerabilidad de las cadenas de suministro internacionales.
Ormuz y Bab el-Mandeb son solamente dos puntos dentro de una extensa red de rutas que permite transportar petróleo, gas, alimentos, maquinaria, productos industriales y bienes de consumo entre continentes.
Cuando esos corredores funcionan normalmente, gran parte de los consumidores y empresas no perciben su importancia. Pero cuando aumenta el riesgo, aparecen rápidamente mayores costos de transporte, seguros más caros, retrasos y modificaciones en las rutas.
Para Colombia, el escenario constituye un recordatorio de la importancia de mantener una economía con capacidad productiva propia y, al mismo tiempo, integrada al comercio internacional.
Las cifras actuales muestran que el país continúa incrementando sus compras externas: en julio de 2026 las importaciones crecieron 22,9 % interanual, mientras el déficit comercial llegó a US$2.797,8 millones.
En ese contexto, fortalecer la producción colombiana puede ayudar a reducir determinadas vulnerabilidades externas, siempre que se haga sin sacrificar el acceso a los insumos, tecnologías y bienes que el país necesita importar para mantener su productividad y competitividad.
La situación del Golfo Pérsico demuestra así que la seguridad marítima no es solamente un asunto militar o diplomático. También puede convertirse en un asunto económico para países que, como Colombia, dependen de las cadenas internacionales de transporte y abastecimiento.



