El exalcalde Hurtado enfrenta un proceso que podría apartarlo definitivamente de la política.
El panorama político en la capital tolimense ha dado un giro dramático en las últimas horas tras conocerse el avance de los procesos que cursan contra el exmandatario Andrés Fabián Hurtado. Lo que inicialmente se perfilaba como una sanción administrativa ordinaria, ha escalado a una instancia judicial que amenaza con decretar su “muerte política” definitiva. Según los expedientes que hoy reposan en los organismos de control y los tribunales, la inhabilidad que pesa sobre el exalcalde de Ibagué podría incrementarse de manera exponencial, llegando a una cifra que lo mantendría alejado de cualquier cargo público por casi un cuarto de siglo.
Este escenario técnico surge a raíz de las múltiples investigaciones por presuntas irregularidades durante su periodo de gobierno, donde casos emblemáticos han puesto bajo la lupa su capacidad legal para ejercer funciones públicas. La gravedad de las acusaciones y la acumulación de procesos han llevado a los peritos jurídicos a proyectar una sanción que, de quedar en firme en este convulsionado 2026, sepultaría sus intenciones de saltar a la arena nacional o regional en los próximos comicios. Para muchos analistas, esta situación representa un jaque técnico a su estructura política, la cual se ha visto debilitada por el constante asedio de los entes de control que no han dado tregua en la revisión de sus actuaciones administrativas.
Muerte Política
La posibilidad de que la inhabilidad aumente a los 24 años no es un dato menor. Se trata de una medida que, de ejecutarse, borraría del mapa electoral a una de las figuras más polémicas del Tolima en la última década. El proceso ha revelado que las faltas calificadas como gravísimas por la Procuraduría y otros entes judiciales podrían derivar en una sanción ejemplarizante que busca proteger la moralidad administrativa. Los detractores de Hurtado celebran lo que consideran un acto de justicia, mientras que sus aliados técnicos intentan blindar su imagen frente a una opinión pública que observa con asombro cómo se desmorona el capital político del exmandatario.
A pesar de los intentos de su equipo de defensa por desestimar las pruebas y dilatar los términos, el avance de la justicia parece imparable. La sombra de la inhabilidad no solo afecta su presente, sino que envía un mensaje técnico contundente a toda la clase política regional sobre las consecuencias de las malas prácticas en la gestión de recursos públicos. El futuro de Hurtado pende ahora de un hilo jurídico, a la espera de un fallo que dicte la sentencia final sobre su carrera, en un episodio que marcará un antes y un después en la historia política de la “Ciudad Musical”.



