La quebrada Avichente, ubicada en el oriente de Neiva, atraviesa una de sus peores crisis ambientales. A lo largo de su cauce, desde el barrio La Rioja hasta el barrio El Tesoro, se han acumulado desechos de construcción, convirtiéndola en una escombrera a cielo abierto. Esta situación, que no es nueva, ha sido denunciada por ambientalistas desde hace más de una década, sin que se hayan tomado medidas estructurales que frenen su deterioro.
Un ecosistema ahogado
El secretario de Medio Ambiente de Neiva, Andrés Felipe Buitrago Vargas, expresó su preocupación ante esta problemática que pone en riesgo uno de los cuerpos hídricos urbanos más importantes de la ciudad. “Estamos recibiendo denuncias reiteradas sobre el mal manejo de escombros en esta zona. Es urgente hacer un llamado a la comunidad, a las constructoras y a las autoridades competentes para detener esta conducta irresponsable que afecta nuestros recursos naturales”, manifestó el funcionario.
Buitrago señaló que se están adelantando acciones de verificación ambiental y se ha articulado un plan con la Policía Ambiental y el DAGMA para identificar a los responsables de estos vertimientos ilegales.
La quebrada Avichente no solo es un elemento del paisaje urbano, sino un ecosistema fundamental que sirve como corredor biológico, ayuda a la regulación térmica del entorno y drena las aguas lluvias. Su degradación afecta directamente a las comunidades vecinas, pues aumenta el riesgo de inundaciones, genera malos olores y deteriora la calidad del aire y del suelo.
Habitantes del sector denuncian que durante la noche y en las madrugadas, camiones descargan escombros sin control. “Uno se levanta y ve que la quebrada tiene más piedras, cemento, hasta muebles viejos. Esto no puede seguir así”, relató Ana María Rodríguez, residente del barrio El Tesoro.




