Réplicas del terremoto de 7,4 en Colombia podrían prolongarse durante años: esto explica el SGC

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Las réplicas del terremoto de magnitud 7,4 que golpeó a Colombia el pasado 10 de agosto podrían continuar durante un periodo mucho más prolongado de lo que inicialmente podría esperarse. De acuerdo con el Servicio Geológico Colombiano (SGC), estos movimientos posteriores pueden presentarse durante días, semanas, meses e incluso años, aunque lo habitual es que su frecuencia y magnitud disminuyan progresivamente.

La advertencia fue explicada por Freddy Tovar, coordinador de la Red Sismológica Nacional de Colombia, en declaraciones a la agencia EFE. El especialista señaló que, después de un terremoto de gran magnitud, es normal que se produzca un periodo de actividad sísmica elevada debido al reajuste de los esfuerzos geológicos liberados o redistribuidos durante el evento principal.

Sin embargo, el panorama posterior al terremoto del 10 de agosto tiene una particularidad: no todos los sismos registrados en la región corresponden necesariamente a réplicas del gran movimiento. El SGC ha identificado diferentes comportamientos sísmicos en Chocó y, posteriormente, una secuencia de movimientos en Chaparral, Tolima, que son objeto de seguimiento científico.

El terremoto de magnitud 7,4 que cambió la actividad sísmica de la región

El terremoto ocurrió el 10 de agosto de 2026 a las 7:34 de la mañana, con epicentro en el municipio de San José del Palmar, en el departamento del Chocó. El SGC estableció inicialmente una magnitud de 7,4 y una profundidad cercana a los 103 kilómetros.

La entidad señaló que se trató del evento sísmico de mayor magnitud registrado en Colombia durante el siglo XXI. Su intensidad hizo que fuera sentido en amplias zonas del país y también en países vecinos como Venezuela, Ecuador y Panamá.

El origen del fenómeno está relacionado con la dinámica tectónica del Pacífico colombiano. En esta región, la placa de Nazca se introduce por debajo de la placa Sudamericana, un proceso conocido como subducción, que acumula y libera enormes cantidades de energía.

Según los análisis del SGC, el terremoto produjo una ruptura de aproximadamente 120 kilómetros dentro de la placa de Nazca. La magnitud del evento explica por qué el movimiento pudo sentirse a cientos de kilómetros del epicentro, a pesar de que ocurrió a una profundidad considerable.

El SGC explicó desde las primeras horas posteriores al terremoto que era probable que continuaran produciéndose réplicas. En el reporte inicial, la entidad había registrado 18 movimientos posteriores, con magnitudes de entre 1,4 y 4,8.

¿Por qué un terremoto puede generar réplicas durante tanto tiempo?

Una réplica es un movimiento sísmico que ocurre después de un terremoto principal y que está relacionado con el proceso de reajuste de la zona afectada.

Cuando ocurre un terremoto de gran magnitud, las rocas y estructuras geológicas involucradas experimentan cambios importantes en las fuerzas que actúan sobre ellas. El terremoto libera una enorme cantidad de energía, pero el sistema geológico no necesariamente alcanza un nuevo equilibrio de manera inmediata.

Por esa razón, pueden producirse nuevos movimientos mientras las estructuras subterráneas se reajustan.

El comportamiento habitual consiste en que las réplicas sean inicialmente más frecuentes y que, con el paso del tiempo, disminuyan tanto en número como en magnitud. Eso significa que decir que las réplicas podrían durar años no significa que Colombia vaya a experimentar durante años una sucesión de terremotos de magnitud similar al 7,4.

Lo que puede prolongarse es la secuencia de movimientos sísmicos, que tiende a hacerse menos frecuente conforme pasa el tiempo. Freddy Tovar explicó precisamente que, después de un gran terremoto, suele observarse un pico de actividad que posteriormente disminuye de manera progresiva.

El SGC encontró más de 1.300 sismos después del terremoto

El seguimiento realizado por la Red Sismológica Nacional permitió observar que la actividad posterior al terremoto no era uniforme.

En Chocó, el SGC contabilizó 1.340 sismos hasta el 31 de agosto, con magnitudes locales entre 0,6 y 4,8 y profundidades de hasta 120 kilómetros. El análisis de su ubicación, profundidad y evolución permitió separar los movimientos en dos grupos con características diferentes.

El primero corresponde a una secuencia compatible con réplicas y se concentra alrededor de San José del Palmar, aproximadamente entre los 70 y 105 kilómetros de profundidad.

La frecuencia de estos eventos fue mayor inmediatamente después del terremoto principal y posteriormente comenzó a disminuir, un comportamiento que coincide con el patrón esperado para una secuencia de réplicas.

Entre las réplicas de mayor magnitud identificadas por el SGC estuvieron una de magnitud 4,8 ocurrida el mismo 10 de agosto y otra de 4,3 registrada el 13 de agosto.

No todos los sismos posteriores son réplicas

Este es uno de los aspectos más importantes para entender la situación actual.

El SGC detectó otro conjunto de movimientos en sectores como Sipí, Istmina, Medio San Juan y el Litoral del San Juan, a profundidades aproximadamente entre 30 y 60 kilómetros.

Su comportamiento no corresponde exactamente al de una secuencia clásica de réplicas. Por ello, los científicos lo clasificaron como un fenómeno compatible con un enjambre sísmico.

En un enjambre sísmico no necesariamente existe un único terremoto principal claramente dominante. Los movimientos pueden tener magnitudes diferentes y presentar una frecuencia variable, sin seguir necesariamente la disminución progresiva característica de las réplicas.

El SGC ha señalado que todavía estudia las causas de este comportamiento y que no existe una conclusión definitiva que permita establecer que todos estos movimientos sean una consecuencia directa del terremoto del 10 de agosto.

¿El terremoto de agosto provocó el enjambre sísmico?

Una de las hipótesis que analiza el SGC es que el terremoto de magnitud 7,4 pudo haber modificado el estado de esfuerzos en distintas zonas geológicas.

En términos sencillos, una gran ruptura subterránea puede modificar la distribución de las fuerzas que actúan sobre las rocas. Esto podría facilitar que algunas estructuras que ya se encontraban sometidas a tensión alcanzaran las condiciones necesarias para producir nuevos movimientos.

No obstante, el organismo ha sido enfático en señalar que esta explicación continúa siendo una hipótesis.

Otra posibilidad estudiada es la participación de fluidos provenientes de la placa que se encuentra en proceso de subducción. Bajo determinadas condiciones, estos fluidos podrían contribuir a favorecer movimientos sísmicos en zonas más superficiales.

Por ahora, los investigadores no han establecido un único mecanismo que explique completamente la actividad observada.

La situación en Chaparral también está bajo vigilancia

La actividad sísmica posterior al terremoto no se limita al departamento del Chocó.

El SGC también ha estudiado una secuencia de movimientos en Chaparral, Tolima, que comenzó el 20 de septiembre y presenta características diferentes a las réplicas profundas asociadas al terremoto de agosto.

Los movimientos de Chaparral son mucho más superficiales, con profundidades inferiores a 30 kilómetros. Esa característica ayuda a explicar por qué algunos sismos relativamente moderados pueden sentirse con claridad entre la población.

Para finales de septiembre, se habían localizado allí al menos 1.046 sismos de magnitud igual o superior a 2,0, de los cuales 23 alcanzaron magnitudes iguales o superiores a 4,0. Uno de los eventos destacados alcanzó magnitud 4,2 el 28 de septiembre.

El SGC continúa analizando si existe alguna relación entre esta secuencia y las modificaciones de los esfuerzos geológicos producidas por el terremoto de agosto. De momento, no existe evidencia suficiente para afirmar que se trate directamente de réplicas del terremoto de magnitud 7,4.

La actividad sísmica ha comenzado a disminuir

Aunque la posibilidad de que las réplicas continúen durante meses o incluso años puede generar preocupación, el comportamiento observado hasta ahora contiene un elemento importante: la actividad asociada a las réplicas ha mostrado una disminución progresiva.

A finales de septiembre, los registros del SGC mostraban que la recurrencia de los sismos en las zonas estudiadas de Chocó y Tolima había disminuido.

En el caso de las réplicas relacionadas con el terremoto principal, se habían localizado 333 eventos, y la actividad continuaba reduciéndose tanto en frecuencia como en magnitud.

Esto coincide con el comportamiento esperado después de un terremoto de gran magnitud.

Por lo tanto, la advertencia sobre una posible duración de años debe interpretarse correctamente: que puedan existir réplicas durante años no implica que la intensidad de la actividad vaya a mantenerse al mismo nivel durante todo ese periodo.

¿Significa esto que viene otro terremoto grande?

No.

El hecho de que continúen registrándose réplicas o exista un enjambre sísmico no permite predecir que ocurrirá un nuevo terremoto de gran magnitud.

El propio SGC ha señalado que la presencia de un enjambre no permite determinar si ocurrirá otro terremoto, cuándo sucedería ni cuál sería su magnitud. Estos fenómenos pueden durar días, semanas o meses y posteriormente disminuir o desaparecer.

Además, la ciencia actualmente no dispone de un método comprobado que permita predecir con exactitud cuándo y dónde ocurrirá un terremoto.

Por esta razón, una secuencia de movimientos sísmicos debe entenderse como un fenómeno que requiere monitoreo y preparación, no como una señal inequívoca de que se aproxima un terremoto mayor.

Colombia es un país con alta actividad sísmica

La situación también debe entenderse dentro de las características geológicas del territorio colombiano.

Colombia se encuentra en una zona donde interactúan las placas de Nazca, Sudamericana y Caribe, además de contar con numerosas fallas geológicas activas.

Esto hace que los sismos sean frecuentes. La mayoría tienen magnitudes pequeñas y ocurren a profundidades o en lugares donde no son percibidos por la población.

El terremoto del 10 de agosto fue excepcional por su magnitud y por sus efectos. El SGC recordó que la región del Pacífico colombiano tiene antecedentes de grandes terremotos, entre ellos el ocurrido el 23 de noviembre de 1979, de magnitud 7,2.

La historia sísmica del país también incluye eventos como el terremoto de Popayán de 1983 y el terremoto de Armenia de 1999, además del gran terremoto de Tumaco de 1906.

La importancia de prepararse para las réplicas

La advertencia de que pueden continuar los movimientos sísmicos durante un periodo prolongado también tiene implicaciones para las zonas que sufrieron daños.

Después de un terremoto, una edificación que quedó debilitada puede ser especialmente vulnerable ante nuevos movimientos, incluso si estos son considerablemente menores que el terremoto original.

Por eso, las autoridades recomiendan evitar ingresar a estructuras que hayan sido declaradas inseguras y mantenerse atentos a las evaluaciones realizadas por organismos especializados.

El SGC también recomienda adoptar medidas preventivas como asegurar muebles y objetos que puedan caer, identificar lugares seguros dentro de la vivienda, establecer puntos de encuentro familiares y conocer las rutas de evacuación.

La información oficial es especialmente importante durante periodos de elevada actividad sísmica, debido a que las redes sociales pueden propagar interpretaciones sin respaldo científico sobre supuestos terremotos futuros.

Un proceso que continuará bajo vigilancia científica

El terremoto de magnitud 7,4 no terminó con el movimiento registrado el 10 de agosto. Su secuencia posterior continúa siendo objeto de observación por parte de la Red Sismológica Nacional de Colombia.

El SGC mantiene un monitoreo permanente de la actividad sísmica y analiza tanto la frecuencia como la profundidad, ubicación y magnitud de los eventos registrados.

La principal conclusión hasta ahora es que las réplicas pueden prolongarse durante un periodo extenso, pero normalmente disminuyen con el paso del tiempo. Al mismo tiempo, los científicos deben diferenciar cuidadosamente las réplicas de otros fenómenos, como los enjambres sísmicos, antes de establecer una relación entre ellos.

Así, la posibilidad de que algunas réplicas duren meses o incluso años no debe interpretarse como una predicción de nuevos terremotos devastadores. Es, sobre todo, una explicación científica de cómo puede evolucionar una zona después de liberar una cantidad extraordinaria de energía.

Una precisión importante sobre la información

La afirmación de que las réplicas podrían durar “días, semanas, meses, incluso años” proviene de declaraciones de Freddy Tovar, coordinador de la Red Sismológica Nacional del SGC, difundidas por EFE el 29 de septiembre y publicadas nuevamente el 1 de octubre de 2026. No encontré evidencia de que esa frase corresponda literalmente a un nuevo estudio científico publicado por el SGC. Lo que sí existe son comunicados y análisis técnicos oficiales del Servicio Geológico Colombiano sobre la evolución de la actividad sísmica posterior al terremoto.

Esa distinción es importante para que la nota sea rigurosa: el SGC sí respalda científicamente que las secuencias de réplicas pueden prolongarse durante meses o años, pero la noticia reciente procede de las declaraciones de su coordinador y de los análisis de la Red Sismológica Nacional, no de la publicación de un nuevo estudio académico con esa frase como conclusión.


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