El Tolima llora a las seis víctimas del bus de Coomotor; docentes, madres y jóvenes que murieron en el siniestro.
La tragedia vial ocurrida el pasado martes 7 de abril de 2026 en el kilómetro 13+400 de la vía Bogotá-Ibagué no se mide solo en latas retorcidas o en el peritaje técnico de un volcamiento; el verdadero peso de este siniestro recae en las historias truncadas de los seis pasajeros que no lograron llegar a su destino final. Mientras las autoridades de tránsito avanzan en la investigación sobre el exceso de velocidad del bus de Coomotor como una de las posibles causas del accidente, la capital del Tolima se ha convertido en el epicentro del duelo para familias que han llegado desde el Meta, Huila y Caquetá para reclamar los cuerpos de sus seres queridos.
Cada uno de los fallecidos representaba un pilar en sus comunidades. Desde educadores hasta jóvenes con un futuro brillante, la lista de víctimas mortales es un doloroso recordatorio de la vulnerabilidad en las carreteras del centro del país. La violencia del impacto en la glorieta de Payandé fue tan severa que la identificación plena de algunos cuerpos requirió un esfuerzo coordinado entre Medicina Legal y los entes judiciales, quienes trabajaron bajo la presión de una emergencia que ha conmocionado a todo el centro del país en este 2026.
Entre las pérdidas más sentidas se encuentra la de Sandro Antonio Reyes Rentería. Sandro no era un pasajero común, ya que era un reconocido docente en el departamento del Meta. Como docente de la Institución Educativa Alicia Amador Elvira, en Puerto Rico, dedicó años a la enseñanza, ganándose el respeto de sus colegas y el cariño de sus alumnos. Su deceso ha provocado que la Alcaldía de Puerto Rico declare luto oficial, resaltando que la educación regional pierde a un hombre cuya vocación trascendía el aula de clase. El profesor Reyes, al parecer, se desplazaba hacia el sur con la intención de retomar sus labores académicas.
El departamento del Caquetá también vive una jornada de luto profundo tras la partida de María Alejandra Vega, de tan solo 30 años. Su historia es, quizás, la más desgarradora del siniestro: María Alejandra viajaba protegiendo a sus dos pequeñas hijas, una bebé de tan solo 9 meses y una niña de 11 años. Aunque las menores sobrevivieron y se recuperan en centros asistenciales de Ibagué, se sigue haciendo un acompañamiento psicológico a las pequeñas y a sus familiares para afrontar este duro momento; el sacrificio y la entrega de esta madre caqueteña han conmovido a los socorristas que atendieron la emergencia en la madrugada.
A esta lista se suma la juventud truncada de Leydy Yuliet Barragán Leiva, de 23 años. La joven caqueteña se movilizaba en compañía de su hermana, quien hoy es una de las sobrevivientes que relata los momentos de terror vividos dentro del vehículo. El fallecimiento de Leydy Yuliet ha generado una ola de solidaridad en redes sociales por parte de sus allegados en Florencia. Por otro lado, la tragedia alcanzó al Huila con la muerte de Leonor Zapata Torres, quien falleció en la Clínica Asotrauma de Ibagué. Leonor no murió en el sitio; luchó durante horas bajo intervención médica, pero la gravedad de sus lesiones internas superó los esfuerzos técnicos de los cirujanos. Finalmente, el reporte oficial cierra con Jair Medina Prieto, cuyo deceso fue confirmado por las autoridades judiciales en el lugar de los hechos, completando así el cuadro de las seis almas que hoy enlutan al país.
Respuesta institucional y seguimiento
La secretaria de Salud de Ibagué, Yennifer Guzmán, ha enfatizado que la prioridad actual, además de la recuperación de los 15 hospitalizados, es el acompañamiento psicológico a los deudos. “No estamos atendiendo solo traumas físicos; estamos atendiendo familias fracturadas”, señaló la funcionaria. El equipo de profesionales en psicología de la Alcaldía de Ibagué ha estado presente en las morgues y centros médicos, brindando soporte emocional a quienes deben enfrentar el reconocimiento de los cuerpos de Sandro, María Alejandra, Leydy Yuliet, Leonor, Jair y Sara Salcedo Vergara.
Mientras tanto, en el ámbito legal, la empresa de transportes se encuentra bajo la lupa. Se espera que los registros del GPS y los testimonios de las personas sobrevivientes arrojen luz sobre por qué un trayecto rutinario terminó en esta masacre vial. Por ahora, Ibagué permanece en alerta, no solo por la evolución de los heridos en la UCI, sino por la profunda tristeza de ser el escenario donde seis historias de vida llegaron a su fin de manera violenta e inesperada.




